Cuba en el Mundo
El conocimiento es una cualidad imprescindible en el proceso inteligente al hacer una decisión sobre cualquier cosa. Lo que llamamos experiencia, término muy popular en la campaña política presente, no es otra cosa que el conocimiento adquirido a través de la práctica.
De acuerdo al Diccionario Esencial de la Lengua Española (Real Academia), la segunda definición de experiencia es “Práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo”. En cualquier actividad humana el conocimiento necesario para realizarla es vital y eso no necesita demostración.
Además, en toda actividad social la necesidad de conocimiento de cuanto esté relacionado con la misma, es implícita. Por ejemplo, en el magisterio. El maestro para realizar su misión educativa eficientemente necesita mantener la credibilidad de la clase en todo momento. Esa credibilidad sólo se mantiene demostrando conocimiento sobre la materia.
Hace muchos años un profesor de Segunda Enseñanza cometió en mi presencia un error tan absurdo que si no hubiera estado en el aula en ese momento nunca lo hubiera creído. Se refería el profesor a las varias razones que demoraran el arribo de Colón a las tierras del Nuevo Continente en su primer viaje.
El llamado “Mar de los Sargazos” (espesas algas marinas frecuentes en el Atlántico que obstruccionaban la navegación oceánica del siglo XV), fue propiamente descrito por el profesor como uno de los obstáculos encontrados por el famoso navegante. Pero cuando uno de los alumnos preguntó por qué eso demorara la travesía de Colón, ante el asombro de la clase el profesor respondió que se trataba de algas marinas “que aparentemente se enredaban en las hélices.”
El uso de la propela marítima empezó tres siglos más tarde y no trato de delucidar aquí si el profesor era totalmente ignorante de un tema tan básicamente relacionado a su disciplina, o si sólo fue víctima de un lapsus involuntario, ya que también cometo a veces errores tipográficos y hasta cronológicos en lo que escribo (aunque, en honor a la verdad ninguno remotamente tan morrocotudo) y casi siempre tengo la oportunidad de corregirlos antes de que se publiquen o simplemente rectificar mi error en la siguiente columna. Esa ventaja es sólo de quien escribe. Las palabras por el contrario, tienen resonacia permanente y por eso a partir de ese momento el profesor de Historia en mi relato perdió credibilidad con sus alumnos. Ese mismo día empecé a dudar de la equivalencia entre académicos y legítimos intelectuales.
A diferencia de los discursos o los debates, las expresiones espontáneas de los candidatos nos dicen mucho sobre la capacidad de los mismos para las posiciones a las que aspiran. Especialmente si esos indicios de garantías o de dudas sobre sus habilidades se manifiesten en un entorno hostil o favorable. Hace poco la candidata vicepresidencial y Gobernadora del Estado de Alaska, Sarah Palin, fue entrevistada por un conocido locutor de la cadena de radio y TV ABC. El mencionado inquisidor adoptando actitudes de superioridad profesoral le preguntó a la Gobernadora su opinión sobre lo que pomposamente llamó “la Doctrina Bush”.
Confieso que yo no sabía de lo que hablaba. Palin tampoco y así se lo hizo saber con su acertada respuesta; “¿En relación a qué?”.
La Doctrina Monroe es una formulación específica de política exterior norteamericana contra potencias extracontinentales, claramente definida en textos de historia. No así la supuesta “Doctrina Bush”, frase originada por el comentarista político Charles Krauthammer, en referencia a ciertas iniciativas militares de Bush, supuestamente “unilaterales”. Sin embargo, existen por lo menos otras tres definiciones de esa hipotética doctrina.
Más tarde, la Gobernadora Palin fue entrevistada por la “anchorwoman” de CBS y esta vez dio una respuesta evasiva y absurda a una legítima pregunta.
Empero, las inconsistencias de Palin son insignificantes cuando se las compara a la ignorancia supina del candidato vicepresidencial y senador Joseph Biden, quien fuera escogido como compañero de candidatura por el senador Barack Obama ostensiblemente por su “experiencia” en política externa.
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