René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
Este sábado fue de regocijo para la oposición cubana, aunque no faltó la nota discordante. Ese día y la víspera fueron liberados tres de los diez presos de conciencia cubanos que permanecían encarcelados.
El viernes regresó a su hogar el luchador pinareño Eduardo Díaz Fleitas, y al día siguiente por la mañana partimos para su domicilio, en el poblado de Entronque de Herradura, las damas de blanco Laura Pollán y Bertha Soler, y el autor de estas líneas.
En la casa de Eduardo no cesaba el desfile de lugareños que, sin importarles qué pudieran pensar las autoridades, pasaban constantemente para saludarlo y darle sus parabienes.
Anécdota curiosa la del vecino que se acercó e hizo desde la calle un gesto de saludo. Había actuado como testigo del fiscal contra Díaz Fleitas; éste salió a la vía pública para darle la mano. Después comentó: “Yo no tengo odio”. ¡Y la policía política acababa de despojarlo arbitrariamente de todos sus apuntes y poemas!
Poco después del mediodía supimos de la liberación de Héctor Maseda, marido de Laura Pollán. Se imponía el regreso a La Habana, el cual iniciamos de inmediato.
El reencuentro tardó todavía: Maseda, al saber que su esposa estaba en otra provincia, salió para visitar a hijos y nietos. La prensa extranjera se agolpaba frente a la modesta e histórica casita de la calle Neptuno esperando su retorno.
Llegó al cabo de un rato. Los informadores captaron el abrazo de ambos cónyuges y de inmediato comenzó una improvisada conferencia de prensa en la que el recién liberado estuvo brillante. Tras saludarlo, me retiré para la casa, y estando allí recibí otra buena noticia: También había sido excarcelado Ángel Moya, esposo de la también dirigente de las Damas de Blanco Bertha Soler. Una vez más salí a la calle.
Felizmente, mi arribo al apartamento del Reparto Alamar fue pacífico. Es el caso que, unos minutos antes de abandonar nuevamente mi vivienda, supe que la del matrimonio Moya-Soler era objeto de un violento acto de repudio, de modo que yo ignoraba qué situación me encontraría al llegar allá.
Después supe el origen de esta nueva barbaridad. Los dos excarcelados del sábado preferían seguir presos antes que recibir una licencia extrapenal. Tanto uno como otro demandaban el uso de algún mecanismo diferente contemplado en la ley penal vigente.
Al serles comunicada la decisión adversa de las autoridades, ambos expresaron su rechazo. Para protestar, Moya se desvistió; fue reducido por la fuerza, introducido en un vehículo y trasladado hacia la playa de Guanabo; por el camino lo vistieron coactivamente. A su llegada a Alamar lo esperaban las “turbas divinas”.
Como la versión oficial plantea que en esos casos “el pueblo enardecido actúa de manera espontánea”, se impone una pregunta: ¿Qué medio maravilloso emplearon los congregados de Alamar para enterarse de la actitud de Moya? ¿Son adivinos! ¡Porque el desafío del valiente luchador tenía lugar a kilómetros de allí!
Al llegar al lugar Bertha Soler acompañada por Laura, Maseda y Reina Luisa Tamayo, los esperaba la prensa extranjera, que pudo recoger los detalles del bochornoso espectáculo escenificado por los repudiantes, que incluso lanzaron piedras.
Así como el alacrán del cuento es capaz de matar a la rana salvadora, los castristas parecen empeñados en opacar, con actos vandálicos como el de Alamar, el efecto favorable a sus intereses que pueden lograr con las excarcelaciones.
De todos modos, creo que lo más importante de esa jornada fue la actitud asumida por los liberados, quienes, al igual que Guido Sigler la semana anterior, expresaron unánimemente su firme voluntad de continuar la lucha pacífica en pro del restablecimiento de la democracia en Cuba.
A hombres como ésos y como los siete que aún guardan injusta prisión les corresponde un papel de primerísimo orden en el combate contra el totalitarismo que ahoga a nuestra Patria.
La Habana, 14 de febrero de 2011.
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