10/21/2007
LA TÁNGANA DE SANTA CLARA
2007-10-21.
Benito Key, Periodista Independiente, Cubanacán Press
21 de Octubre. Santa Clara, Cuba.– Desde las 6:00 de la mañana de aquel 24 de septiembre de 2007, cerca de 15 opositores de las cubanas provincias de Camagüey, Ciudad Habana y Villa Clara, se fueron caminando los tres kilómetros que separan al reparto Virginia, en Santa Clara, de la puerta principal de la cárcel el “Pre Tensado”. Unos pocos vehículos de la policía política los siguieron.
El sol fue saliendo poco a poco de entre las nubes, y dejó ver el día en su esplendor.
Otros visitantes arribaron a la entrada de la oficialmente nombrada prisión de Jóvenes de Villa Clara. Eran familiares ansiosos por acceder a la visita correspondiente. Un trío de parientes de Carlos Luis Díaz Fernández, miembro del Partido Pedro Luis Boitel, estaban ahí presentes.
Ya a las 9 de la mañana entraban los visitantes ansiosos por conversar con sus enrejados familiares. Todos iban con varias jabas con comida, para reforzar la diminuta alimentación de la penitenciaría. En el exterior pululaban los conocidos para-policiales. Se movían en ómnibus de la Empresa de Transportes Escolares.
Se terminó la visita a las 11 de la mañana. Marilyn Díaz Fernández, Lázaro González Adams y Elsy, hermana, cuñado y esposa respectivamente, estaban sumamente indignados con las autoridades, pues durante la visita, tanto los oficiales de la policía política como los carcelaros, no garantizaron el cese de las golpizas a Carlos Luis, en la zona de castigo, área de seguridad incrementada.
Lázaro González Adán pidió a los disidentes presentes que lo respaldasen para realizar una protesta pública, si no pronto su cuñado resultaría muerto dentro de aquella ergástula. El camagüeyano sugirió hacerla al frente de la propia penitenciaría. El villaclareño Guillermo Fariñas Hernández sugirió que no fuese ahí, porque el lugar era poco habitado y no tendría repercusión social. González, se dejó convencer.
Anduvieron a pie el camino de regreso y desembocaron a la carretera central al oeste de la capital de Villa Clara. Se observaba un fuerte operativo policial de por lo menos 5 carros patrulleros y el pequeño bus de la brigada especial antimotines del la Policía Nacional Revolucionaria del territorio central del archipiélago. Llegaron hasta el frente de la terminal de ómnibus nacionales.
Tomaron seis carretones tirados por caballos, el medio de trasporte más seguro y barato en las poblaciones del interior del país. Los luchadores pro-democráticos en esos momentos eran ya 42. Sólo González y Fariñas sabían hacia donde se dirigían. El no divulgado objetivo lo constituía la emisora provincial de radio CMHW, enclavada en el populoso parque Leoncio Vidal
Los cortes tirados por equinos tomaron por la carretera central, después bordearon la plaza de la revolución Ernesto “Che” Guevara, incorporándose a la arteria Rafael Tristao. Los autos, autobuses y llamativas motos Suzuki de los órganos represivos perseguían a la improvisada caravana. Finalmente los defensores de los Derechos Humanos se bajaron en la esquina de Juan Bruno Sayas y Rafael Tristao.
Agrupados, entraron al parque Vidal, pues temían ser atacados de un momento a otro. Al vestíbulo de la radio emisora entraron Lázaro, Marilyn y Elsy. Estos preguntaron si ahí se trasmitían noticias de los abusos en las cárceles estadounidenses Abu Ghraib, en Iraq y en la Base Naval de Guantánamo. Le respondieron afirmativamente y cuestionaron, qué necesitaban.
Los agramontinos les expresaron a los comentadores de la prensa oficialista, que no necesitaban ir tan lejos para demostrar los maltratos dentro de las prisiones. Un familiar suyo, con 15 años dentro de las cárceles del gobierno, era apaleado sistemáticamente a sólo pocos kilómetros de esa emisora. Que si el compromiso de ellos era con la verdad, que por favor lo divulgaran.
Los otros 39 opositores no violentos, miraban desde la acera al cruzar la calle las gesticulaciones entre demandantes y demandados. Las gesticulaciones se fueron haciendo más hostiles. Se pudo ver como ambas partes se hablaban a gritos. De pronto los miembros del cuerpo de protección y seguridad de la estación radial expulsaron a empujones a la triada de familiares. Fue entonces que decidieron sentarse en medio de la calle, como manera pacífica de exigirle a esa emisora de radio, la divulgación de toda la verdad y no sólo la parte conveniente del régimen.
Los habitantes de la ciudad de la benefactora Marta Abreu miraban aquel modo de protesta con asombro, miedo y admiración. Se pellizcaban y no lo podían creer.
En esta posición fueron rodeados por los movilizados integrantes de las paramilitares brigadas de respuesta rápida. Comenzó un increíble debate entre ideologías y políticas antagónicas. La discusión duró aproximadamente una hora. Cuando los seguidores del poder se percataron de que la discusión retórica favorecía a los oponentes, los uniformados intervinieron.
Se presentaron con sus uniformes y respectivos grados el coronel Carlos Gutiérrez Cortes, jefe de la Dirección General de la Contrainteligencia del Ministerio del Interior de Villa Clara, acompañado del teniente coronel Rubén González, jefe del grupo multidisciplinario de la Dirección General de la Contrainteligencia en ese territorio. Vinieron a negociar la salida de los disidentes del lugar. La respuesta a los dirigentes represivos fue civilista: sólo saldrían de allí arrestados.
Las órdenes fueron impartidas con prontitud y a los pacifistas protestantes se les inmovilizó, y a la fuerza eran montados en ómnibus de trasportes escolares, para después conducirlos, en calidad de detenidos, hacia la sede de la institución penal provincial. Ahí esperaban varios ómnibus marca Girón. Estos vehículos darían sendos viajes hasta las provincias de Camagüey y Ciudad de La Habana. Los opositores villaclareños fueron conducidos a sus domicilios, cual detenidos en autos Lada.
Como expresó el veterano opositor Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco, “si en el Machadato lo ocurrido era una tángana, esta fue, la tángana de Santa Clara”.
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