Hiroshima-Nagasaki
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba - Las dos ciudades japonesas destruidas atómicamente hace 62 años gozan hoy de prosperidad y belleza, mientras La Habana, luego de 48 años, muestra al mundo los bombardeos de la “dictadura del proletariado”.La primera vez que tomé conciencia sobre la desproporción constructiva entre las ciudades destruidas durante la segunda guerra mundial y mi Habana fue al ver a principio de los 90 la impresionante película Alemania, Año Cero, que mostraba la destrucción causada por la guerra.Arrellanado en el asiento, meditaba cómo era posible que nuestra querida Habana se debata entre sus ruinas y la desolación de sus calles, sin haber sufrido tan siquiera un ligero combate callejero.
No es difícil comprender cómo el régimen, con su estatismo enfermizo convirtió a nuestro hermoso país en una ruina. Luego de más de medio siglo de democracia y liberalismo económico, Hiroshima y Nagasaki resurgen prósperas, mientras La Habana se deteriora día a día, pareciéndose cada vez más a una ciudad bombardeada.En los últimos cincuenta años Japón se encargó de abrirse al mundo, y se concentró en la producción, desde los zaibatsu hasta las pequeñas y medianas empresas, sin impedir la protección a los pequeños productores nacionales. Cuba, sin embargo, cerraba los mercados y prohibía las actividades económicas independientes.
En seis décadas, la tierra del sol naciente delimitó las bases de una amplia democracia, en la que están representadas todas las tendencias políticas y descentralizó las decisiones gubernamentales hasta en la más pequeña prefectura. Sin embargo, en la mayor de las Antillas y desde la misma entrada de los “barbudos”, se concentró todo el poder en Fidel Castro, que limitó las actividades políticas, fusilando y condenando a largas penas de cárcel a los opositores de conciencia, y suprimió la libertad de prensa, asociación y expresión.
Japón limitó al máximo sus fuerzas armadas luego de la Segunda Guerra. Las fuerzas de autodefensa sólo participan en misiones de paz en el exterior.
El gobierno de Cuba se embarcó en la confrontación con los Estados Unidos y en la exportación de la revolución a través de grupos subversivos en América Latina. El punto climático fue la intervención militar en algunos lugares lejanos como Siria, Angola y Etiopía.
A 62 años de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, esas ciudades resplandecen de prosperidad. Nuestra Habana se hunde. Como dijo el historiador guanabacoense William Gatorno: “La Habana está pagando la culpa de haber sido la ciudad más linda de América”.
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