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7/04/2010

Pedro Corzo con Cuba en su alma nos habla de la tala de los Robles


Fueron pinos nuevos como hubiera dicho José Martí, pero el sacrificio continuado, la entrega a una causa que defendieron hasta el último aliento los transformó en robles, en símbolos de una resistencia que ha superado toda expectativa e infinidad de vicisitudes. Los robles están cayendo. Hace años que la oscuridad se viene cerniendo sobre un bosque de hombres y mujeres que en los mejores momentos de sus vidas escogieron el camino más difícil, que como es sabido es el del deber.

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1/20/2010

Pedro Corzo - 157 Aniversario Natalicio de José Martí


Palabras de Pedro Corzo, presidente del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, por el 157 aniversario del natalicio de José Martí, durante un encuentro de cubanos y venezolanos para celebrar el acontecimiento. El evento se efectuó en el Havana Miami Restaurant de la 8800 Sw 56 St de Miami, FL.


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wenceslaocruzblanco


9/06/2009

La pantalla de Azogue Pedro Luis Boitel



http://www.youtube.com/watch?v=fW_P1vVRpp0


http://www.youtube.com/watch?v=fXRd85J3xxE


http://www.youtube.com/watch?v=by3AZsTnFzg

BaracuteyCubano

2/23/2008

DE DICTADURA UNIPERSONAL A COLEGIADA

La renuncia de Fidel Castro a las posiciones de Presidente del Consejo de Estado y Jefe de Gobierno generará en Cuba espacios insospechados pero no de inmediato. Sería ingenuo pensar que el cambio de manager, por importante que este haya sido, trocaría las reglas fundamentales que se establecieron en la isla en 1959.

Cierto que Cuba ha estado sometida por casi medio siglo a un totalitarismo carismático y la desaparición de esa condición tendrá sus consecuencias, pero el régimen está estructurado sobre un andamiaje de intereses y complicidades en el que Castro fue la pieza principal pero no la única. La capacidad represiva del Gobierno no disminuye por su ausencia y las condiciones para que el ciudadano recobre su soberanía personal no se generan de inmediato y menos si el régimen continua asfixiando a la sociedad.

La ausencia de Fidel, en caso de que sea extrema o total, pone en falta su carisma, la habilidad para seducir partidarios y adversarios y su innegable don para manipular situaciones. Se notará la carencia de su talento político y su aguzado sentido de la oportunidad, lo que evidentemente afectará al gobierno, pero no es una decisión que implique por sí misma poner en juego la estabilidad de la dictadura.

Su intervención estará presente mientras respire y sea capaz de trasmitir una idea, pero evidentemente la gobernabilidad debe propiciar infinidad de oportunidades para que esa influencia vaya disminuyendo a una celeridad que le agudizará la amargura de no haber podido gobernar hasta el último suspiro y el postrero carajo.

La decisión de Fidel Castro marca el fin de la Sucesión y la reafirmación de que Cuba ha estado gobernada por décadas por una aristocracia política con muchos visos dinásticos. Los vástagos de la dirigencia gestan familias entre ellos y los hijos de los líderes de primer nivel pueden a la sombra de sus progenitores aspirar a ser Alto Ejecutivo de la empresa que es el Gobierno de Cuba.

Raúl Castro ha compartido el poder con Fidel todo este tiempo. Es corresponsable de lo que ha ocurrido en la isla, tanto de los fracasos como de los éxitos que algunos ciegos ven. Ha sido la sombra de su hermano aún en el periodo que estuvo al frente de la Sucesión.

Durante ese mandato de poco más de año y medio no tomó ninguna decisión clave, fue más de lo mismo y la única diferencia apreciable fue su bajo perfil tanto en instancias nacionales como extranjeras. Otra diferencia fue su ausencia en la escena internacional. Contrario a lo que se podía suponer, el hermano menor no ambicionaba montar su propio show y lo que más parece gustarle es estar fuera del escenario aunque con la batuta para dirigir la orquesta.

Por otra parte es de creer que los Castro y algunos elegidos del alto gobierno, conocen desde hace meses que el “Máximo” no podría regresar al gobierno, pero que esperaron hacer pública esa situación cuando se llegó al convencimiento de que toda la maquinaria gubernamental estaba debidamente aceitada con sus tornillos bien ajustados.

Para ellos el Proceso de Sucesión fue un éxito y aunque deben tener programadas algunas concesiones, están convencidos que ninguna de éstas va a afectar la columna vertebral del sistema. La soberbia de la nomenclatura descarta propias contradicciones y la emergencia de una corriente de reivindicación de derechos que ponga en peligro el sistema.

La dictadura unipersonal en Cuba termina con la renuncia del Comandante a seguir dirigiendo los destinos del país, para iniciar así una especie de Transición dentro del sistema, no para cambios medulares, lo que tal vez fue el sueño de Francisco Franco. Esto podría ser inmediato o a corto plazo, pero se aprecia en la carta en la que Fidel Castro informaba su alejamiento del poder por razones de salud, que hay una voluntad de establecer en Cuba un gobierno colegiado con un eje central que se supone sea Raúl Castro.

La Sucesión ha terminado y se inicia un proceso de Transición en la continuidad. No una Transición a la democracia. La renuncia de Castro sirve para legitimar el control sobre el poder central que sus partidarios ostentan desde hace varios meses. El poder absoluto no puede permitirse una provisionalidad indefinida. Eso quebranta la férrea jerarquización que ayuda a conservar el control.

Cuba está en la ruta de la sovietización. Tengamos presentes que el primer Heredero era un ferviente admirador de la Unión Soviética. Los poderes del estado no estarán concentrados en una sola persona. Varios serán los jerarcas que se habrán de sostener teóricamente sobre un Partido Comunista a cuya secretaría general Fidel Castro no ha renunciado todavía, aunque sin descartar que lo haga en un eventual congreso del organismo partidario o en cualquier momento, si razones ajenas a su voluntad lo demandan.

No se deben esperar concesiones voluntarias. Fidel Castro proclamó que en Cuba no hay posibilidad de reformas sustanciales. La sombra de su despotismo y los intereses de sus partidarios todavía no permiten avizorar un futuro de libertad personal y democracia para la isla.

Darán migajas. Concederán perdones, pero la naturaleza del sistema no habrá de cambiar. Este, como siempre ha sido, es un momento para actuar y no para esperar.

Febrero 2008.

1/14/2008

Cuba - Los Castro no son los únicos culpables

Pedro CorzoTodo parece indicar que nos avocamos a un nuevo periodo cono nación porque la posible desaparición de Fidel Castro del escenario político cubano, mas allá de nuestras valoraciones como ciudadanos, cierra una etapa y genera nuevas expectativas que con el tiempo o abruptamente, resultaran en sucesos que afectaran nuestras existencias.

Por años hemos culpado con sobrada razón a los Castro y su camarilla de esbirros por todo lo que hemos padecido como pueblo, le hemos atribuido la responsabilidad de los muertos, presos, vejaciones, abusos sin nombres y exilio.

No tengo dudas de que son los responsable pero también me percato que una casa no se construye ni se destruye, como ha sido el caso cubano, solo con capataces, tiene que haber obreros, aprendices, esos que aprietan gatillos y grilletes, que gritan y golpean en los mítines de repudio y escriben y cantan versos a los tirano.

Es doloroso pero real. Algo latía mal en un sector de nuestro Pueblo para ser tan confiados y comprar las promesas de un mundo de maravillas “con gritos de paredón y elecciones para que, si Fidel es comunista que me pongan en la lista, atacaban la iglesia que habían visitado unos días antes, enterraban un periódico o quemaban una revista”, algo andaba mal cuando numerosas personas pacificas y tranquilas se convertían en verdugos y odiadores de oficio de la noche a la mañana porque un Rasputín caribeños en actos de hipnosis colectiva les seducía y convertía en vampiros que los mismo actuaban de noche que de día.

El castrismo, ese es su verdadero horror, convirtió la enfermedad de unos pocos en mal de muchos porque forjó La crisis de valores que el pueblo cubano padece en la actualidad, lo que sin dudas es la consecuencia más nefasta de la dictadura. El oportunismo, la mentira, el hacer de la vida diaria una práctica carnavalesca y de la simulación una ciencia para vivir mejor o simplemente sobrevivir, ha corroído varios de los fundamentos más sólidos de nuestra sociedad.

Cerrar los ojos ante la angustia del vecino, ser cómplice en silencio o en activo, repudiar al que hace lo que uno desea realizar para recoger las migajas que aquel pierde, es un juego criminal que degrada a quien lo practica. Una persona que violenta la dignidad de otra no está defendiendo una causa sino sus intereses.

Sin dudas que el envilecimiento es potestativo de quien lo ejecuta. El acto de repudio, el abucheo, la golpiza, el hostigamiento son acciones voluntarias que practica el sujeto activo por su conveniencia y no por convicciones.

La falta de decoro ha contaminado vasta y profundamente la nación. Innumerables familias se separaron por la política y no pocas llegaron a odiarse por igual motivo. El fanatismo primero y la crónica miseria después, sacaron a relucir lo más miserable de muchas personas.

La crisis es raigal y se comprueba con una frecuencia desesperante. El ansia de consumo producido por una persistente y aguda escasez va más allá de la satisfacción de una necesidad. No pocas personas solicitan a familiares en el extranjero artículos que estos desconocen porque los precios muchas veces superan el presupuesto domestico.

Miles de los que viajan a Cuba venden la capacidad de sus valijas, haciendo buena zafra, con aquellos que no confían en las agencias de envíos. Estar fuera de Cuba no es para estas personas una condición que les permite denunciar la realidad de la isla sino un estado que le posibilita ayudar a su familia o simplemente satisfacer sus caprichos.

Supuestos exiliados, algunos acogidos a legislaciones de carácter políticos se involucran en actividades económicas en las que funcionarios de la dictadura dicen la última palabra. Agencias de viaje, gestores de visas, oficinas que remiten dinero a Cuba, en fin negocios lícitos pero que solo pueden desarrollarse si cuentan con el respaldo y el reconocimiento de la mafia de La Habana.

En Cuba, el campesino acosado, las más de las veces corriendo riesgos de ir a prisión venden sus cosechas a precios fuera del alcance de quien vive de un salario. El obrero ajustado a un sueldo desespera ante la miseria y se ve obligado en ocasiones a tomar lo que no le pertenece. El mercado negro es quien oferta los mejores productos a precios verdaderamente prohibitivos.

Evadir el trabajo es para muchos una acción política de bajo riesgo pero para no pocos es la simple fuga de un compromiso con la sociedad en que vive, y de ahí a la vagancia no hay frontera perceptible.

La estafa, la venta fraudulenta y la prostitución se están escapando del submundo al que pertenecen y son acciones de los “vivos” en un universo que cada día se hace más cruel e insolidario. La norma, para muchos, es tomar la ruta más breve y fácil a cualquier parte sin importar lo que haya que dar a cambio.

Sin dudas, nunca es suficiente repetirlo, el régimen totalitario es el principal culpable de esta corrosión moral que amenaza toda la nación. Desde el primer día inoculó el odio y oficializó la venganza. Acabó con la riqueza de los ricos para distribuir mejor la miseria. Siempre, no hoy, el extranjero fue primer ciudadano en la isla del Doctor Castro. En los inicios el privilegio se sustento en la política, hoy en los dólares, o en ambos atributos.

Una nomenclatura gubernamental ha disfrutado sin interrupción no solo del poder sino de todas las riquezas que de este se derivan. Se instituyó una aristocracia artística, deportiva e intelectual en la que se

conjugan aparentemente cualidades notables siempre supeditadas a supuestas o reales convicciones políticas. Las Fuerzas Armadas rendían tributo a un ejército y nación extranjera. El movimiento obrero mutó a empresa del estado. La delación se institucionalizó. En fin, la república mutó a coto privado de un hábil mayoral gracias a la maldad, envilecimiento, complicidad e ingenuidad culposa de unos y a pesar del valor, la entrega y desinterés de otros.

Cuba como nación esta en peligro y los Castros no son los únicos culpables, creo que todos, unos mas que otros, hemos aportado desde un grano de arena a una montaña de canalladas al naufragio del país por eso es que estamos obligados a buscar fórmulas que ayuden al saneamiento del ciudadano y a la restauración del tejido social.

No debemos esconder la cabeza en la arena porque los peligros que enfrenta el país son los más serios en toda nuestra historia. Somos los responsables de nuestro pasado y deberíamos ser los garantes del futuro.

Durante toda la República, incluyendo la Totalitaria, factores extranjeros han jugado un importante rol en nuestros asuntos internos pero si miramos con detenimiento los procesos de mayor presencia foránea en nuestros asuntos internos ha sido el propio liderazgo isleño el que ha impulsado en alguna medida la ingerencia o la abierta intervención forastera

Evidentemente que en estos tiempos de globalización más de un factor extranjero querrá influir o participar en los asuntos de la isla pero es a los cubanos a quienes les corresponden con la virtud domestica del inolvidable Márquez Sterling contener la ingerencia extranjera.

Tengo la convicción de que en las dos orillas hay quienes miran con avidez la bandera de las barras y las estrellas en busca de la estabilidad que consideran que los cubanos no estamos aptos para instituir, también creo que hay otros que anhelan un cambio para entrar a bolsa sin fondo en la nueva república, no faltan los que solo se preocupan por su proyecto personal y le sabe a hiel lo que no le produzca beneficios directos, pero también tengo la convicción mas profunda que en las dos orillas hay cientos de miles dispuestos a honrar su gentilicio y que una vez mas o por primera vez se entregaran con un gozo inmenso al servicio de su tierra.

La experiencia ha sido cruel, traumática en extremo. La recuperación será dolorosa y lenta pero sin lugar a dudas lo lograremos si nos convencemos que hay que exorcizar el Castro que todos tenemos dentro y que nunca mas debemos hacer dejación de nuestros derechos por bello que canten las sirenas que nos acechen.

Autor: Pedro Corzo

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