La Unión Europea, a través de su comisario de Desarrollo, el belga Louis Michel, dijo ayer que espera establecer "un diálogo político constructivo" con el nuevo presidente cubano, Raúl Castro. Michel recordó que la UE quiere trabajar con Cuba "en coordinación con los socios europeos" para profundizar la cooperación "en temas de interés común, como el medio ambiente".
Esta declaración tan poco política tuvo como contrapeso un recordatorio a la Posición Común de la UE, que aboga por la apertura política de la isla y la liberación de los presos políticos. Michel viajará a Cuba los próximos 6 y 7 de marzo. La Comisión Europea "tomó nota" de la elección de Raúl Castro aunque no valoró la composición del Consejo de Estado elegido en Cuba, se felicitó por la reciente puesta en libertad de cuatro presos políticos -que han viajado a Madrid- y consideró que la firma del Convenio Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el de Derechos Civiles y Políticos "son pasos positivos que merecen reconocimiento".
Bruselas no esconde, a pesar de estas buenas palabras, que el objetivo a medio plazo es "alentar un proceso pacífico de transición hacia una democracia pluralista y el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales", como dijo el portavoz de Michel, John Clancy.
La UE estableció sanciones diplomáticas hacia Cuba tras la condena en abril de 2003 de 75 disidentes políticos. Entre las medidas, que se han ido levantando poco a poco, se incluían limitaciones de visitas de alto nivel, ausencia de actos oficiales en la isla e invitaciones de las embajadas europeas en La Habana a los disidentes, dando así más reconocimiento a la oposición que al régimen cubano. Como respuesta, Cuba rechazó cualquier tipo de ayuda europea y congeló sus relaciones con varios países, los que más habían presionado para la imposición de sanciones.
Los vaivenes en la política europea hacia Cuba han estado marcados desde hace años por los cambios en la posición española. Durante el gobierno de José María Aznar se aprobaron las sanciones. A la llegada de los socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero se empezó a girar, pese a la oposición de los países de Europa del Este que habían salido de dictaduras comunistas, hacia una política de "diálogo constructivo", dirigida más desde Madrid que desde Bruselas.
España entiende que puede mantener contactos tanto con el régimen castrista como con la disidencia, empujando para lograr liberaciones de opositores encarcelados y posicionándose ante el futuro de la isla. Madrid cree que una política más dura desde Europa, sumada al bloqueo estadounidense, echa a los cubanos a los brazos de Venezuela.
Aun así, la UE no tiene una idea común de cómo deben ser las relaciones con La Habana. Pese a la influencia ejercida hasta ahora por los gobiernos españoles, los países de Europa del Este abogan por una política similar a la estadounidense: sanciones, apoyo a la disidencia y ni una gota de agua al régimen.
2/26/2008
La UE habló de profundizar la cooperación y pidió una democracia pluralista.
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