Mostrando entradas con la etiqueta luis cino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luis cino. Mostrar todas las entradas

4/27/2008

La aplazada hora de hacer oposición

Luis Cino

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - Más de 12 años después del abortado Concilio Cubano, se constituyó el 10 de abril, en La Habana, la nueva concertación de la disidencia interna: la Agenda para la Transición.

Los principales líderes disidentes coincidieron en lo que el abogado René Gómez Manzano (uno de los firmantes, por la Asamblea para promover la Sociedad Civil) ha denominado “la unidad esencial de la oposición pacífica”: la excarcelación incondicional de los presos políticos, el respeto a los derechos humanos, la democracia y la libertad empresarial de los cubanos.

Se echó de menos la presencia de Oswaldo Payá, Eloy Gutiérrez Menoyo y Manuel Cuesta Morúa. Para ellos sigue en pie la invitación.

En momentos en que el régimen de relevo emprende un lento y tímido proceso reformista, la Agenda para la Transición, así como su antecedente, Unidad por la Libertad, marcan un punto de inflexión en la lucha pacífica por el cambio democrático en Cuba.

No obstante, el momento más que de euforia, debe ser de preocupación. La disidencia interna está frente al riesgo de un eventual aumento de la represión si la sucesión se considerara amenazada.

La leve mejoría en las condiciones de vida de los cubanos que significarían las reformas económicas, servirían al régimen para enmascarar la represión y aminorar su costo político. El mundo parece dispuesto, ahora que no está al mando Fidel Castro, a aceptar casi cualquier cosa a Raúl Castro para lograr un compromiso constructivo.

Pero ese no es el único riesgo de la disidencia. Peor que enfrentar una vez más la represión, pudiera resultar no comportarse a la altura del momento. La largamente aplazada (por consideraciones estratégicas, prudencia o inmadurez) hora de las definiciones está tocando a la puerta.

Desde su nacimiento, la disidencia interna ha desarrollado un activismo civilista en pro de los derechos humanos y la democracia, más ético que político, que no se ha planteado formalmente, con todo lo que ello implica, la toma del poder.

Las nuevas circunstancias políticas del país han puesto sobre el tapete la interrogante de si la oposición interna está preparada para ser protagonista de los cambios o si por el contrario, se limitará a observar de forma pasiva cómo las altas esferas del gobierno implementan las reformas que le permitan su supervivencia.

Los disidentes enfrentan simultáneamente las trampas y provocaciones de la policía política del régimen y la incomprensión de ciertos sectores del exilio más radical (a veces atizada con mano experta desde la jefatura de la Seguridad del Estado en La Habana).

Más allá de la semántica, se impone la necesidad de que la disidencia cubana se convierta en una verdadera oposición política organizada y coherente, que, junto a la emergente sociedad civil, sea capaz de influir con fuerza en el destino del país.

Para ello, las organizaciones disidentes tendrán que deshacerse de sus tradicionales handicaps: los rasgos de individualismo, fragmentación y espontaneidad que, paradójicamente, le han permitido capear la represión.

Carentes de acceso a los medios de comunicación, antes que el oficialismo les robe el discurso, los disidentes deben llegar al ciudadano común con los temas que le duelen cotidianamente y no con abstracciones políticas o filosóficas cuya comprensión es difícil luego de casi medio siglo de adoctrinamiento y desinformación.

Cuando la elite gobernante decida iniciar las reformas en serio, no debe pillar desprevenido al movimiento opositor. No puede permitir que el régimen, agotados los métodos de guerra sucia de la policía política, cree sus propios interlocutores de utilería.

Llegado el momento de negociar, los líderes de la oposición democrática se verán precisados a caminar sobre la cuerda floja tendida entre el pragmatismo y la intolerancia.

La oposición democrática, precisamente por serlo, tendrá que decidir si acepta sentarse a conversar con todos. Con los reformistas del régimen, los agentes encubiertos y los opositores clonados incluidos. Será inevitable que entre todos confieran legitimidad al gobierno.

Si algo sale mal y las cosas no funcionan como el pueblo espera, los líderes opositores arriesgan perder su autoridad moral al cargar con culpas ajenas. ¿Quién mejor para pagar los platos rotos que los buenos por conocer? Algunos los acusarán de ser cómplices de los pejes gordos reciclados del antiguo régimen y sus farsas para ganar tiempo.

Por otro lado, si se niegan al diálogo con las autoridades, pudieran quedar aislados y perder la oportunidad de influir en los cambios.

Son los inevitables riesgos de la política. De nada vale aplazarlos.

Si la disidencia no crece a la velocidad de la sociedad, en Cuba, como en Rusia o Bielorrusia, nos pudiera aguardar, al final del túnel, una parodia circense de la democracia dirigida por demagogos, corruptos y timadores.

Nuestros futuros Putin y Lukashenko pueden estar al acecho. Si los líderes opositores no ponen los pies en la tierra y empiezan a pensar como atajarlos a tiempo, la Agenda para la Transición no pasará de ser otro documento histórico más.

11/08/2007

Datos negros de La Habana



Luis Cino


LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - Ser negro y joven en La Habana es un oficio duro y riesgoso, me comentó hace un par de años un amigo rasta de Mantilla. Sus trenzas lo hacían víctima de la suspicacia policial. Lo acusaban a menudo, como a muchos de sus amigos, de importunar a los turistas. Se casó con una sueca y hoy vive en Helsingborg.


Es frecuente que las rondas policiales exijan los documentos de identidad a los jóvenes negros de ambos sexos por las calles de La Habana. Al parecer, la policía considera que son particularmente proclives al delito y al “jineteo”.


Las áreas más ruinosas de La Habana, paralelas a la ciudad virtual para turistas que muestra Eusebio Leal, albergan mayor proporción de negros y mulatos que de blancos.


Los municipios Habana Vieja y Centro Habana ejemplifican bien la persistencia de estos patrones residenciales. Los negros y mulatos representan alrededor del 36% de la población de la ciudad, pero su proporción en dichos municipios es de 44 y 47 % respectivamente.


Según los últimos censos de población, alrededor del 13% de los habaneros vive en solares y cuarterías. En Habana Vieja y Centro Habana se triplica la proporción de los que habitan en casas de vecindad.El 14% de los habaneros vive en esos municipios, pero en ellos está casi la mitad de las casas de la capital con serios daños estructurales.


La proporción de casas con baños colectivos era 3 a 4 veces más alta en Habana Vieja (36%) y Centro Habana (24%) que en el resto de la ciudad. Estos barrios, caracterizados por altas densidades de población no blanca y por un entorno deteriorado, son percibidos por las autoridades como centros de actividad delictiva.Parece ser que, según los criterios de la PNR, la geografía de la criminalidad está vinculada a la raza y la pobreza.


El 31 % de las áreas oficialmente clasificadas por la PNR como focos delictivos en La Habana durante la pasada década, estaban localizadas en los tres municipios con las proporciones más altas de negros y mulatos en la ciudad: Habana Vieja, Centro Habana y Marianao. Sin embargo, los 3 municipios sólo comprendían menos del 20% de la población total de la capital.


Un estudio encargado por el Fiscal General de la República en 1987 reveló que en más del 70% de los casos, la designación de un área como “foco delictivo” no reflejaba necesariamente índices delictivos más altos que en el resto de la ciudad. Eran las percepciones policíacas las que convertían estas áreas, con alta densidad de población negra y de bajos ingresos, en focos delictivos.


Los índices de criminalidad eran superiores en barrios considerados como menos peligrosos por la policía, tales como Arroyo Naranjo, Cerro y San Miguel del Padrón.Según los resultados del estudio, de un total de de 643 casos de “peligrosidad predelictiva” sometidos a los tribunales en Ciudad de La Habana entre mayo y diciembre de 1986, 345 acusados eran negros y 120 mulatos.


Los no blancos eran el 78 % de todos los individuos considerados como socialmente peligrosos. Un blanco de cada 5 mil 430 enfrentaba cargos de peligrosidad social, comparados con un negro de cada 713.


Los negros fueron declarados “socialmente peligrosos” 7,6 veces más que los blancos y 3,4 veces más que los mulatos.Raicel Pérez Oliva, un joven negro de 17 años, residente en el Reparto Eléctrico, Arroyo Naranjo, fue arrestado durante la Operación Contención, a inicios de 2005. Por no estudiar ni trabajar lo acusaron de “peligrosidad predelictiva”. Lo condenaron a 4 años de prisión en el Combinado del Este.


La peligrosidad social, un préstamo tomado de la panoplia jurídica fascista de Benito Mussolini, ha sido utilizada durante más de dos décadas para caracterizar conductas de determinados jóvenes negros que no difieren sustancialmente de las de los habaneros de piel más clara. Las desigualdades provocadas por el Período Especial agravaron la situación.


Activistas de derechos humanos han denunciado que más del 84% de las víctimas de los operativos de la policía contra “elementos antisociales” en los últimos años, son negros y mulatos con edades entre los 17 y los 30 años.

Links







Abrir en una nueva ventana

.

.

FIRMA