8/10/2007

Socialismo Cubano:

Un Mito Fabricado Usando la Represión


Carlos Eduardo Ruiz


Y no sólo las rondas de fusilamientos que caracterizaron la llegada al poder de Fidel Castro, en 1959, sino hasta la represión de toda información y opinión contraria a la mantenida como cierta por el régimen—y la constante repetición de falsedades al estilo de Paul Joseph Goebbels—el ministro de propaganda del régimen nazi—quien dijo: “una mentira repetida constantemente, se convierte en una verdad”.

El más patente ejemplo del mito del socialismo cubano, lo constituye la leyenda construida alrededor de Ernesto Guevara de La Serna; alias el Che Guevara, que llegó a simbolizar o encarnar al “guerrillero heroico”—a pesar de que fracasó rotundamente en todos los cargos que le fueron asignados por el régimen cubano, después de la huída de Fulgencio Batista—y fracasó también en todos y cada uno de sus intentos por replicar la revolución cubana en África y América Latina, hasta que murió finalmente en 1967 a manos del ejército boliviano.

El otro patente ejemplo es la “dignidad del pueblo cubano”—expresión del régimen que pretende significar que el pueblo cubano mantiene su frente en alto a pesar de ser acosado inmisericordemente por el “imperialismo”—porque la realidad es que a los cubanos no se les respeta ningún derecho humano—ni siquiera el derecho a la vida—a menos que se comporten sumisamente y se humillen constantemente ante el régimen socialista.

Y esta ausencia de dignidad fue trágicamente expuesta al mundo, cuando el régimen cubano se vio obligado a solicitar en 1993 la ayuda de expertos de la Organización Mundial de la Salud y otras instituciones e investigadores, para tratar de encontrar la causa y detener una epidemia de ceguera que estaba afectando a decenas de miles de cubanos: Los expertos hallaron que la ceguera era causada por la malnutrición—y a pesar de esta tragedia, los socialistas cubanos exportan “su experticia” en salud y medicina comunitarias.

La revolución cubana, al poco tiempo de llegar a controlar el poder, se convirtió en un damnificado al destruir su frágil economía centrada en el cultivo de la caña de azúcar, y sólo ha logrado sobrevivir gracias al flujo de donaciones extranjeras—particularmente la que le proporcionó la Unión Soviética desde 1960 hasta 1991.

Desde el colapso de la Unión Soviética en 1991, hasta la llegada al poder en 1999 de Hugo Chávez, el pueblo cubano debió padecer ocho años consecutivos de atroces racionamientos de todo tipo: alimentos, vestuario, calzado, vivienda, agua potable, electricidad, combustibles, etc., etc., que sólo pudieron ser ligeramente paliados, cuando el régimen le perdió el asco al dólar estadounidense y a los hedonistas turistas capitalistas, que vacacionaban en Cuba para disfrutar de sus playas, del mojito cubano y de sus “mulatas”.

Poco o nada se conoce sobre las verdaderas estadísticas que describen a la miseria que padece el pueblo cubano, porque el régimen reprime cualquier información distinta a las cifras oficiales; aunque es innegable, conforme a los numerosos relatos de quienes han podido fugarse de la isla a bordo de precarias embarcaciones, o desertando en los países extranjeros a donde el régimen ha enviado delegaciones deportivas o de otro tipo—y la desesperación por escapar de Cuba fue patéticamente expuesta al mundo, cuando decenas de miles de cubanos congestionaron el puerto cubano de Mariel, a partir de abril de 1980, cuando el régimen decidió permitir la emigración al estado de Florida, Estados Unidos de América, a donde llegaron 125 mil cubanos, hasta que Castro, le puso fin abruptamente a esta apertura hacia la libertad.

La tragedia humana del socialismo cubano, no es nada diferente a las numerosas otras tragedias humanas provocadas por todo otro socialismo real, que alguna vez existió en cualquier país del mundo—y el mismo destino le espera al “Socialismo Bolivariano del Siglo 21”—que cree que los petrodólares lo mantendrán por siempre en el poder olvidándose de que la Unión Soviética, cuando colapsó en 1991, era el mayor productor del mundo tanto de petróleo como de gas natural.


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