René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
En las homilías y discursos pronunciados durante su reciente visita a Cuba, el papa Benedicto XVI habló de temas que tienen evidente actualidad en la Isla. En las circunstancias de hoy, la mera alusión a la necesidad de realizar cambios y respetar las libertades fundamentales puede ser valorada como una verdadera mención de la soga en casa del ahorcado.
Por supuesto, esas insinuaciones fueron hechas en forma general, abstracta si se quiere, como lo aconsejan el protocolo, la diplomacia, la buena educación y la investidura mundial del orador. Pero a los que critican lo que ellos califican como supuesto pecado de omisión del Sumo Pontífice —al no haber sido más específico y tajante en sus críticas—, olvidan el preludio de su viaje.
Cuando Benedicto XVI volaba hacia México, primera escala de su gira latinoamericana, hizo declaraciones a la prensa sobre la inviabilidad del marxismo en Cuba y la disposición de la Iglesia a colaborar para encontrar una salida sin traumas a la aplicación de esa obsoleta doctrina. ¿Quieren sus detractores un pronunciamiento más claro, actual y específico!
En ese contexto, lo más curioso de todo fue la respuesta del gobierno castrista. El Ministro de Relaciones Exteriores, contestando a dos periodistas, trató de replicar a las declaraciones del Santo Padre. Las manifestaciones del primer diplomático cubano, pese a lo previsible de las preguntas y a sus habilidades expositivas (que buena falta le hacen, dado el régimen que defiende), resultaron poco convincentes.
El señor Rodríguez Parrilla habló de respeto hacia las opiniones de otros (¡él, que representa a un sistema que si por algo se caracteriza, es justamente por la irreverencia y el atropello a todos sus conciudadanos que discrepan!), así como a la disposición de escuchar con atención lo que tuviese que decir el Jefe de la Iglesia Católica.
En una conversación sobre este tema, mi compañero del Grupo de los Cuatro, el profesor Félix Antonio Bonne Carcassés, me recordaba unas estrofas del poeta costumbrista de ascendencia africana (y también europea y asiática, ya que tocamos ese tema) Emilio Ballagas:
¿Tú no eras negro de navajazo?
¿Tú no eras negro guapo verdá?
¡Pues te espantaron tus dos galletas
Y te quedaste como si ná!
El gobierno castrista encajó la bofetada —una sola, pero bien enérgica— propinada por el Papa justo antes de viajar a Cuba. ¡Como cambian los tiempos! ¿Se imaginan cómo hubiese actuado Fidel Castro si durante la “era feliz” del mantengo soviético a algún sucesor de San Pedro se le hubiese ocurrido declarar algo semejante!
Pero reacción del gobierno cubano sí la hubo. De manera análoga a un bravucón de barrio, que imita al personaje del poema de Ballagas cuando alguien más poderoso lo ataca, y para restablecer su reputación erosionada se desquita de inmediato con el primer infeliz que le cae delante; así también las autoridades castristas, después que el Papa cuestionó públicamente el fundamento teórico de su obsoleto sistema en vísperas de su viaje, arremetieron contra sus súbditos más desvalidos.
Se extrajo de las calles a miles de pordioseros, cientos de opositores pacíficos fueron arrestados y a muchos más se les privó del servicio telefónico. Cabe suponer que Benedicto XVI, en las conversaciones privadas con Raúl Castro, planteara su inquietud sobre la oleada represiva. Al menos así lo sugieren las palabras del General Presidente en la despedida al visitante, pues ellas tenían las características de una respuesta.
Las autoridades eclesiásticas nacionales han tenido a bien no pronunciarse de manera pública sobre esa arremetida contra los disidentes y otros ciudadanos. Cabe pensar que los prelados cubanos consideren que, por razones tácticas, la Iglesia no deba pronunciarse al respecto. ¿Pero tampoco tienen que ver con las veintenas de fieles católicos a los que se les impidió manu militari asistir a las misas papales?
La Habana, 9 de abril de 2012
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4/12/2012
4/09/2012
UNA INJUSTICIA MÁS
Acabo de conocer otra injusticia más de los tribunales cubanos: la sufrida por el holguinero Jaime Roberto Serrano Díaz, quien desde hace ocho años extingue en la cárcel de Boniato una sanción de veinticinco por un supuesto asesinato.
La sentencia dictada por el Tribunal Provincial de Santiago de Cuba es digna de ser leída. Se plantea que el acusado, administrador de una cafetería, concibió el propósito de matar a un subordinado por la actuación indisciplinada de éste. No se explica por qué habría de llegar a ese extremo, cuando, en su condición de jefe, podría haberle aplicado sanciones laborales.
Se afirma que tras tomar un tubo metálico, Serrano, “con toda la intensidad de su fuerza le descargó dos fuertes tubazos por la cabeza” a la supuesta víctima. La sentencia no explica qué lesiones (si es que alguna) ocasionó esa acometida en el cerebro, cráneo y cuero cabelludo del perjudicado. Esto posee importancia, máxime cuando el primer profesional que examinó el cadáver dictaminó, como causa de la muerte,… ¡“infarto del miocardio”!
Tampoco se aclara qué efectos tuvo el supuesto ataque en la persona y ropas del propio Serrano. El Tribunal ordenó la devolución al acusado de las prendas que vestía, pero no precisa si fueron sometidas a peritaje para precisar si había o no en ellas impactos de sangre a alta velocidad, como los que sin falta habrían tenido que producirse si los hechos en verdad ocurrieron según la “historia oficial”.
La sentencia insiste en dos pruebas circunstanciales: un pelo del acusado hallado en la pulsera del muerto y rastros de olor suyo en el mencionado tubo, según la opinión de un perro. Ambas carecen de solidez: como Serrano trabajaba en el lugar y había hablado con su subordinado minutos antes, ninguno de esos dos indicios acredita nada. Además, la pulsera fue entregada de inicio a la esposa del interesado; sólo días más tarde, ya bien contaminada, fue sometida a peritaje.
Pese a que los hechos ocurrieron en 2004, al dichoso pelo no le hicieron un examen de ADN: una corte revolucionaria no está para esas exquisiteces. Sólo se determinó que pertenecía al grupo O, que es el mismo del muerto y se decía que era también el del acusado. Después se ha aclarado que este último tiene sangre tipo A…
Pero el plato fuerte de la tesis de defensa esgrimida ahora es la detención y el posterior encarcelamiento del instructor y el fiscal actuantes en el caso: el mayor David y el licenciado Sixto Cobas de la Rosa, por un delito de cohecho continuado.
Eran, como tantos otros en Cuba, funcionarios corruptos. Expresa el inculpado que, al conocer al entonces fiscal Sixto, éste le planteó con el mayor desparpajo: “Vamos a negociar tus años”. En definitiva, le propuso lo que para un culpable habría sido un negocio redondo: mil pesos cubanos por cada año de prisión pedido. Yo, que he sido inquilino de las cárceles castristas, sé que se trata de una verdadera ganga.
Dada la sanción solicitada, Serrano habría tenido que dar treinta mil pesos; el equivalente de unos mil doscientos dólares, suma que —desde luego— en nuestra Cubita bella está al alcance del administrador de una cafetería. Sólo que el acusado, como es inocente, consideró que no tenía que entregar esa cantidad, pues confiaba en que el Tribunal Provincial lo absolvería por falta de evidencias.
Desde luego, los integrantes de este último órgano, al momento del juicio, no tenían por fuerza que saber de la escandalosa corrupción del instructor y el fiscal actuantes. Ellos se limitaron a sancionar a Serrano sin que hubiese pruebas serias de su culpabilidad. A quienes sí les consta ese cohecho es a la Ministra de Justicia, el Presidente del Tribunal Supremo y el Fiscal General de la República, que, pese a ello, han rechazado las solicitudes de revisión presentadas en favor del acusado.
Lo más curioso del caso es que, en el juicio del fiscal Sixto comparecieron como testigos Serrano Díaz y sus hermanos, y la escandalosa exigencia hecha a ellos por ese funcionario fue tomada en cuenta al momento de sancionar a éste por cohecho, pero no a los efectos de anular la injusta pena impuesta a Jaime Roberto.
Cuando veo barbaridades como ésta, me consuelo de mi arbitraria expulsión de los bufetes colectivos hace ya diecisiete años. Gracias a ella me he ahorrado tener que constatar de manera sistemática las arbitrariedades que a diario cometen los tribunales castristas con cubanos y extranjeros.
La Habana, 4 de abril de 2012
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
La sentencia dictada por el Tribunal Provincial de Santiago de Cuba es digna de ser leída. Se plantea que el acusado, administrador de una cafetería, concibió el propósito de matar a un subordinado por la actuación indisciplinada de éste. No se explica por qué habría de llegar a ese extremo, cuando, en su condición de jefe, podría haberle aplicado sanciones laborales.
Se afirma que tras tomar un tubo metálico, Serrano, “con toda la intensidad de su fuerza le descargó dos fuertes tubazos por la cabeza” a la supuesta víctima. La sentencia no explica qué lesiones (si es que alguna) ocasionó esa acometida en el cerebro, cráneo y cuero cabelludo del perjudicado. Esto posee importancia, máxime cuando el primer profesional que examinó el cadáver dictaminó, como causa de la muerte,… ¡“infarto del miocardio”!
Tampoco se aclara qué efectos tuvo el supuesto ataque en la persona y ropas del propio Serrano. El Tribunal ordenó la devolución al acusado de las prendas que vestía, pero no precisa si fueron sometidas a peritaje para precisar si había o no en ellas impactos de sangre a alta velocidad, como los que sin falta habrían tenido que producirse si los hechos en verdad ocurrieron según la “historia oficial”.
La sentencia insiste en dos pruebas circunstanciales: un pelo del acusado hallado en la pulsera del muerto y rastros de olor suyo en el mencionado tubo, según la opinión de un perro. Ambas carecen de solidez: como Serrano trabajaba en el lugar y había hablado con su subordinado minutos antes, ninguno de esos dos indicios acredita nada. Además, la pulsera fue entregada de inicio a la esposa del interesado; sólo días más tarde, ya bien contaminada, fue sometida a peritaje.
Pese a que los hechos ocurrieron en 2004, al dichoso pelo no le hicieron un examen de ADN: una corte revolucionaria no está para esas exquisiteces. Sólo se determinó que pertenecía al grupo O, que es el mismo del muerto y se decía que era también el del acusado. Después se ha aclarado que este último tiene sangre tipo A…
Pero el plato fuerte de la tesis de defensa esgrimida ahora es la detención y el posterior encarcelamiento del instructor y el fiscal actuantes en el caso: el mayor David y el licenciado Sixto Cobas de la Rosa, por un delito de cohecho continuado.
Eran, como tantos otros en Cuba, funcionarios corruptos. Expresa el inculpado que, al conocer al entonces fiscal Sixto, éste le planteó con el mayor desparpajo: “Vamos a negociar tus años”. En definitiva, le propuso lo que para un culpable habría sido un negocio redondo: mil pesos cubanos por cada año de prisión pedido. Yo, que he sido inquilino de las cárceles castristas, sé que se trata de una verdadera ganga.
Dada la sanción solicitada, Serrano habría tenido que dar treinta mil pesos; el equivalente de unos mil doscientos dólares, suma que —desde luego— en nuestra Cubita bella está al alcance del administrador de una cafetería. Sólo que el acusado, como es inocente, consideró que no tenía que entregar esa cantidad, pues confiaba en que el Tribunal Provincial lo absolvería por falta de evidencias.
Desde luego, los integrantes de este último órgano, al momento del juicio, no tenían por fuerza que saber de la escandalosa corrupción del instructor y el fiscal actuantes. Ellos se limitaron a sancionar a Serrano sin que hubiese pruebas serias de su culpabilidad. A quienes sí les consta ese cohecho es a la Ministra de Justicia, el Presidente del Tribunal Supremo y el Fiscal General de la República, que, pese a ello, han rechazado las solicitudes de revisión presentadas en favor del acusado.
Lo más curioso del caso es que, en el juicio del fiscal Sixto comparecieron como testigos Serrano Díaz y sus hermanos, y la escandalosa exigencia hecha a ellos por ese funcionario fue tomada en cuenta al momento de sancionar a éste por cohecho, pero no a los efectos de anular la injusta pena impuesta a Jaime Roberto.
Cuando veo barbaridades como ésta, me consuelo de mi arbitraria expulsión de los bufetes colectivos hace ya diecisiete años. Gracias a ella me he ahorrado tener que constatar de manera sistemática las arbitrariedades que a diario cometen los tribunales castristas con cubanos y extranjeros.
La Habana, 4 de abril de 2012
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
10/31/2011
UNOS VAN DELANTE Y OTROS DETRÁS
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Son conocidos los casos de dictadores y tiranos que, tras regir de manera omnímoda, han pasado del poder al cementerio o la cárcel. Desde los años cuarenta del pasado siglo son numerosos los personajes famosos cuyo dominio se ha eclipsado de manera abrupta y humillante para ellos, aunque reconfortante para los demás.
Adolfo Hitler terminó suicidándose, y sus más cercanos colaboradores murieron en el transcurso de un año. Benito Mussolini acabó colgado de los pies en la Plaza de la Catedral de Milán, junto a una víctima de la pasión, su amante Clara Petacci, que no merecía compartir ese destino.
Décadas después, el rumano Nicolae Ceaucescu fue juzgado por un tribunal militar, condenado y ajusticiado apenas horas después de alcanzar lo que parecía la cúspide de su poder: una multitudinaria manifestación de súbditos acoquinados, la cual, en menos de un minuto, se transformó en un mitin de unánime rechazo a su feroz tiranía.
El panameño Manuel Antonio Noriega, gorila de poca monta con ínfulas de líder mundial, lleva más de veinte años en un recorrido por cárceles de distintos países, el cual no parece tener para cuando acabar. Algo parecido, aunque por menos tiempo, pudo decirse del genocida serbio Slobodan Milosevic mientras permaneció con vida.
En esta galería de esperpentos no podía faltar el tirano iraquí Saddam Hussein, que tras engullirse un país independiente y próspero, prometer librar “la madre de todas las batallas” y sufrir varias derrotas ignominiosas, se escondió en una cueva armado con una pistola que prefirió no utilizar. Acabó ahorcado tras un juicio en el que se le probaron innumerables crímenes.
Y ahora tenemos el caso del sátrapa libio Muammar El Gaddafi, quien sin título oficial alguno encabezaba el régimen de matanza y horror felizmente desterrado ahora del país norafricano. Según informaciones de la prensa, fue aprehendido y ultimado después por sus captores.
Habría sido preferible mantenerlo con vida, no sólo para evitar violaciones de la ley y ahorrarnos el espectáculo grotesco de oír hablar de “asesinato”, llenándose la boca, a los mismos locutores gobiernistas de Cuba y Venezuela que jamás han calificado de ese modo las masacres espantosas perpetradas por el personaje, a quien consideraban su aliado.
También —y sobre todo— habría convenido que quedara vivo para que respondiese de sus incontables fechorías en un juicio público ante el Tribunal Penal Internacional. Esto habría permitido que la opinión pública mundial recordase los pormenores de matanzas pavorosas ordenadas por él, como la de cientos de inocentes pasajeros de un avión que volaba sobre Escocia, la de veintenas de parroquianos en una discoteca berlinesa y la de decenas de opositores encarcelados que fueron exterminados a raíz de producirse la reciente sublevación nacional.
Causa asombro la contumacia con que personajes como ésos se niegan a avenirse a posibles soluciones incruentas. Noriega, por ejemplo, fue exhortado en vano durante meses para que cediera el poder a Don Guillermo Endara, el presidente escogido por los panameños en elecciones democráticas, y se marchase a disfrutar en otro país sus millones mal habidos.
Algo parecido puede decirse de los demás abusadores de ese tipo. Esto es de lamentar, y no por el destino de esos personajes, que nada han hecho para merecer la piedad cristiana (o musulmana, o budista, o lo que sea), sino por las innumerables desgracias que su aferramiento al mando supremo ocasiona a sus sufridos pueblos.
En el ínterin, otros tiranos de igual jaez están en cola para enfrentar el juicio de la historia, pero todos, ensoberbecidos con el despotismo que aún ejercen, se consideran inmunes al odio de sus pueblos, y se aferran a sus poltronas con ferocidad de bulldogs. Organizan, en honor de sí mismos, grandes mítines parecidísimos al de Ceaucescu.
En turno están el sirio Bachar El Assad, hijito de papá que no ha vacilado en masacrar a miles de sus compatriotas, y los ayatolas de la teocracia iraní, incluyendo a Mahmud Ahmadineyad, mantenido en la presidencia mediante un escandaloso pucherazo. Otros siguen en la cola, pero por el momento no están claros sus nombres.
Todos coinciden en considerarse imprescindibles; manifiestan una notable solidaridad entre sí, y piensan que sólo la muerte natural hará que salgan del poder. Allá ellos. Eso mismo pensaba Gaddafi.
La Habana, 26 de octubre de 2011.
10/26/2011
UNA CENA EN PALACIO
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Entre 1933 y 1944, Fulgencio Batista influyó de manera determinante en los destinos de Cuba, primero como jefe del Ejército, y después, a partir de 1940, como primer afrodescendiente electo en democracia Presidente de la República, con lo cual nuestro país se adelantó en más de medio siglo a nuestros vecinos norteños. Al término de su mandato constitucional, en la cresta de una impresionante ola de apoyo popular, asumió la jefatura del Estado el doctor Ramón Grau San Martín.
Una de las mayores dificultades que confrontó el nuevo Presidente cuando bajo los efectos de un huracán tomó posesión el 10 de octubre de 1944, fue la existencia de un generalato vinculado al golpe de estado que encabezara Batista. De esas fuerzas siempre cabía esperar presiones inesperadas o incluso un nuevo cuartelazo.
Según me contaron mis mayores, el astuto Grau encontró una solución original. Una noche invitó a los altos oficiales batistianos a una cena en palacio. A la hora de los brindis, agradeció en nombre de la República a los uniformados los “enormes servicios a la Patria” prestados por ellos, y les anunció que, tras tan grandes y sostenidos esfuerzos, había llegado la hora de descansar de su labor castrense, por lo que pasarían de inmediato a retiro.
Y lo que es más: les aclaró que no tenían que molestarse en retornar a sus cuarteles, pues el gobierno, en su gran desvelo, se había ocupado de enviar a personas que en ese mismo momento estaban realizando las mudadas correspondientes, y ya los sustitutos designados habían asumido el mando en sus respectivas unidades…
A partir de aquel momento, la hipotética invitación a una “cena en palacio” se convirtió en tema común de comentarios jocosos, en especial cuando sobre la persona aludida pendía la amenaza de una intempestiva remoción del cargo que ocupaba.
Este recuerdo del pasado viene al caso mientras pasan las semanas sin que se conozca el nombre del general que reemplazará al difunto Julio Casas Regueiro al frente de las Fuerzas Armadas cubanas.
Tras unas honras fúnebres que parecieron exceder en mucho la verdadera importancia del papel desempeñado por el finado dentro del proceso iniciado en nuestra Patria hace cincuenta y ocho años, pasan las semanas sin que se conozca el nombre del que, en buen argot político mexicano del pasado siglo, deberíamos llamar “El Tapado”.
Bajo la “dictadura perfecta” del PRI, ése era el feliz mortal que el mandón en funciones, en la soledad de sus pensamientos, decidía respaldar en sus aspiraciones a la presidencia, con lo cual quedaba virtualmente asegurada su nominación como candidato del partido de gobierno, lo que a su vez implicaba su elección para ese alto cargo.
Algo parecido sucede en Cuba hoy: nadie duda que el hombre a quien Raúl Castro, por sí y ante sí, escoja para ocupar el cargo de Ministro de las FAR será quien desempeñe esas funciones, las que —por supuesto— son importantes en cualquier país, pero especialmente en uno sometido a un régimen militar totalitario como el nuestro.
Mas no resulta fácil hacer una selección: son varios los generales de cuerpo de ejército que se sienten con merecimientos suficientes para ser el afortunado. Ninguno de ellos tiene los antecedentes de Julio Casas, quien como encargado de la retaguardia, distribuyó mansiones y otras muchas prebendas entre la alta cúpula castrense, con lo cual —como es natural— se granjeó el agradecimiento y la simpatía de sus colegas, lo que facilitó la aceptación de su nombramiento.
A menos que el general de ejército Raúl Castro decida simultanear la Presidencia que hoy ejerce con la reasunción del cargo de Ministro de las FAR (opción que no cabe despreciar a priori), entonces debemos concluir que la selección que tendrá que hacer más tarde o temprano no le resultará provechosa: Uno le quedará muy agradecido, pero varios más se sentirán injustamente preteridos.
Por eso, si yo fuese alguno de los actuales generales de cuerpo de ejército cubanos, me sentiría preocupado si me invitaran a una cena en palacio.
La Habana, 17 de octubre de 2011
Abogado y periodista independiente
Entre 1933 y 1944, Fulgencio Batista influyó de manera determinante en los destinos de Cuba, primero como jefe del Ejército, y después, a partir de 1940, como primer afrodescendiente electo en democracia Presidente de la República, con lo cual nuestro país se adelantó en más de medio siglo a nuestros vecinos norteños. Al término de su mandato constitucional, en la cresta de una impresionante ola de apoyo popular, asumió la jefatura del Estado el doctor Ramón Grau San Martín.
Una de las mayores dificultades que confrontó el nuevo Presidente cuando bajo los efectos de un huracán tomó posesión el 10 de octubre de 1944, fue la existencia de un generalato vinculado al golpe de estado que encabezara Batista. De esas fuerzas siempre cabía esperar presiones inesperadas o incluso un nuevo cuartelazo.
Según me contaron mis mayores, el astuto Grau encontró una solución original. Una noche invitó a los altos oficiales batistianos a una cena en palacio. A la hora de los brindis, agradeció en nombre de la República a los uniformados los “enormes servicios a la Patria” prestados por ellos, y les anunció que, tras tan grandes y sostenidos esfuerzos, había llegado la hora de descansar de su labor castrense, por lo que pasarían de inmediato a retiro.
Y lo que es más: les aclaró que no tenían que molestarse en retornar a sus cuarteles, pues el gobierno, en su gran desvelo, se había ocupado de enviar a personas que en ese mismo momento estaban realizando las mudadas correspondientes, y ya los sustitutos designados habían asumido el mando en sus respectivas unidades…
A partir de aquel momento, la hipotética invitación a una “cena en palacio” se convirtió en tema común de comentarios jocosos, en especial cuando sobre la persona aludida pendía la amenaza de una intempestiva remoción del cargo que ocupaba.
Este recuerdo del pasado viene al caso mientras pasan las semanas sin que se conozca el nombre del general que reemplazará al difunto Julio Casas Regueiro al frente de las Fuerzas Armadas cubanas.
Tras unas honras fúnebres que parecieron exceder en mucho la verdadera importancia del papel desempeñado por el finado dentro del proceso iniciado en nuestra Patria hace cincuenta y ocho años, pasan las semanas sin que se conozca el nombre del que, en buen argot político mexicano del pasado siglo, deberíamos llamar “El Tapado”.
Bajo la “dictadura perfecta” del PRI, ése era el feliz mortal que el mandón en funciones, en la soledad de sus pensamientos, decidía respaldar en sus aspiraciones a la presidencia, con lo cual quedaba virtualmente asegurada su nominación como candidato del partido de gobierno, lo que a su vez implicaba su elección para ese alto cargo.
Algo parecido sucede en Cuba hoy: nadie duda que el hombre a quien Raúl Castro, por sí y ante sí, escoja para ocupar el cargo de Ministro de las FAR será quien desempeñe esas funciones, las que —por supuesto— son importantes en cualquier país, pero especialmente en uno sometido a un régimen militar totalitario como el nuestro.
Mas no resulta fácil hacer una selección: son varios los generales de cuerpo de ejército que se sienten con merecimientos suficientes para ser el afortunado. Ninguno de ellos tiene los antecedentes de Julio Casas, quien como encargado de la retaguardia, distribuyó mansiones y otras muchas prebendas entre la alta cúpula castrense, con lo cual —como es natural— se granjeó el agradecimiento y la simpatía de sus colegas, lo que facilitó la aceptación de su nombramiento.
A menos que el general de ejército Raúl Castro decida simultanear la Presidencia que hoy ejerce con la reasunción del cargo de Ministro de las FAR (opción que no cabe despreciar a priori), entonces debemos concluir que la selección que tendrá que hacer más tarde o temprano no le resultará provechosa: Uno le quedará muy agradecido, pero varios más se sentirán injustamente preteridos.
Por eso, si yo fuese alguno de los actuales generales de cuerpo de ejército cubanos, me sentiría preocupado si me invitaran a una cena en palacio.
La Habana, 17 de octubre de 2011
10/19/2011
TERRORISMO Y MACHISMO RAMPLÓN
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Al comenzar el mes, la propaganda castrista hizo énfasis en lo que ella misma denomina “ataques terroristas contra Cuba”. Las conmemoraciones culminaron el 6 de octubre, fecha que un año atrás, en recuerdo de las víctimas del criminal atentado al avión cubano en Barbados, fue declarada “Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado”.
Tras muchos meses reaparecieron en el “gritódromo” del Malecón los lienzos negros de estrella blanca. Por el tiempo pasado sin que ondearan esos pendones macabros, parecía que eso quedaría como una ocurrencia más del anterior jefe supremo, caída después en el desuso; pero no resultó así. De nuevo hemos tenido que contemplar esas telas, que más que una señal de luto parecen un emblema pirático o infernal.
La coyuntura resultó propicia para que la propaganda gubernamental recordara distintos sucedidos vinculados con la conmemoración, comenzando por la explosión del vapor francés “La Coubre”.
Recuerdo que, al hablar de ese caso, Fidel Castro afirmó que incluso se habían lanzado cajas desde aviones, para determinar si podían explotar de modo espontáneo. Lo que nunca se aclaró es por qué el peligroso cargamento fue manipulado en un muelle del corazón de la capital, en lugar de emplear con ese fin un espigón apartado de algún subpuerto, como está establecido.
Volviendo a Barbados, uno no puede menos que recordar a Talleyrand y parafrasear su conocida expresión: Más que un crimen, fue una estupidez. Que alguien haya podido pensar que la masacre de veintenas de pasajeros se considerara un fuerte golpe al castrismo es algo que merece ser estudiado desde el punto de vista psiquiátrico.
Otro sucedido que de nuevo recibió asimismo la atención de los plumíferos gobiernistas cubanos fue el supuesto atentado al Círculo Infantil Le Van Than: un hecho que, de haber sido cierto, presupondría una imbecilidad análoga a la de Barbados, sólo que elevada al cuadrado.
Ese caso se parece al de La Coubre en que, al cabo de decenios, no existe prueba alguna del hipotético sabotaje, pero hay dos diferencias fundamentales. La primera es que en el vapor francés menudearon los muertos, mientras que en el kindergarten no hubo siquiera un lesionado leve. La segunda diferencia se deriva de que los presuntos actos deliberados contra el cargamento de armas habrían tenido lugar en un lejano puerto europeo.
En cambio, según la historia oficial, el supuesto sabotaje del círculo infantil se habría perpetrado en pleno corazón de Marianao, pero resulta que, al cabo de tres decenios, la Seguridad del Estado, descrita siempre como infalible y omnisciente, ha sido incapaz de dar siquiera el nombre de un sospechoso… Como reza la frase popular: Lo relacionado con ese “criminal atentado” está oscuro y huele a queso.
Volviendo a la fecha escogida para el “Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado”, la selección resulta muy poco feliz: Jamás se ha demostrado la intervención de algún gobierno extranjero en la matanza de Barbados. En lo personal, dudo que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos haya propiciado tamaña estupidez.
Por ello continúo respaldando la iniciativa de mi hermano de causa Félix Bonne para la Cuba democrática de mañana: Trasladar la conmemoración para el 13 de agosto, fecha de una masacre que sí fue ordenada, a no dudarlo, por un gobierno: el de Castro. Me refiero, como es lógico, al brutal hundimiento del remolcador 13 de Marzo.
En el ínterin, hemos vuelto a oír y leer de manera repetida la frase pronunciada por el fundador de la actual dinastía con ocasión del derribo del avión cubano: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.
También en este caso me equivoqué al pensar que la frase caería en el olvido bajo la jefatura del hermano menor, porque llamar “viril” (es decir, “varonil”) a un conglomerado humano constituido en su mayoría por mujeres constituye una verdadera falta de respeto y una manifestación insuperable del machismo más ramplón.
La Habana, 11 de octubre de 2011
Abogado y periodista independiente
Al comenzar el mes, la propaganda castrista hizo énfasis en lo que ella misma denomina “ataques terroristas contra Cuba”. Las conmemoraciones culminaron el 6 de octubre, fecha que un año atrás, en recuerdo de las víctimas del criminal atentado al avión cubano en Barbados, fue declarada “Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado”.
Tras muchos meses reaparecieron en el “gritódromo” del Malecón los lienzos negros de estrella blanca. Por el tiempo pasado sin que ondearan esos pendones macabros, parecía que eso quedaría como una ocurrencia más del anterior jefe supremo, caída después en el desuso; pero no resultó así. De nuevo hemos tenido que contemplar esas telas, que más que una señal de luto parecen un emblema pirático o infernal.
La coyuntura resultó propicia para que la propaganda gubernamental recordara distintos sucedidos vinculados con la conmemoración, comenzando por la explosión del vapor francés “La Coubre”.
Recuerdo que, al hablar de ese caso, Fidel Castro afirmó que incluso se habían lanzado cajas desde aviones, para determinar si podían explotar de modo espontáneo. Lo que nunca se aclaró es por qué el peligroso cargamento fue manipulado en un muelle del corazón de la capital, en lugar de emplear con ese fin un espigón apartado de algún subpuerto, como está establecido.
Volviendo a Barbados, uno no puede menos que recordar a Talleyrand y parafrasear su conocida expresión: Más que un crimen, fue una estupidez. Que alguien haya podido pensar que la masacre de veintenas de pasajeros se considerara un fuerte golpe al castrismo es algo que merece ser estudiado desde el punto de vista psiquiátrico.
Otro sucedido que de nuevo recibió asimismo la atención de los plumíferos gobiernistas cubanos fue el supuesto atentado al Círculo Infantil Le Van Than: un hecho que, de haber sido cierto, presupondría una imbecilidad análoga a la de Barbados, sólo que elevada al cuadrado.
Ese caso se parece al de La Coubre en que, al cabo de decenios, no existe prueba alguna del hipotético sabotaje, pero hay dos diferencias fundamentales. La primera es que en el vapor francés menudearon los muertos, mientras que en el kindergarten no hubo siquiera un lesionado leve. La segunda diferencia se deriva de que los presuntos actos deliberados contra el cargamento de armas habrían tenido lugar en un lejano puerto europeo.
En cambio, según la historia oficial, el supuesto sabotaje del círculo infantil se habría perpetrado en pleno corazón de Marianao, pero resulta que, al cabo de tres decenios, la Seguridad del Estado, descrita siempre como infalible y omnisciente, ha sido incapaz de dar siquiera el nombre de un sospechoso… Como reza la frase popular: Lo relacionado con ese “criminal atentado” está oscuro y huele a queso.
Volviendo a la fecha escogida para el “Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado”, la selección resulta muy poco feliz: Jamás se ha demostrado la intervención de algún gobierno extranjero en la matanza de Barbados. En lo personal, dudo que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos haya propiciado tamaña estupidez.
Por ello continúo respaldando la iniciativa de mi hermano de causa Félix Bonne para la Cuba democrática de mañana: Trasladar la conmemoración para el 13 de agosto, fecha de una masacre que sí fue ordenada, a no dudarlo, por un gobierno: el de Castro. Me refiero, como es lógico, al brutal hundimiento del remolcador 13 de Marzo.
En el ínterin, hemos vuelto a oír y leer de manera repetida la frase pronunciada por el fundador de la actual dinastía con ocasión del derribo del avión cubano: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.
También en este caso me equivoqué al pensar que la frase caería en el olvido bajo la jefatura del hermano menor, porque llamar “viril” (es decir, “varonil”) a un conglomerado humano constituido en su mayoría por mujeres constituye una verdadera falta de respeto y una manifestación insuperable del machismo más ramplón.
La Habana, 11 de octubre de 2011
10/17/2011
EN MEMORIA DE LAURA
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Hace unas horas, en la madrugada del sábado 15, presentamos nuestros respetos a la fallecida fundadora, portavoz, emblema y guía de las valerosas Damas de Blanco, nuestra querida hermana Laura Pollán Toledo.
Prólogo del fatal desenlace fue el ingreso de la destacada luchadora en la Sala de Terapia Intensiva del Hospital Calixto García. A problemas crónicos que presentaba —como la diabetes— se sumaron otras dolencias cuyo carácter no pudo determinarse de inicio. Después los médicos hablaron de una cepa del dengue y del virus sincitial respiratorio
Desde el momento en que cada uno conoció del ingreso de Laura en ese lugar, los disidentes habaneros —e incluso algunos del interior del país— se convirtieron en visita habitual del antiguo centro asistencial universitario. Yo, como uno más de ellos, cumplí con mi deber de acudir cada día a esa cita de honor.
Porque es que nuestra hermana Pollán Toledo, al igual que el poderoso movimiento de las Damas de Blanco en su conjunto, han tenido siempre la admirable virtud de concitar la concordia entre todos los cubanos que de manera abierta expresamos nuestra inconformidad con el sistema totalitario imperante.
Y lo más destacable es que lo han logrado con su sola presencia en nuestras iglesias, plazas y calles, derrochando coraje y vergüenza ante las turbas envilecidas movilizadas por el propio régimen, las que no sólo han recurrido a la violencia verbal y física, sino incluso a la lubricidad más vulgar.
Los oficiales de la policía política que asistían complacidos a esos bochornosos actos de repudio organizados por ellos mismos, pensaron de seguro que esas señoras honorables, ante la alternativa de tener que soportar tanto atropello y obscenidad, optarían por deponer su combativa actitud, pero sufrieron un fiasco monumental.
Las inclaudicables Damas de Blanco se mantuvieron irreductibles, al extremo de que las prepotentes autoridades consideraron preferible ceder. Han seguido orquestando actos represivos, pero han tenido que soportar cada domingo la habitual asistencia a la misa en la Iglesia de Santa Rita y el tradicional desfile por la Quinta Avenida.
En todos esos actos memorables, tanto en los tolerados como en los reprimidos salvajemente, Laura ocupó siempre el primer lugar. Lo hizo sin parar mientes en sus dolencias físicas ni en su respetable edad. Por desgracia, los golpes y la terrible tensión a la que estuvo sometida durante todos estos años de epopeya hicieron que su salud se resintiera.
Esto contribuyó sin dudas a su deplorable ingreso hospitalario. En qué medida la atención que recibió fue determinante en el fatal desenlace lo sabremos un día no lejano, pues desde luego que la versión oficial que conocemos ahora (la cual, como era de esperar, exonera de toda culpa al personal gubernamental) no nos inspira confianza.
El régimen hizo todo lo que estaba a su alcance para restarle brillo a las honras fúnebres. Muchos hermanos de provincias que intentaron viajar a la capital fueron impedidos de hacerlo. Personalmente me informaron de sucesos de esa naturaleza en Pinar del Río, Las Villas y Oriente.
Se anunció de inicio que sería velada en la céntrica funeraria Rivero, pero después se informó que en ese centro faltaba el fluido eléctrico, aunque el barrio entero contaba con ese servicio… El efímero velatorio comenzó en otra casa mortuoria pasada la medianoche, y terminó antes de las tres de la madrugada, hora a la que los empleados expresaron que debían llevársela para cremarla…
Por supuesto que ese horario inusitado impidió que las honras fúnebres alcanzaran el brillo que de otro modo habrían tenido sin duda, pero aun así fue impresionante la presencia de cientos de disidentes a esas altas horas, haciendo guardias de honor ante el féretro cubierto con nuestra enseña patria y entonando a viva voz el Himno de Bayamo.
Ante la muerte de esa compatriota tan querida, nos queda el consuelo de saber que la lucha ejemplar de las Damas de Blanco seguirá adelante mientras quede un solo preso político en Cuba, y que al frente de ellas estará otra mujer admirable: Berta Soler, que durante todos estos años estuvo junto a Laura, codo con codo, y que fue quien, con voz entrecortada por la emoción, pronunció en la funeraria La Nacional las hermosas palabras de despedida a la hermana muerta.
La Habana, 17 de octubre de 2011
9/28/2011
UNA SEMEJANZA SOSPECHOSA
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Cuando en 1959 los revolucionarios llegaron al poder en Cuba, iniciaron un feroz ajuste de cuentas contra los personeros del régimen derrocado. El fatídico paredón de fusilamiento irrumpió de manera destacada en la vida nacional. Se dijo que era menester evitar los excesos de 1933, a la caída de Machado, cuando hubo linchamientos mientras muchos culpables eludieron todo castigo.
La gran mayoría de los cubanos, ilusionada con el nuevo régimen, estuvo de acuerdo. Los hechos demostraron que, en el gobierno, primaron no las ansias de justicia, sino el deliberado propósito de instaurar el terror. Desde el mismo 1959 quedó claro que cualquier oposición a Castro entrañaba el riesgo cierto de penas severísimas, incluyendo la muerte.
Los comunistas consideraron que las catorce prisiones que existían en tiempos de Batista eran demasiado pocas para formar el “hombre nuevo” entusiasta y obediente, adecuado a la nueva sociedad que debía surgir como resultado de la ingeniería social basada en las teorías enunciadas decenios antes por Marx, Engels y Lenin.
No pasó mucho tiempo antes que esas catorce cárceles se multiplicaran hasta alcanzar los centenares que existen hoy. Organizaciones independientes calculan que por esos centros ha pasado el diez por ciento de la población adulta del país, lo cual explica la involución de la vida social que ha sufrido Cuba.
El lugar que correspondía a los esbirros tradicionales de la época batistiana pasó a ser ocupado por los nuevos corchetes adoctrinados en el marxismo-leninismo e inspirados en el ejemplo de organismos tenebrosos: la Cheka creada por el fundador de la secta y sus legítimas herederas, la OGPU y la NKVD de la era estalinista y la Stassi de Alemania Oriental.
Para mantener al pueblo a raya, sumiso, también estos agentes de nuevo tipo denigran, golpean o ejecutan, aunque esto último, como regla, no de manera extrajudicial, sino tras una especie de juicio, celebrado antes en los tristemente célebres tribunales revolucionarios, y ahora en una sala de la seguridad del Estado, que es algo parecidísimo.
Por supuesto, no han faltado matanzas colectivas, como las del Río Canímar y el 13 de Marzo, con muertos por docenas. Los desdichados que perecieron en las naves de esos nombres tuvieron la desgracia de emplear el medio de transporte utilizado generalmente por los cubanos para huir del “paraíso socialista”.
En los últimos años, cuando la pena de muerte, que permanece en los códigos cubanos, está sujeta en la práctica a una moratoria, habría que señalar el retorno a ejecuciones extrajudiciales quizás no deliberadas, pero sí innegables, como la de Juan Wilfredo Soto García el pasado 8 de mayo en Villa Clara, como resultado de una tunda policial.
También se ha recurrido a una institución añeja, aunque creada no por Batista, sino por Machado en los años treinta. Las porras del “mocho de Camajuaní”, encargadas de apalear y aterrorizar a quienes se oponían a su gobierno, evitando así que la policía tuviese que dar la cara, han resucitado ahora, aunque bajo la denominación de brigadas de respuesta rápida. Un nombre nuevo para unas funciones viejísimas.
La propaganda comunista insiste en hacer grandes distingos entre las políticas represivas de los tiempos de Batista y las actuales, pero yo sólo veo algunas diferencias en las formas, no en el fondo. Confieso que añoro los tiempos del presidente Prío, cuando, de niño, oía a los mayores explayarse en un tranvía o una emisora hablando mal del gobierno sin que nadie los reprimiera por ello.
Mientras en Cuba no renazcan la democracia y la tolerancia, no veremos un cambio real en la actuación de las fuerzas policiales. Si en Rebelión en la granja George Orwell pintaba a un cerdo Napoleón que se parecía cada vez más a los antiguos amos humanos, así también los órganos represivos del actual régimen totalitario presentan, en lo esencial, una sospechosa semejanza con los de las execradas dictaduras del pasado.
La Habana, 14 de septiembre de 2011
Abogado y periodista independiente
Cuando en 1959 los revolucionarios llegaron al poder en Cuba, iniciaron un feroz ajuste de cuentas contra los personeros del régimen derrocado. El fatídico paredón de fusilamiento irrumpió de manera destacada en la vida nacional. Se dijo que era menester evitar los excesos de 1933, a la caída de Machado, cuando hubo linchamientos mientras muchos culpables eludieron todo castigo.
La gran mayoría de los cubanos, ilusionada con el nuevo régimen, estuvo de acuerdo. Los hechos demostraron que, en el gobierno, primaron no las ansias de justicia, sino el deliberado propósito de instaurar el terror. Desde el mismo 1959 quedó claro que cualquier oposición a Castro entrañaba el riesgo cierto de penas severísimas, incluyendo la muerte.
Los comunistas consideraron que las catorce prisiones que existían en tiempos de Batista eran demasiado pocas para formar el “hombre nuevo” entusiasta y obediente, adecuado a la nueva sociedad que debía surgir como resultado de la ingeniería social basada en las teorías enunciadas decenios antes por Marx, Engels y Lenin.
No pasó mucho tiempo antes que esas catorce cárceles se multiplicaran hasta alcanzar los centenares que existen hoy. Organizaciones independientes calculan que por esos centros ha pasado el diez por ciento de la población adulta del país, lo cual explica la involución de la vida social que ha sufrido Cuba.
El lugar que correspondía a los esbirros tradicionales de la época batistiana pasó a ser ocupado por los nuevos corchetes adoctrinados en el marxismo-leninismo e inspirados en el ejemplo de organismos tenebrosos: la Cheka creada por el fundador de la secta y sus legítimas herederas, la OGPU y la NKVD de la era estalinista y la Stassi de Alemania Oriental.
Para mantener al pueblo a raya, sumiso, también estos agentes de nuevo tipo denigran, golpean o ejecutan, aunque esto último, como regla, no de manera extrajudicial, sino tras una especie de juicio, celebrado antes en los tristemente célebres tribunales revolucionarios, y ahora en una sala de la seguridad del Estado, que es algo parecidísimo.
Por supuesto, no han faltado matanzas colectivas, como las del Río Canímar y el 13 de Marzo, con muertos por docenas. Los desdichados que perecieron en las naves de esos nombres tuvieron la desgracia de emplear el medio de transporte utilizado generalmente por los cubanos para huir del “paraíso socialista”.
En los últimos años, cuando la pena de muerte, que permanece en los códigos cubanos, está sujeta en la práctica a una moratoria, habría que señalar el retorno a ejecuciones extrajudiciales quizás no deliberadas, pero sí innegables, como la de Juan Wilfredo Soto García el pasado 8 de mayo en Villa Clara, como resultado de una tunda policial.
También se ha recurrido a una institución añeja, aunque creada no por Batista, sino por Machado en los años treinta. Las porras del “mocho de Camajuaní”, encargadas de apalear y aterrorizar a quienes se oponían a su gobierno, evitando así que la policía tuviese que dar la cara, han resucitado ahora, aunque bajo la denominación de brigadas de respuesta rápida. Un nombre nuevo para unas funciones viejísimas.
La propaganda comunista insiste en hacer grandes distingos entre las políticas represivas de los tiempos de Batista y las actuales, pero yo sólo veo algunas diferencias en las formas, no en el fondo. Confieso que añoro los tiempos del presidente Prío, cuando, de niño, oía a los mayores explayarse en un tranvía o una emisora hablando mal del gobierno sin que nadie los reprimiera por ello.
Mientras en Cuba no renazcan la democracia y la tolerancia, no veremos un cambio real en la actuación de las fuerzas policiales. Si en Rebelión en la granja George Orwell pintaba a un cerdo Napoleón que se parecía cada vez más a los antiguos amos humanos, así también los órganos represivos del actual régimen totalitario presentan, en lo esencial, una sospechosa semejanza con los de las execradas dictaduras del pasado.
La Habana, 14 de septiembre de 2011
9/16/2011
NO ESTAMOS SOLOS
Otra vez el régimen castrista ataca a la disidencia. El más reciente capítulo de ese monólogo fue un reportaje de la comunicadora oficialista Gisela García transmitido por televisión no menos de cinco veces.
En esas arremetidas, los reporteros comunistas violan la regla de dar la oportunidad de brindar su versión de los hechos a la persona aludida. Si se recogen las palabras de él o ella, es sólo para transmitir fragmentos convenientemente editados.
Días atrás, agredieron a Yoani Sánchez. La brillante bloguera describió lo sucedido como “un regalazo de cumpleaños”, y precisó que se habló de ella “en los peores términos”, lo cual evalúa “como verdaderos elogios”. Certeras palabras. Lástima que éstas, a diferencia del noticiero oficialista, llegaran sólo a unos pocos residentes en Cuba.
En el reportaje del miércoles, volvieron a arremeter contra las dignas Damas de Blanco y pretendieron negar las agresiones físicas contra pacíficos disidentes reunidos en una humilde casa de Palma Soriano. Sería bueno poder preguntarles si Ernesto Carrera Moreno y otros opositores hospitalizados tras sufrir fracturas y otras lesiones, fueron o no víctimas de la violencia.
Gisela García atacó con ahínco el trabajo de Elizardo Sánchez Santa Cruz, cuya comisión realiza desde hace decenios una importante labor de monitoreo de las detenciones arbitrarias y otras violaciones de los derechos humanos que sufren los cubanos.
En su caso, el principal argumento empleado fue la inclusión, en una lista de arrestados, de Boris Pérez, Carlos Garrido y Francisco Sánchez, de quienes la reportera oficialista afirma que son —supuestamente— “integrantes de un equipo de fútbol profesional de Chile”.
En conversación con Elizardo, éste precisó un dato. La organización que él encabeza recibe denuncias de toda clase de ciudadanos. La gran mayoría son hechas de buena fe, y reflejan con objetividad la intensa represión política desatada por el régimen totalitario contra quienes se le enfrentan.
Pero no faltan provocaciones gubernamentales: personas inescrupulosas ofrecen datos falsos que permitan después arrojar una sombra de duda sobre el conjunto del trabajo. Una anécdota: Semanas atrás, la lista de detenidos dada por un desconocido le fue presentada por un colaborador a Elizardo; éste, al leerla, dispuso eliminarla, pues estaba compuesta por conocidos artistas plásticos.
En esa oportunidad, la patraña pudo ser conjurada gracias a la cultura general del activista pro democracia, pero —por lo visto— él no es aficionado al balompié, por lo cual, suponiendo que esos tres nombres —ninguno de ellos muy conocido en Cuba— hayan salido en verdad de una noticia deportiva, esta vez los datos espurios pasaron sin ser detectados.
Es evidente que los únicos interesados en un ardid de ese tipo son los personeros del régimen, pues ello les permite —como sucedió ahora— utilizar después la referencia para tratar de menoscabar el trabajo disidente.
La agitadora con títulos de periodista empleada en este caso, publicó la información. Pero tenemos que preguntarnos: ¿Cómo supo que esos datos espurios corresponden a miembros de un equipo chileno de fútbol!
Gisela García no se especializa en temas deportivos. ¿De dónde sacó que —por ejemplo— “Francisco Sánchez” era un balompedista del país austral! ¡Igual pudo haber supuesto que se trataba de uno de los dieciocho usuarios de ese nombre que aparecen en la guía telefónica de La Habana!
Y en lo que atañe a “Boris Pérez” y “Carlos Garrido”, suponiendo que sus nombres sean ciertamente falsos, ¿por qué supo ella de inmediato su condición de deportistas chilenos? Con idéntico fundamento hubiera podido afirmar que se trata de obreros mexicanos, o médicos españoles, o granjeros argentinos; pues de seguro en todos esos países habrá personas con esos oficios y nombres.
Para quien ignore las sórdidas interioridades de un régimen totalitario, el asunto podrá aparecer incomprensible, pero no para quien las conozca por haberlas sufrido en Cuba durante medio siglo.
La explicación es sencillísima: La policía política, encargada de denigrar a todo el que se niega a aplaudir, ordena a algún agente que dé el dato simulado. Acto seguido, lo informa al encargado de redactar el panfleto. Es así como el titulado periodista sabe de dónde salieron los nombres falsos.
De paso, invadiendo la privacidad de las personas, utiliza grabaciones de conversaciones telefónicas particulares, fotos y otros materiales que sólo la Seguridad del Estado pudo haber obtenido gracias a la absoluta impunidad de la cual goza.
Es así como se hace “periodismo” hoy en Cuba. Pero lo importante es que el régimen, al recurrir a esas artimañas, demuestra estar preocupado. Están conscientes de la creciente indignación de la opinión pública internacional ante las denuncias de sus atropellos que hace la aguerrida prensa independiente.
Felizmente, los demócratas cubanos no estamos solos.
La Habana, 9 de septiembre de 2011
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
En esas arremetidas, los reporteros comunistas violan la regla de dar la oportunidad de brindar su versión de los hechos a la persona aludida. Si se recogen las palabras de él o ella, es sólo para transmitir fragmentos convenientemente editados.
Días atrás, agredieron a Yoani Sánchez. La brillante bloguera describió lo sucedido como “un regalazo de cumpleaños”, y precisó que se habló de ella “en los peores términos”, lo cual evalúa “como verdaderos elogios”. Certeras palabras. Lástima que éstas, a diferencia del noticiero oficialista, llegaran sólo a unos pocos residentes en Cuba.
En el reportaje del miércoles, volvieron a arremeter contra las dignas Damas de Blanco y pretendieron negar las agresiones físicas contra pacíficos disidentes reunidos en una humilde casa de Palma Soriano. Sería bueno poder preguntarles si Ernesto Carrera Moreno y otros opositores hospitalizados tras sufrir fracturas y otras lesiones, fueron o no víctimas de la violencia.
Gisela García atacó con ahínco el trabajo de Elizardo Sánchez Santa Cruz, cuya comisión realiza desde hace decenios una importante labor de monitoreo de las detenciones arbitrarias y otras violaciones de los derechos humanos que sufren los cubanos.
En su caso, el principal argumento empleado fue la inclusión, en una lista de arrestados, de Boris Pérez, Carlos Garrido y Francisco Sánchez, de quienes la reportera oficialista afirma que son —supuestamente— “integrantes de un equipo de fútbol profesional de Chile”.
En conversación con Elizardo, éste precisó un dato. La organización que él encabeza recibe denuncias de toda clase de ciudadanos. La gran mayoría son hechas de buena fe, y reflejan con objetividad la intensa represión política desatada por el régimen totalitario contra quienes se le enfrentan.
Pero no faltan provocaciones gubernamentales: personas inescrupulosas ofrecen datos falsos que permitan después arrojar una sombra de duda sobre el conjunto del trabajo. Una anécdota: Semanas atrás, la lista de detenidos dada por un desconocido le fue presentada por un colaborador a Elizardo; éste, al leerla, dispuso eliminarla, pues estaba compuesta por conocidos artistas plásticos.
En esa oportunidad, la patraña pudo ser conjurada gracias a la cultura general del activista pro democracia, pero —por lo visto— él no es aficionado al balompié, por lo cual, suponiendo que esos tres nombres —ninguno de ellos muy conocido en Cuba— hayan salido en verdad de una noticia deportiva, esta vez los datos espurios pasaron sin ser detectados.
Es evidente que los únicos interesados en un ardid de ese tipo son los personeros del régimen, pues ello les permite —como sucedió ahora— utilizar después la referencia para tratar de menoscabar el trabajo disidente.
La agitadora con títulos de periodista empleada en este caso, publicó la información. Pero tenemos que preguntarnos: ¿Cómo supo que esos datos espurios corresponden a miembros de un equipo chileno de fútbol!
Gisela García no se especializa en temas deportivos. ¿De dónde sacó que —por ejemplo— “Francisco Sánchez” era un balompedista del país austral! ¡Igual pudo haber supuesto que se trataba de uno de los dieciocho usuarios de ese nombre que aparecen en la guía telefónica de La Habana!
Y en lo que atañe a “Boris Pérez” y “Carlos Garrido”, suponiendo que sus nombres sean ciertamente falsos, ¿por qué supo ella de inmediato su condición de deportistas chilenos? Con idéntico fundamento hubiera podido afirmar que se trata de obreros mexicanos, o médicos españoles, o granjeros argentinos; pues de seguro en todos esos países habrá personas con esos oficios y nombres.
Para quien ignore las sórdidas interioridades de un régimen totalitario, el asunto podrá aparecer incomprensible, pero no para quien las conozca por haberlas sufrido en Cuba durante medio siglo.
La explicación es sencillísima: La policía política, encargada de denigrar a todo el que se niega a aplaudir, ordena a algún agente que dé el dato simulado. Acto seguido, lo informa al encargado de redactar el panfleto. Es así como el titulado periodista sabe de dónde salieron los nombres falsos.
De paso, invadiendo la privacidad de las personas, utiliza grabaciones de conversaciones telefónicas particulares, fotos y otros materiales que sólo la Seguridad del Estado pudo haber obtenido gracias a la absoluta impunidad de la cual goza.
Es así como se hace “periodismo” hoy en Cuba. Pero lo importante es que el régimen, al recurrir a esas artimañas, demuestra estar preocupado. Están conscientes de la creciente indignación de la opinión pública internacional ante las denuncias de sus atropellos que hace la aguerrida prensa independiente.
Felizmente, los demócratas cubanos no estamos solos.
La Habana, 9 de septiembre de 2011
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
9/12/2011
IMPUNIDAD CULPABLE
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
En semanas recientes han sufrido un intenso hostigamiento y represión las valerosas Damas de Blanco orientales, que han intentado acudir a oír misa en lugares señalados de la provincia de Santiago de Cuba, en particular la Basílica Santuario de El Cobre y la catedral metropolitana.
En ese territorio la represión ha adquirido formas especialmente virulentas, pues a los golpes e insultos usuales se ha sumado la procacidad más vulgar, manifestada en gestos y manifestaciones groseras de explícito carácter sexual. Esos sucesos han tenido lugar en localidades diversas, tales como Palma Soriano, Palmarito de Cauto y la misma ciudad de Santiago.
Es de sobra conocido que, para llevar a cabo ese tipo de represión, el régimen totalitario creó las llamadas brigadas de respuesta rápida, institución que ofrece la indudable ventaja de enmascarar el carácter oficial de la represión. Esto se ha puesto de manifiesto en los medios masivos de difusión, que con demasiada frecuencia aluden a la supuesta “indignación popular”.
Sin embargo, se sabe que esa fachada no es más que una patraña más del régimen. En 1980, los cubanos que aspiraban a marcharse del país por El Mariel fueron víctimas de “actos de repudio”. Pero en 1994, nadie increpó ni vejó a los lancheros. ¿Dónde se había metido entonces “el pueblo enardecido”!
Algo similar se puede decir de la represión desatada el pasado domingo 4 contra varios disidentes congregados en casa del miembro del Grupo de los 75 Iván Hernández Carrillo, en la villa matancera de Colón. A diferencia de otros casos recientes parecidos, ningún lugareño se solidarizó con los agentes represivos ni atacó a los opositores.
Se imponen las preguntas: ¿Qué sucedió? ¿Es que los colombinos u otros ciudadanos que han omitido salir en defensa del régimen en otros sucedidos análogos son menos pro gobiernistas que otros compatriotas suyos?
Por supuesto que no. La respuesta hay que buscarla no en el mayor o menor fervor de unos y otros. La clave está en comprender que, cuando ha habido actos de repudio, éstos responden a consignas lanzadas desde las altas esferas, y que sus autores no son más que pequeñas ruedas en la maquinaria infernal del totalitarismo.
En la novela El Padrino, Don Vito Corleone afirma que el menor percance sufrido por uno de los suyos, aunque pareciera accidental, se lo atribuiría a sus enemigos. De manera análoga, en Cuba lo razonable es pensar que cualquier acción susceptible de originar una consecuencia adversa para el régimen tiene que haber sido dispuesta o autorizada desde lo alto. En caso contrario, los corchetes encargados de la represión no tendrían pantalones para ordenarla.
Pero he aquí que se supo la respuesta dada por las autoridades comunistas a la alta jerarquía de la Iglesia Católica Cubana, que se interesó en los más recientes actos de repudio. Los portavoces del régimen afirmaron que “desde ningún centro de decisión nacional se ha dado la orden de agredir a estas personas”.
Al respecto, la dirigente de las Damas de Blanco Berta Soler calificó ese planteamiento como una “gran mentira”. Por su parte, el prominente defensor de los derechos humanos Elizardo Sánchez declaró su convencimiento de que esa represión había sido “ordenada o aprobada por el general Raúl Castro en persona”.
Pero admitamos, gratia arguendi, que lo expresado a los dignatarios eclesiásticos es cierto. Entonces se impone una pregunta: ¿Esos bochornosos hechos no son constitutivos de los posibles delitos de lesiones, desórdenes públicos, difamación, amenazas, coacción, daños, escándalo público y abusos lascivos, entre otros?
El martes 23 de agosto pasado, en representación virtual de la docena y media de juristas con que cuenta la Corriente Agramontista, presenté sendas denuncias formales de esos hechos delictivos al Presidente del Tribunal Supremo, la Ministra de Justicia y el Fiscal General de la República.
Por consiguiente, los altos funcionarios cubanos en el terreno del derecho no pueden alegar ignorancia. ¿Harán algo al respecto? ¿O seguirá habiendo una impunidad culpable?
La Habana, 7 de septiembre de 2011
Abogado y periodista independiente
En semanas recientes han sufrido un intenso hostigamiento y represión las valerosas Damas de Blanco orientales, que han intentado acudir a oír misa en lugares señalados de la provincia de Santiago de Cuba, en particular la Basílica Santuario de El Cobre y la catedral metropolitana.
En ese territorio la represión ha adquirido formas especialmente virulentas, pues a los golpes e insultos usuales se ha sumado la procacidad más vulgar, manifestada en gestos y manifestaciones groseras de explícito carácter sexual. Esos sucesos han tenido lugar en localidades diversas, tales como Palma Soriano, Palmarito de Cauto y la misma ciudad de Santiago.
Es de sobra conocido que, para llevar a cabo ese tipo de represión, el régimen totalitario creó las llamadas brigadas de respuesta rápida, institución que ofrece la indudable ventaja de enmascarar el carácter oficial de la represión. Esto se ha puesto de manifiesto en los medios masivos de difusión, que con demasiada frecuencia aluden a la supuesta “indignación popular”.
Sin embargo, se sabe que esa fachada no es más que una patraña más del régimen. En 1980, los cubanos que aspiraban a marcharse del país por El Mariel fueron víctimas de “actos de repudio”. Pero en 1994, nadie increpó ni vejó a los lancheros. ¿Dónde se había metido entonces “el pueblo enardecido”!
Algo similar se puede decir de la represión desatada el pasado domingo 4 contra varios disidentes congregados en casa del miembro del Grupo de los 75 Iván Hernández Carrillo, en la villa matancera de Colón. A diferencia de otros casos recientes parecidos, ningún lugareño se solidarizó con los agentes represivos ni atacó a los opositores.
Se imponen las preguntas: ¿Qué sucedió? ¿Es que los colombinos u otros ciudadanos que han omitido salir en defensa del régimen en otros sucedidos análogos son menos pro gobiernistas que otros compatriotas suyos?
Por supuesto que no. La respuesta hay que buscarla no en el mayor o menor fervor de unos y otros. La clave está en comprender que, cuando ha habido actos de repudio, éstos responden a consignas lanzadas desde las altas esferas, y que sus autores no son más que pequeñas ruedas en la maquinaria infernal del totalitarismo.
En la novela El Padrino, Don Vito Corleone afirma que el menor percance sufrido por uno de los suyos, aunque pareciera accidental, se lo atribuiría a sus enemigos. De manera análoga, en Cuba lo razonable es pensar que cualquier acción susceptible de originar una consecuencia adversa para el régimen tiene que haber sido dispuesta o autorizada desde lo alto. En caso contrario, los corchetes encargados de la represión no tendrían pantalones para ordenarla.
Pero he aquí que se supo la respuesta dada por las autoridades comunistas a la alta jerarquía de la Iglesia Católica Cubana, que se interesó en los más recientes actos de repudio. Los portavoces del régimen afirmaron que “desde ningún centro de decisión nacional se ha dado la orden de agredir a estas personas”.
Al respecto, la dirigente de las Damas de Blanco Berta Soler calificó ese planteamiento como una “gran mentira”. Por su parte, el prominente defensor de los derechos humanos Elizardo Sánchez declaró su convencimiento de que esa represión había sido “ordenada o aprobada por el general Raúl Castro en persona”.
Pero admitamos, gratia arguendi, que lo expresado a los dignatarios eclesiásticos es cierto. Entonces se impone una pregunta: ¿Esos bochornosos hechos no son constitutivos de los posibles delitos de lesiones, desórdenes públicos, difamación, amenazas, coacción, daños, escándalo público y abusos lascivos, entre otros?
El martes 23 de agosto pasado, en representación virtual de la docena y media de juristas con que cuenta la Corriente Agramontista, presenté sendas denuncias formales de esos hechos delictivos al Presidente del Tribunal Supremo, la Ministra de Justicia y el Fiscal General de la República.
Por consiguiente, los altos funcionarios cubanos en el terreno del derecho no pueden alegar ignorancia. ¿Harán algo al respecto? ¿O seguirá habiendo una impunidad culpable?
La Habana, 7 de septiembre de 2011
9/06/2011
EL PAPELEO FINAL
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Las noticias más recientes de Libia nos informan del exitoso avance de las tropas del Consejo Nacional de Transición. De manera curiosa, esos demócratas siguen siendo denominados por la prensa en general como “rebeldes”, cuando por el control abrumador que ejercen sobre el territorio nacional, incluyendo la capital, y por el reconocimiento que han recibido de la mayoría de los otros estados, deberían ser conceptuados como nuevo gobierno.
Del lado del depuesto déspota, las señales de descomposición se hacen cada día más evidentes. De ello dan fe la reciente huida de su mujer y otros familiares a Argelia, donde fueron recibidos “por razones humanitarias”. Lo mismo demuestran las contradictorias declaraciones de varios de sus hijos. Como la calificó con gran acierto un colega, la “Yamahiriya” está hoy “apolillada y desmochada”.
El uso obligatorio de ese sustantivo es una de las tantas arbitrariedades del sátrapa depuesto, que forzó a los extranjeros a utilizar esa versión árabe del vocablo “república” para referirse al estado libio. Algo así como si un gobierno magiar obligara a los foráneos a hablar de la “Köztársaság” de Hungría. Un pujo totalitario que todos acataron.
El proceso de desintegración del régimen despótico nos ha dado grandes oportunidades de observar distintas manifestaciones de la desvergüenza humana. A raíz de la liberación de Trípoli, un hijo del tirano declaró a la prensa, con el mayor desparpajo, que “los rebeldes habían caído en la trampa tendida contra ellos”.
¿Y qué decir de la actuación de Gaddafi tras ese importante acontecimiento? En una alocución grabada, instó a sus partidarios a aplastar a “las ratas” (variante libia de “los gusanos”), librando de ellas a la capital.
Lo anterior, como es natural, impone una pregunta a cualquiera que no sea un subnormal: Si el propósito final era recuperar el control de Trípoli, ¿entonces por qué el coronel no se quedó en la ciudad para encabezar la reconquista! ¿Por qué, según se dice, huyó por las cloacas de la urbe? Recordemos al Capitán Araña.
Pero el descoco no es exclusividad del déspota fugitivo y sus incondicionales. El diario Granma, alarmado, destacó el jueves en letras rojas la afirmación del nuevo gobierno: “Opositores dicen tener derecho a matar a Gaddafi”.
Cualquiera diría que los plumíferos del órgano oficial del partido único cubano tienen la peregrina idea de que, para el tirano prófugo, el haber hecho todo lo que le dio la gana durante veintenas de años debe constituir una garantía suficiente de que no será aniquilado ni ajusticiado, sin importar su enfrentamiento declarado a las nuevas autoridades.
Mientras tanto, ha terminado el mes del Ramadán. El período del año es sagrado para los mahometanos, pero resulta repugnante la constante alusión a esa circunstancia en boca de los “materialistas científicos” de la prensa oficialista cubana y TeleSur, quienes —dato curioso— sólo recordaban ese carácter santo cuando los aviones de la OTAN bombardeaban las instalaciones militares de Gaddafi, no cuando El Assad II, por las mismas fechas, masacraba a cientos de sirios.
Mientras tanto, los voceros más significados del régimen se muestran cautelosos ante el desmoronamiento de la tiranía gaddafista. Al parecer, desean desmarcarse para que nadie les pueda atribuir mañana la defensa a ultranza del impresentable régimen libio.
En la mismísima Mesa Redonda de la Televisión Cubana, una competente profesora comentó: “Yo no voy a decir si Gaddafi es el Diablo o no”. Por su parte, otro especialista expresó: “El coronel no se anda con chiquitas cuando lidia con sus opositores”. Curioso eufemismo para decir que es (o al menos, era) una hiena sedienta de sangre.
Esos habilidosos desmarques, realizados en el programa que tiene por misión informar a los ciudadanos sobre las posiciones oficiales del régimen castrista, dicen mucho. En definitiva, ellos reflejan que los voceros oficialistas están conscientes de que Gaddafi se cayó ya; ahora sólo falta el papeleo final.
La Habana, 2 de septiembre de 2011
Abogado y periodista independiente
Las noticias más recientes de Libia nos informan del exitoso avance de las tropas del Consejo Nacional de Transición. De manera curiosa, esos demócratas siguen siendo denominados por la prensa en general como “rebeldes”, cuando por el control abrumador que ejercen sobre el territorio nacional, incluyendo la capital, y por el reconocimiento que han recibido de la mayoría de los otros estados, deberían ser conceptuados como nuevo gobierno.
Del lado del depuesto déspota, las señales de descomposición se hacen cada día más evidentes. De ello dan fe la reciente huida de su mujer y otros familiares a Argelia, donde fueron recibidos “por razones humanitarias”. Lo mismo demuestran las contradictorias declaraciones de varios de sus hijos. Como la calificó con gran acierto un colega, la “Yamahiriya” está hoy “apolillada y desmochada”.
El uso obligatorio de ese sustantivo es una de las tantas arbitrariedades del sátrapa depuesto, que forzó a los extranjeros a utilizar esa versión árabe del vocablo “república” para referirse al estado libio. Algo así como si un gobierno magiar obligara a los foráneos a hablar de la “Köztársaság” de Hungría. Un pujo totalitario que todos acataron.
El proceso de desintegración del régimen despótico nos ha dado grandes oportunidades de observar distintas manifestaciones de la desvergüenza humana. A raíz de la liberación de Trípoli, un hijo del tirano declaró a la prensa, con el mayor desparpajo, que “los rebeldes habían caído en la trampa tendida contra ellos”.
¿Y qué decir de la actuación de Gaddafi tras ese importante acontecimiento? En una alocución grabada, instó a sus partidarios a aplastar a “las ratas” (variante libia de “los gusanos”), librando de ellas a la capital.
Lo anterior, como es natural, impone una pregunta a cualquiera que no sea un subnormal: Si el propósito final era recuperar el control de Trípoli, ¿entonces por qué el coronel no se quedó en la ciudad para encabezar la reconquista! ¿Por qué, según se dice, huyó por las cloacas de la urbe? Recordemos al Capitán Araña.
Pero el descoco no es exclusividad del déspota fugitivo y sus incondicionales. El diario Granma, alarmado, destacó el jueves en letras rojas la afirmación del nuevo gobierno: “Opositores dicen tener derecho a matar a Gaddafi”.
Cualquiera diría que los plumíferos del órgano oficial del partido único cubano tienen la peregrina idea de que, para el tirano prófugo, el haber hecho todo lo que le dio la gana durante veintenas de años debe constituir una garantía suficiente de que no será aniquilado ni ajusticiado, sin importar su enfrentamiento declarado a las nuevas autoridades.
Mientras tanto, ha terminado el mes del Ramadán. El período del año es sagrado para los mahometanos, pero resulta repugnante la constante alusión a esa circunstancia en boca de los “materialistas científicos” de la prensa oficialista cubana y TeleSur, quienes —dato curioso— sólo recordaban ese carácter santo cuando los aviones de la OTAN bombardeaban las instalaciones militares de Gaddafi, no cuando El Assad II, por las mismas fechas, masacraba a cientos de sirios.
Mientras tanto, los voceros más significados del régimen se muestran cautelosos ante el desmoronamiento de la tiranía gaddafista. Al parecer, desean desmarcarse para que nadie les pueda atribuir mañana la defensa a ultranza del impresentable régimen libio.
En la mismísima Mesa Redonda de la Televisión Cubana, una competente profesora comentó: “Yo no voy a decir si Gaddafi es el Diablo o no”. Por su parte, otro especialista expresó: “El coronel no se anda con chiquitas cuando lidia con sus opositores”. Curioso eufemismo para decir que es (o al menos, era) una hiena sedienta de sangre.
Esos habilidosos desmarques, realizados en el programa que tiene por misión informar a los ciudadanos sobre las posiciones oficiales del régimen castrista, dicen mucho. En definitiva, ellos reflejan que los voceros oficialistas están conscientes de que Gaddafi se cayó ya; ahora sólo falta el papeleo final.
La Habana, 2 de septiembre de 2011
9/01/2011
PANES Y PASTELES
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
La actual escalada represiva desencadenada por el régimen castrista contra toda manifestación de discrepancia, se mantiene e intensifica. Noticias en ese sentido son publicadas una y otra vez por la prensa independiente cubana y por órganos informativos radicados en el extranjero.
La prensa oficialista de la Isla actúa como si esos hechos alarmantes no existieran. El Granma u otros periódicos, o el Noticiero de la Televisión Cubana, informan —es un ejemplo— sobre la represión a grupos de “indignados” en alguna ciudad española, pero los apaleamientos a las Damas de Blanco o a otros manifestantes pacíficos de la Isla simplemente los ignoran.
Las voces de protesta y condena no han faltado. Como Presidente de la Corriente Agramontista, la más antigua y nutrida agrupación de abogados independientes cubanos, me enorgullezco de la enérgica reprobación suscrita por trece colegas a esos actos inciviles, la cual fue difundida el miércoles 24.
En ella, los juristas independientes respaldaron los escritos de denuncia de esos actos represivos que presenté el martes 23 ante las más altas autoridades del terreno jurídico: el Presidente del Tribunal Supremo, la Ministra de Justicia y el Fiscal General de la República.
El pasado lunes se publicó otro documento en el mismo sentido. Éste fue emitido por el grupo plural de análisis Alianza Democrática Cubana (ALDECU) y suscrito por sus siete miembros actuales: los líderes disidentes Gisela Delgado, Guillermo Fariñas, José Daniel Ferrer, Iván Hernández Carrillo, Héctor Palacios y Elizardo Sánchez, así como un servidor.
Precisamente uno de estos firmantes, el miembro del Grupo de los 75 José Daniel Ferrer García, ha declarado la valerosa disposición de las decenas de miembros de la recién fundada Unión Patriótica Cubana (UNPACU), que él encabeza, a mantener e intensificar sus protestas en la provincia de Santiago de Cuba, alargándolas hasta por varios días.
Todos los escritos antes mencionados reflejan la alarmante realidad que vive hoy nuestra Patria. Por mencionar sólo los hechos más recientes, habría que destacar la represión sufrida el pasado domingo en Palma Soriano por un grupo de quince señoras incorporadas al emblemático movimiento de las Damas de Blanco.
En este caso, a las amenazas, golpes y otros actos violentos, se sumó la procacidad más grosera. Una de las participantes, Caridad Caballero, relataba a la prensa: “Se agarraban los testículos, nos decían palabras obscenas, hacían gestos con el dedo del medio, diciéndonos que nos lo meterían en el ano”. No es la primera vez que se realizan actos tan bochornosos.
A fuer de sincero, uno no entiende bien de dónde sacan los agentes represivos a ese personal que se presta a perpetrar hechos tan repugnantes contra mujeres honorables a las que, para colmo, el único acto que les pueden atribuir los incondicionales del régimen es el deseo de viajar a la ciudad de Santiago para oír misa en su catedral.
Pero no nos fatiguemos averiguando dónde reclutan a esas sabandijas con figura humana. Las mismas Damas de Blanco han reconocido entre ellos a habituales del delito, que se prestan a esas bajezas para ganar impunidad. Para colmo, el ron barato ha desempeñado su papel, pues varias de esas dignas señoras dan fe del fuerte aliento etílico de esos especímenes del “hombre nuevo” comunista.
Uno comprende que es difícil la tarea que tienen ante sí los oficiales de la policía política del régimen. Supongo que no les resulte fácil encontrar voluntarios que se presten a tanta vileza. Imagino que los represores se consuelen y se auto justifiquen recordando el viejo refrán castellano: El panadero hace el pan con la harina que le dan.
De todos modos, deberían pensarlo mejor; y no sólo porque están propiciando criminales enfrentamientos fratricidas, sino también porque deberían tener presente otro dicho que viene como anillo al dedo a la situación existente hoy en Cuba, al igual que en muchos otros rincones del mundo: El horno no está para pastelitos.
La Habana, 30 de agosto de 2011.
8/24/2011
CARTA ABIERTA de los agramontistas a la opinión pública
Los abajo firmantes, miembros de la Corriente Agramontista (agrupación de abogados independientes cubanos), emitimos el presente documento a fin de denunciar la escalada represiva de carácter masivo desatada por el régimen castrista contra pacíficos opositores y las dignas Damas de Blanco en los días más recientes.
Han sido varios los actos violentos perpetrados en diferentes momentos y en lugares diversos de nuestra geografía durante las últimas horas. En el curso de los mismos, varios opositores han padecido afectaciones físicas serias, destacándose entre ellos el guantanamero Ernesto Manuel Carrera Moreno, quien tuvo que ser ingresado y operado de urgencia debido a las graves lesiones que sufrió al ser atacado de manera alevosa con palos y machetes por varios incondicionales del régimen mientras se dirigía solo y sin armas hacia su domicilio.
Por su parte, las emblemáticas Damas de Blanco tuvieron que sufrir el acoso de la porra gobiernista, tanto el pasado jueves en La Habana, como el domingo en Santiago de Cuba.
Esos casos no son únicos, pues otros compatriotas han tenido que sufrir la violencia oficialista. No los mencionamos a todos para no alargar innecesariamente esta carta abierta.
En vista del carácter inquietante y generalizado de estos actos, nuestro presidente René Gómez Manzano concurrió en el día de ayer a presentar sendos escritos de denuncia de esta situación escandalosa a los altos funcionarios a quienes la Constitución y las leyes vigentes encomiendan la salvaguarda de la legalidad y la protección de los derechos ciudadanos. Son ellos el Presidente del Tribunal Supremo Popular, la Ministra de Justicia y el Fiscal General de la República.
Hemos conocido la explicación que nos ha brindado nuestro aludido Presidente sobre la necesidad que tuvo de presentar esos escritos de manera unipersonal, debido a la conveniencia de actuar con la máxima urgencia, dado el carácter alarmante de la mencionada ola represiva.
Aceptamos su explicación y, al propio tiempo, los demás firmantes del presente escrito nos adherimos a esos tres documentos y los hacemos nuestros, porque consideramos que ellos reflejan de modo adecuado la preocupación que la docena y media de agramontistas residentes en Cuba sentimos ante esa escalada de violencia que augura horas de dolor aún mayor a nuestros compatriotas.
Estamos seguros de que nuestros colegas exiliados, que se duelen igual que nosotros de las desgracias que sufre la Patria, apoyarán también nuestra postura, que queda reflejada en la presente carta abierta.
Pedimos a todas las personas de buena voluntad —y especialmente a los juristas— que se solidaricen con los cubanos que han sufrido la represión intensificada de estos últimos días, así como con los abogados agramontistas que hemos levantado nuestra voz a favor tanto de esas víctimas recientes como de todos los demás compatriotas que han sufrido persecución e injusticia.
La Habana, 24 de agosto de 2011.
Hildebrando Chaviano Montes
Bárbara Estrabao Bichilí
Miguel Alexéi Fernández Hernández
Manuel Fernández Rocha
René Gómez Manzano
Juan Carlos González Leiva
Francisco Leblanc Amate
René Lázaro López Benítez
Maybell Padilla Pérez
Vicente Padrón Casas
Roberto de Jesús Quiñones Haces
Raúl Luis Risco Pérez
Ernesto Antonio Vera Rodríguez
Denuncia al PRESIDENTE DEL TRIBUNAL SUPREMO de 23-8-11,click en la imagen para ampliar
Escrito a la MINISTRA DE JUSTICIA de 23-8-11
Denuncia al FISCAL GENERAL de la Repúblilca de 23-8-11.
6/22/2011
FINGIENDO LEGALIDAD
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Meses atrás, un popular diario de Miami, refiriéndose a un escrito promocional de un jurista no gubernamental, manifestó que, supuestamente, era “la primera ocasión” en que en Cuba se admitía una demanda contra un ministro. Esa afirmación demuestra ignorancia, pues en realidad eso se ve a diario en cualquier sala de lo administrativo.
El martes 14, el periódico, aludiendo al mismo caso, afirmó: “Un grupo de abogados independientes ha ganado el primer paso para inscribir” su organización. El rotativo señala que finalmente fue emitido el documento básico para solicitar la inscripción de la entidad. Según la Ley, éste es un certificado doblemente negativo acreditando que no existe ninguna otra asociación de nombre análogo o de fines similares a la que el solicitante desea constituir.
La obtención de ese escrito es merecida, tomando en cuenta los enormes esfuerzos desplegados por el perseverante jurista con ese objetivo. Baste señalar que el persistente colega presentó dos demandas administrativas que llegaron hasta la fase de casación antes de ser rechazadas definitivamente. Un trabajo de meses.
En la primera oportunidad, el Tribunal Supremo repulsó la promoción por haber sido presentada en nombre de una entidad inexistente. En la segunda, dicha corte argumentó, entre otras cosas, que el recurso de alzada debió haberlo presentado en su momento a la Ministro de Justicia (autoridad competente para conocerlo) y no a una oficina provincial.
Después de tanto esfuerzo, los burócratas se dignaron —¡por fin!— entregar la certificación solicitada. Debo decir que es un verdadero descaro que durante años esos documentos sean negados a los solicitantes. Porque hay que aclarar que el caso de ese abogado no es único.
En Cuba, cientos de otros ciudadanos deseosos de constituir organizaciones independientes han sufrido ese mismo silencio de las autoridades, también durante años, sólo que no han demostrado el optimismo a toda prueba del mencionado colega.
Pero, en definitiva, ¿qué dice el documento cuya expedición constituyó noticia? Él no tiene el carácter doblemente negativo que, según vimos, exige la Ley, pues afirma que no aparece ninguna otra asociación inscrita con el mismo nombre, pero precisa que existen otras dos que, supuestamente, tienen los mismos objetivos de la que ahora aspira a crear el perseverante jurisconsulto.
Por supuesto que eso es mentira: jamás organizaciones plegadas al régimen como la Unión Nacional de Juristas de Cuba y la Organización Nacional de Bufetes Colectivos, creadas para apuntalar el monstruoso sistema imperante, podrán tener iguales fines que una entidad independiente cualquiera. Pero no estamos hablando de la realidad, sino de la arbitraria interpretación que las autoridades hacen de esa misma realidad.
La gentileza extrema con que fue atendido el tenaz jurisconsulto (que él aplaude y desea “a cuanto cubano acude a ese ministerio”) parece indicar que la interpretación oficial es la que me temo. Dadas las características de este régimen, esa inusitada amabilidad me recuerda el “beso de la muerte” que los mafiosos estampan en aquellos que marcan para ser asesinados.
Por suerte, el receptor de la certificación parece haber encontrado sagazmente la vía para obviar ese aparente valladar haciendo uso de su depurada técnica jurídica. Eso es lo que indica el gozo extremo que manifestó ante veintenas de otros disidentes y diplomáticos congregados la noche del mismo martes 14 en una residencia habanera.
En el mismo sentido apunta lo declarado por él al periódico miamense: “Agregó que se encuentra trabajando actualmente en el siguiente paso: la solicitud de que la AJC sea oficialmente reconocida como la primera organización independiente y verdaderamente no gubernamental de Cuba”.
Aguardemos expectantes los resultados de sus próximas gestiones y deseémosles éxito a él y a su señora esposa, pero sin excluir la posibilidad de que el resultado les sea adverso. En definitiva, el de Cuba es un régimen protervo, que sólo finge legalidad.
La Habana, 16 de junio de 2011.
Abogado y periodista independiente
Meses atrás, un popular diario de Miami, refiriéndose a un escrito promocional de un jurista no gubernamental, manifestó que, supuestamente, era “la primera ocasión” en que en Cuba se admitía una demanda contra un ministro. Esa afirmación demuestra ignorancia, pues en realidad eso se ve a diario en cualquier sala de lo administrativo.
El martes 14, el periódico, aludiendo al mismo caso, afirmó: “Un grupo de abogados independientes ha ganado el primer paso para inscribir” su organización. El rotativo señala que finalmente fue emitido el documento básico para solicitar la inscripción de la entidad. Según la Ley, éste es un certificado doblemente negativo acreditando que no existe ninguna otra asociación de nombre análogo o de fines similares a la que el solicitante desea constituir.
La obtención de ese escrito es merecida, tomando en cuenta los enormes esfuerzos desplegados por el perseverante jurista con ese objetivo. Baste señalar que el persistente colega presentó dos demandas administrativas que llegaron hasta la fase de casación antes de ser rechazadas definitivamente. Un trabajo de meses.
En la primera oportunidad, el Tribunal Supremo repulsó la promoción por haber sido presentada en nombre de una entidad inexistente. En la segunda, dicha corte argumentó, entre otras cosas, que el recurso de alzada debió haberlo presentado en su momento a la Ministro de Justicia (autoridad competente para conocerlo) y no a una oficina provincial.
Después de tanto esfuerzo, los burócratas se dignaron —¡por fin!— entregar la certificación solicitada. Debo decir que es un verdadero descaro que durante años esos documentos sean negados a los solicitantes. Porque hay que aclarar que el caso de ese abogado no es único.
En Cuba, cientos de otros ciudadanos deseosos de constituir organizaciones independientes han sufrido ese mismo silencio de las autoridades, también durante años, sólo que no han demostrado el optimismo a toda prueba del mencionado colega.
Pero, en definitiva, ¿qué dice el documento cuya expedición constituyó noticia? Él no tiene el carácter doblemente negativo que, según vimos, exige la Ley, pues afirma que no aparece ninguna otra asociación inscrita con el mismo nombre, pero precisa que existen otras dos que, supuestamente, tienen los mismos objetivos de la que ahora aspira a crear el perseverante jurisconsulto.
Por supuesto que eso es mentira: jamás organizaciones plegadas al régimen como la Unión Nacional de Juristas de Cuba y la Organización Nacional de Bufetes Colectivos, creadas para apuntalar el monstruoso sistema imperante, podrán tener iguales fines que una entidad independiente cualquiera. Pero no estamos hablando de la realidad, sino de la arbitraria interpretación que las autoridades hacen de esa misma realidad.
La gentileza extrema con que fue atendido el tenaz jurisconsulto (que él aplaude y desea “a cuanto cubano acude a ese ministerio”) parece indicar que la interpretación oficial es la que me temo. Dadas las características de este régimen, esa inusitada amabilidad me recuerda el “beso de la muerte” que los mafiosos estampan en aquellos que marcan para ser asesinados.
Por suerte, el receptor de la certificación parece haber encontrado sagazmente la vía para obviar ese aparente valladar haciendo uso de su depurada técnica jurídica. Eso es lo que indica el gozo extremo que manifestó ante veintenas de otros disidentes y diplomáticos congregados la noche del mismo martes 14 en una residencia habanera.
En el mismo sentido apunta lo declarado por él al periódico miamense: “Agregó que se encuentra trabajando actualmente en el siguiente paso: la solicitud de que la AJC sea oficialmente reconocida como la primera organización independiente y verdaderamente no gubernamental de Cuba”.
Aguardemos expectantes los resultados de sus próximas gestiones y deseémosles éxito a él y a su señora esposa, pero sin excluir la posibilidad de que el resultado les sea adverso. En definitiva, el de Cuba es un régimen protervo, que sólo finge legalidad.
La Habana, 16 de junio de 2011.
6/08/2011
UNA HUELGA Y UN RECLAMO JUSTOS
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
El pasado viernes, la opinión pública cubana —comenzando por quienes nos enfrentamos al actual régimen— se estremeció al conocer la noticia del inicio de una nueva huelga de hambre y sed por parte del denodado líder opositor santaclareño licenciado Guillermo Fariñas Hernández.
En esta ocasión, el motivo de la protesta pacífica del fraterno Coco es el silencio hecho por las autoridades en torno a la muerte del disidente Juan Wilfredo Soto García (El Estudiante). Tras afirmar en la prensa plana y televisiva que la desaparición física de este activista villaclareño se debió a causas naturales, los voceros del régimen no han vuelto a tocar el tema.
Al parecer, han dado por liquidado el incidente; pero para nosotros, los hermanos de ideales de Juan Wilfredo, no puede ser así, pues no olvidamos las circunstancias de su muerte. Tampoco podemos borrar de la memoria otros crímenes espantosos, como el exterminio deliberado de decenas de ciudadanos inermes —muchos de ellos niños— en el hundimiento del trasbordador 13 de Marzo.
En el caso específico de Soto García, por supuesto que tenemos que demandar el esclarecimiento de su muerte, sobrevenida algunas horas después de recibir una brutal golpiza de manos de la policía en el céntrico Parque Vidal de la ciudad de Santa Clara, tal y como fue informado de inmediato mediante mensajes de Twitter.
Ante las denuncias formuladas por sus hermanos de causa, las máximas autoridades del país invirtieron el orden normal de las cosas: en lugar de realizar una investigación para pronunciarse después en base a lo esclarecido por medio de ella, lo que hicieron fue anunciar de entrada las conclusiones sin realizar indagación previa alguna.
La versión oficial, que reconoce el carácter violento de la muerte de Juan Wilfredo al llamarlo “occiso”, no alude a las cámaras de seguridad instaladas en el Parque Vidal, ni ofrece exhibir lo grabado por ellas, lo que permitiría esclarecer de manera indubitada qué fue lo que realmente sucedió el día aciago en ese lugar.
Pero ahora la demanda de que se esclarezcan las circunstancias que rodean la desaparición física de Soto García adquiere una nueva dimensión, al quedar vinculada esa petición a la protesta pacífica iniciada este viernes por El Coco. Frente a las afirmaciones del régimen, que nos acusa a los opositores como calumniadores, el combativo psicólogo santaclareño pone su vida en prenda de su veracidad.
Se sabe que no es la primera huelga de hambre y sed del licenciado Fariñas. La anterior se prolongó por 135 días, y estuvo a punto de cobrar su preciosa vida: cuando finalmente la suspendió tras el anuncio de la excarcelación de todos los presos de conciencia, estaba prácticamente agonizando.
Justamente por esa disposición del Coco a llevar sus actos de protesta hasta las últimas consecuencias, nos preocupa sobremanera el desarrollo de los futuros acontecimientos. Por lo demás, la petición que él formula (que se realice una investigación exhaustiva de lo sucedido con El Estudiante) es justa y razonable.
Es necesario que la opinión pública dirija su atención hacia esta nueva huelga de Fariñas. Esperemos, en consecuencia, que la prensa cubra ampliamente esta protesta que él acaba de comenzar, máxime cuando no es sólo su vida la que corre peligro: al igual que en la ocasión anterior, el profesor Félix Antonio Bonne Carcassés ha ratificado su disposición a continuar el desafío cívico si El Coco cae. Quizás otro siga a Bonne.
Estos patriotas admirables que, como Fariñas, ponen sus cuerpos y sus vidas mismas como garantía de la pureza de sus ideales, merecen la atención general. Todos los hombres y mujeres de buena voluntad deben demandar al gobierno castrista que satisfaga la justa demanda del bravo huelguista.
La Habana, 6 de junio de 2011.
5/18/2011
EL VUELO DE LA MENTIRA
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Durante mis decenios de lucha contra el totalitarismo castrista, han muerto en libertad muchos hermanos de empeños. El más prominente: Don Gustavo Arcos Bergnes, con cuya amistad me honré y a quien no pude dar el último adiós, ya que su lamentable deceso se produjo durante mi segunda estancia en prisión.
También están Jesús Yanes Pelletier y Miguel Valdés Tamayo, y otros un poco menos conocidos, como Gladys Núñez Villalta, José Ramón Ávalos y Mercedes Núñez. En la pequeña Corriente Agramontista puedo mencionar a los abogados independientes Antonio de Varona, Jorge Bacallao y Orlando Affre.
Y no puedo olvidar al inefable amigo Amargós, a quien me parece estar viendo todavía, tocando sudoroso a mi puerta —como a las de tantos otros— para invitarme a lo que él llamaba “un encuentro democrático”: todos reunidos y él de presidente…
Pensé que, tras escribir mi artículo “Crónica de un asesinato anunciado”, no tendría que volver a ocuparme de la desgraciada muerte de Juan Wilfredo Soto, pero la maldad del régimen comunista, empeñado en tratar de ocultar que El Estudiante perdió la vida a pocas horas de una brutal paliza policial, me obliga a abordar de nuevo el tema.
A esos que tratan de negar lo evidente, les haría de entrada una pregunta: Si, como argumentan, lo que se dice sobre Soto García es sólo una gran mentira de nosotros los disidentes y la prensa extranjera, ¿entonces por qué estuvimos esperando a que muriera él para comenzar la gran campaña!
Digo esto porque, como recordaba yo unos párrafos atrás, durante muchos años han estado falleciendo opositores cubanos, ¡pero a nadie se le ocurrió responsabilizar de sus decesos a las autoridades! En ninguno de esos sucedidos anteriores se hizo una imputación parecida a la actual, aunque es evidente que, para calumniar a los castristas, cualquier difunto habría servido.
¿Qué de especial tendría El Estudiante para que sí hayamos hecho con él lo que omitimos antes! Lo único peculiar es que, a diferencia de nuestros otros muertos, él sí fue víctima de una feroz golpiza que lo privó de la vida. Por eso es que la denuncia de un crimen, que faltó en los restantes casos, sí se hizo en el de Juan Wilfredo.
Nos hemos limitado a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Por esa razón es que las otras desapariciones físicas de disidentes no las utilizamos como pretexto para iniciar una campaña. Porque hubiéramos tenido que mentir.
El razonamiento oficialista, pese a su reiteración, resulta endeble: la misma Nota Informativa habla del “occiso”, término que, según el diccionario, significa “muerto violentamente”. Las declaraciones de varios médicos y de familiares atemorizados fueron editadas de manera escandalosa, convertidas en un verdadero picotillo, y ya se sabe que, si se emplean recursos como ésos, puede mostrarse al Papa atacando a Cristo…
En cualquier caso, los castristas disponen ahora de medios ideales para demostrar la supuesta falsía de sus oponentes: sólo necesitan exhibir los videos filmados por las cámaras de seguridad del Parque Vidal, así como los tomados durante la necropsia de Juan Wilfredo. O facilitar que forenses de reconocido prestigio internacional realicen un nuevo examen post mortem, tal y como pedimos los miembros del grupo plural de análisis ALDECU el pasado día 10.
En el ínterin, hacen mal los bolcheviques cubanos si creen haber obtenido un éxito notable al persuadir a algunos ciudadanos de su torcida versión de los hechos. En el mejor de los casos, es posible que hayan logrado convencer a una parte de la población —incluso tal vez mayoritaria— en La Habana u Oriente, ¡pero no en Santa Clara!
En la ciudad de Marta Abréu son demasiados los que presenciaron los sucesos, y aunque los comunistas hayan logrado atemorizar a los testigos para que no publiquen lo que vieron, no pueden impedirles comentar el caso con sus parientes y amigos. De ese modo, todos los lugareños se han ido enterando de la triste realidad.
Por ende, que no se asombren si su discurso propagandístico se desvaloriza aún más a los ojos de los santaclareños o si su retórica es repudiada por ellos. Porque, como reza el refrán: Por mucho que la mentira vuele, siempre la verdad la alcanza.
La Habana, 16 de mayo de 2011.
3/10/2011
¿DE NUEVO EN ÁFRICA?
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Desde el comienzo de la crisis en Libia, los líderes de los países que enarbolan la bandera del “socialismo del siglo XXI”, con mayor o menor desparpajo, han expresado su apoyo al tirano que desde hace más de cuatro décadas oprime al pueblo de ese estado árabe del Norte de África.
Resulta curiosa la atracción que esos izquierdistas sienten por el pintoresco fundamentalista musulmán que ha impuesto su dominio brutal sobre el pueblo libio. Su antiamericanismo a ultranza hace que esos señores le perdonen gustosamente sus muchos otros pecados, que incluyen atroces atentados terroristas contra bares y aviones.
Daniel Ortega se ha destacado en su desenfrenado respaldo al dictador de Trípoli. En la coyuntura actual actuó con la misma irracionalidad que cuando perpetró la estupidez de convertir a Nicaragua en el único estado que apoyó al Kremlin en su aventura de reconocer la independencia de los territorios georgianos de Osetia del Sur y Abjazia.
Otros líderes del ALBA, más taimados que el centroamericano, aunque no ocultan sus simpatías por el coronel Gaddafi, evitan apoyar directamente la brutal represión desatada por éste contra su pueblo sublevado. Prefieren enmascarar su apoyo con expresiones de repudio a las supuestas intenciones agresivas de Occidente.
Por ejemplo, Fidel Castro, referente ideológico de toda esa izquierda carnívora, ha preferido invocar en sus “reflexiones” la presunta mezcla de verdad y mentira que hay en las informaciones sobre la lucha civil en Libia, por lo cual ha reclamado “el tiempo necesario” (que no se sabe cuál es) para evitar tener que emitir un veredicto sobre ese particular.
Lo que sí da por sentado el Reflexionante en Jefe es el propósito de los Estados Unidos y otras potencias occidentales de desatar lo que en sus últimos trabajos él ha bautizado como “la guerra inevitable de la OTAN”, la cual, según su vaticinio de hace un par de semanas, se desataría “en cuestión de horas o muy breves días”.
De la última parte de esos escritos, publicada en el diario Granma el pasado viernes, lo que más me inquieta es la innecesaria referencia que hace a la actuación de tropas cubanas, años atrás, en la República Popular de Angola. A ello, como es de suponer, se refiere en términos muy laudatorios el Comandante en Jefe de aquellos tiempos.
Los párrafos de esa “reflexión” que aluden a aquel triste episodio de la historia de Cuba son seguidos por la oración siguiente: “Lamento tener que recordar estos hechos cuando otro gran riesgo se cierne sobre los pueblos árabes, porque no se resignan a seguir siendo víctimas del saqueo y la opresión”.
Se imponen varias interrogantes: ¿Por qué, al hablar de la situación actual de Libia, se recuerda la pasada intervención isleña en Angola? ¿Es que, debido a lo que ellos consideran el “gran riesgo que se cierne sobre los pueblos árabes”, los dirigentes cubanos están pensando en actuar como lo hicieron más de un tercio de siglo atrás en aquella ex colonia portuguesa?
Por supuesto que tenemos que tenemos que expresar nuestro rechazo a la mera idea de que compatriotas nuestros vayan de nuevo a arriesgar sus vidas en defensa de un tirano grotesco. Recordemos La Patria es de todos: Los cubanos no tenemos por qué repetir “aquel esfuerzo baldío, que lo único que significó para el pueblo fue la separación familiar, luto, dolor y enfermedades exóticas, entre otras cosas”.
¡Que haya transparencia! ¡Que no se repita jamás lo de Angola, donde durante muchos meses hubo cubanos matando y muriendo mientras nuestro pueblo permanecía totalmente ajeno a lo que sucedía, ignorante de que a ese convulsionado país se habían enviado las llamadas “tropas internacionalistas” para defender intereses que no eran —ni son— los de Cuba.
La Habana, 7 de marzo de 2011.
Abogado y periodista independiente
Desde el comienzo de la crisis en Libia, los líderes de los países que enarbolan la bandera del “socialismo del siglo XXI”, con mayor o menor desparpajo, han expresado su apoyo al tirano que desde hace más de cuatro décadas oprime al pueblo de ese estado árabe del Norte de África.
Resulta curiosa la atracción que esos izquierdistas sienten por el pintoresco fundamentalista musulmán que ha impuesto su dominio brutal sobre el pueblo libio. Su antiamericanismo a ultranza hace que esos señores le perdonen gustosamente sus muchos otros pecados, que incluyen atroces atentados terroristas contra bares y aviones.
Daniel Ortega se ha destacado en su desenfrenado respaldo al dictador de Trípoli. En la coyuntura actual actuó con la misma irracionalidad que cuando perpetró la estupidez de convertir a Nicaragua en el único estado que apoyó al Kremlin en su aventura de reconocer la independencia de los territorios georgianos de Osetia del Sur y Abjazia.
Otros líderes del ALBA, más taimados que el centroamericano, aunque no ocultan sus simpatías por el coronel Gaddafi, evitan apoyar directamente la brutal represión desatada por éste contra su pueblo sublevado. Prefieren enmascarar su apoyo con expresiones de repudio a las supuestas intenciones agresivas de Occidente.
Por ejemplo, Fidel Castro, referente ideológico de toda esa izquierda carnívora, ha preferido invocar en sus “reflexiones” la presunta mezcla de verdad y mentira que hay en las informaciones sobre la lucha civil en Libia, por lo cual ha reclamado “el tiempo necesario” (que no se sabe cuál es) para evitar tener que emitir un veredicto sobre ese particular.
Lo que sí da por sentado el Reflexionante en Jefe es el propósito de los Estados Unidos y otras potencias occidentales de desatar lo que en sus últimos trabajos él ha bautizado como “la guerra inevitable de la OTAN”, la cual, según su vaticinio de hace un par de semanas, se desataría “en cuestión de horas o muy breves días”.
De la última parte de esos escritos, publicada en el diario Granma el pasado viernes, lo que más me inquieta es la innecesaria referencia que hace a la actuación de tropas cubanas, años atrás, en la República Popular de Angola. A ello, como es de suponer, se refiere en términos muy laudatorios el Comandante en Jefe de aquellos tiempos.
Los párrafos de esa “reflexión” que aluden a aquel triste episodio de la historia de Cuba son seguidos por la oración siguiente: “Lamento tener que recordar estos hechos cuando otro gran riesgo se cierne sobre los pueblos árabes, porque no se resignan a seguir siendo víctimas del saqueo y la opresión”.
Se imponen varias interrogantes: ¿Por qué, al hablar de la situación actual de Libia, se recuerda la pasada intervención isleña en Angola? ¿Es que, debido a lo que ellos consideran el “gran riesgo que se cierne sobre los pueblos árabes”, los dirigentes cubanos están pensando en actuar como lo hicieron más de un tercio de siglo atrás en aquella ex colonia portuguesa?
Por supuesto que tenemos que tenemos que expresar nuestro rechazo a la mera idea de que compatriotas nuestros vayan de nuevo a arriesgar sus vidas en defensa de un tirano grotesco. Recordemos La Patria es de todos: Los cubanos no tenemos por qué repetir “aquel esfuerzo baldío, que lo único que significó para el pueblo fue la separación familiar, luto, dolor y enfermedades exóticas, entre otras cosas”.
¡Que haya transparencia! ¡Que no se repita jamás lo de Angola, donde durante muchos meses hubo cubanos matando y muriendo mientras nuestro pueblo permanecía totalmente ajeno a lo que sucedía, ignorante de que a ese convulsionado país se habían enviado las llamadas “tropas internacionalistas” para defender intereses que no eran —ni son— los de Cuba.
La Habana, 7 de marzo de 2011.
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