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6/28/2010

MAS CRUELDAD Y MAS REPRESION LOS CAMBIOS HASTA AHORA.



Oswaldo José Payá Sardiñas


Cronica de un chantaje:

La Seguridad del Estado trató de impedir, mediante amenaza y chantaje, que emitiéramos una declaración en ocasión de la visita del Secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, su Eminencia el Cardenal Mamberti.

En la mañana del jueves 17 de Junio emitimos la declaración con el título “Transparencia para Cuba” (www.oswaldopaya.org) y ese mismo día, Josvany Melchor fue extraído de la prisión de Aguadores para ser llevado a Versalles mientras gritaba: “me llevan para torturarme otra vez”.No hemos tenido mas noticias de él.

La Seguridad del Estado trató de impedir, mediante amenaza y chantaje, que emitiéramos una declaración en ocasión de la visita del Secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, su Eminencia el Cardenal Mamberti.

En la tarde del miércoles 16 de Junio, después de la conferencia de prensa ofrecida por el cardenal visitante y el Ministro del Exterior del gobierno cubano, recibí una llamada del periodista del Miami Herald, Juan Carlos Chávez preguntándome mi opinión sobre lo declarado en esa conferencia de prensa y el diálogo del Gobierno de Cuba con la Iglesia. Después de dar algunas opiniones le anuncié que al día siguiente haríamos pública una declaración sobre esos asuntos.

Momentos después un oficial de la Seguridad del Estado que se identificó como Fernando fue a la casa de Rosa Rodríguez , miembro del Movimiento Cristiano Liberación y le dijo: “Payá va a lanzar una declaración mañana, si lanza esa declaración y si menciona a tu hijo te meteremos presa”. La rapidez con la que el Gobierno tomó esta decisión y los motivos, sólo puede explicarla el propio Gobierno.

Rosa Rodríguez, había sido amenazada varias veces por el oficial mencionado y por otros oficiales de la Seguridad del Estado, con fuertes represalias por su relación con el Movimiento Cristiano Liberación. Después de estas amenazas, su hijo, Yosvany Melchor, fue detenido, por supuesta sospecha de vínculos con salidas ilegales del país en Santiago de Cuba y estaba confinado en la prisión de Aguadores, bajo el pretexto de investigaciones. Yosvany de 27años tiene enfermedades mentales, comprobadas por los servicios médicos de la prisión en el Hospital Psiquiátrico Jagua de esa Provincia, por un largo historial clínico y también por haber asistido a escuelas especiales para adolescentes y niños con limitaciones mentales. Antes fue sometido a una larga temporada en Versalles, cuartel de la Seguridad del Estado en Santiago de Cuba. Yosvany trató de arrancarse unas venas de la mano con los dientes, debido, según comunicó después a su madre, al maltrato y la tortura que sufría.

En la mañana del jueves 17 de Junio emitimos la declaración con el título “Transparencia para Cuba” (ww.oswaldopaya.org) y ese mismo día, Josvany Melchor fue extraído de la prisión de Aguadores para ser llevado a Versalles mientras gritaba: “me llevan para torturarme otra vez”.

No hemos tenido mas noticias de él.

Es el gobierno de Cuba, quien directamente establece la relación entre nuestra declaración, su diálogo con representantes del Vaticano y una parte de la Jerarquía de la Iglesia Católica en Cuba y sus acciones bajas y crueles contra personas indefensas.

Primero, el Gobierno trató de impedir que un cubano católico emita la opinión de un movimiento cívico, acerca de los nuevos pasos en las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno que tienen gran importancia para el pueblo cubano.

Después castiga con total abuso y desproporción a un joven con enfermedades mentales y a su madre indefensa, en represalia por nuestra declaración.

¿A quien vamos a apelar? No al Consejo de Derechos Humano de la ONU, pues sería una burla de humor negro a las víctimas de las violaciones que cometen los mismos que allí en ese Consejo deciden por la humanidad.

Estamos enviando esta información, con urgencia a su Santidad el Papa Benedicto XVI, de quien sabemos siempre está disponible para escuchar a sus hijos.

Apelamos al pueblo cubano y a la conciencia mundial y ponemos nuestra confianza en Dios.

Oswaldo José Payá Sardiñas

Coordinador del Movimiento Cristiano Liberación

La Habana, 25 de Junio de 2010

12/18/2009

Crónica de un desengaño.


Por Rafael Ernesto Ávila

Colabora con Hablemos Press.

La Habana. —Raúl Castro lleva ya más de tres años en el poder. Desde que el 31 de julio de 2006 su hermano mayor lo designó al frente del régimen castrista como su sucesor oficial, primero de forma provisional y desde el 24 de febrero del 2008 ya como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, el mundo intentó ver en el menor de los Castro a un hombre pragmático, capaz de abrir la nación cubana a un mundo globalizado y democrático.

Durante el mandato provisional poco hizo. Aunque hay que reconocer que con una improvisación durante un discurso dio pie a un proceso de críticas y comentarios, privados y públicos, como nunca antes se había visto.

Su alegato en torno a la leche y el marabú, y la orientación de promover un debate público en los medios de prensa, totalmente controlados por el gobierno, como vía para conocer hasta que punto la población estaba descontenta, permitieron a Raúl Castro ganarse el título de hombre tolerante y preocupado por las necesidades de la población.

Su hija Mariela también le ayudo. Conocida por ser una detractora de las políticas homofóbicas de Fidel Castro, utilizando el poder de ser la Primera Dama de la nación realizó comentarios y concedió entrevistas, casi siempre a la prensa extranjera donde apoyaba la imagen de su padre. Así poco a poco se fabricó la variante del Castro malo, Fidel, quien gobernó de manera férrea la nación durante casi medio siglo y, del otro lado el Castro bueno, Raúl quien no podía ser más por el pueblo por la intolerancia de su hermano.

Para resolver la aguda crisis social si implementaron varias medidas, de ellas hasta ahora la más efectiva fue la compra de centenares de ómnibus chinos y bielorrusos para sustituir a los deteriorados “camellos”. Aliviado el transporte, claro que sólo en la capital, donde está el cuerpo diplomático, la mayoría de los turistas y la prensa extranjera, Raúl procedió a eliminar algunas de las medidas que habían condenado al apartheid al pueblo cubano dentro de su país.

Se autorizó la compra de equipos electrónicos, se legalizaron y permitieron la adquisición de teléfonos celulares y se prescindió de la prohibición de utilizar los hoteles por parte de los nacionales. Medidas muy publicitadas pero que no resuelven las precarias condiciones del ciudadano cubano, aunque si demostraban hasta que punto es irracional el sistema político vigente en Cuba.

El 24 de febrero del año 2008, el dócil parlamente cubano, otorgó la presidencia de la nación a Raúl Castro. En su primer discurso, el flamante jefe de estado anunciaba, que aunque había que seguir trabajando en aras de construir el comunismo, se imponía tomar medidas para modernizar el estado. Para todos, el momento de la apertura para la isla había llegado.

Posteriormente, se reunió el Comité Central del partido comunista, y nuevamente Raúl anuncia que tendrá lugar a fines del año 2009 el congreso de la organización partidista. Nuevos aires de cambio, desde hacía más de diez años Fidel Castro había desaparecido de sus largas peroratas este tema. Total, que le podía ofrecer al pueblo cansado de la misma retórica y el caos económico que vive el país. Sin embargo, para muchos nuevamente el mensaje de que Raúl Castro no era un continuista de las políticas desacertadas de su hermano mayor.

Ya gran parte del mundo ve a un partido comunista, reconociendo que era hora de la apertura y a Raúl como el hombre que dio fin a la pesadilla de millones de cubanos. Pero para ver esto hay que esperar varios meses, y como Santo Tomás en mi caso, ver para creer.

El 11 de julio, se reúne la Asamblea Nacional en su primer período de sesiones de la nueva legislatura. El discurso de clausura corresponde como es lógico al jefe de estado. Todos esperaban nuevas medidas que aliviaran la situación de la población, sin embargo el plato fuerte es un Anteproyecto de Ley sobre Seguridad Social que alarga en cinco años la vida laboral. Además se incluyen críticas a la emigración hacia la capital y un llamado a retornar al campo para restablecer la producción agropecuaria, que como reconoce Raúl es crítica e insuficiente en gran medida para satisfacer las necesidades alimentarias del pueblo. Hasta ahí las “nuevas” medidas, aunque al final como compensación aclaró que estaban a punto de aprobarse varias disposiciones que se anunciarían en los siguientes días.

Para todo el mundo era evidente que el gran día era el 26 de julio de 2008, declarado Día de la Rebeldía Nacional. Al subir Raúl a la tribuna, todos esperaban las palabras mágicas, pero para desconcierto y desengaño, su breve y en parte incongruente alocución, sólo tuvo como principal mensaje seguir abogando por la resistencia ante el imperialismo, decretar nuevas movilizaciones militares y destacar que hay que trabajar mucho para que en un futuro muy, muy lejano las grandes carencias materiales y espirituales de los ciudadanos cubanos se puedan resolver.

Después de esto, silencio. Especialistas, analistas con doctorados y también los de la calle intentan comprender este giro del ex Ministro de las FAR. Comentarios, de esos que nadie saben de donde salen y que todos quieren creer, hablan de supuestas disputas entre un Fidel en cama y virtual, dado que hace meses no se presentan imágenes del Comandante; y del otro lado Raúl y los reformistas que debido a las presiones de los fidelistas no han podido continuar adelante con el proceso de apertura.

Hace casi dos años en un artículo, alertaba que Raúl no era el cambio, que sólo representaba el continuismo de un régimen dictatorial que es utilizado por una nomenclatura reducida como su feudo particular.

Pero que este Castro no tenía el carisma ni el mito que rodeaba a Fidel y necesitaba tiempo para afianzarse en el poder. Por eso el cuento echado a rodar que si no había cambios era porque “el otro” lo impedía, la fábula de la leche y el marabú, permitir la entrada a los hoteles a los que nadie puede ir por sus altos costos y decir que no se preocupen que poco a poco esto va air mejorando.

En el plano político, la Seguridad del Estado disminuyó los mecanismos represivos visibles, aunque siguió coartando por medios más sutiles a la oposición interna. No obstante cuando ha hecho falta se golpea y se sacan las turbas paramilitares a la calle, recuerden lo sucedido a algunas Damas de Blanco en la Plaza Cívica y a varios opositores que han sido detenidos y golpeados. Tenemos también el caso del Dr. Darsi Ferrer, encarcelado a la espera de juicio desde hace ya cuatro meses.

La supuesta flexibilidad del raulato ha llevado a creer a varias naciones europeas, encabezadas por el gobierno español, que Raúl Castro puede ser un factor clave para la normalización de la nación. Esto permitió que varias naciones dentro de la Unión Europea, descartaran las sanciones impuestas a Cuba desde 2003 cuando en juicios sumarísimos fueron condenados a prisión varias decenas de activistas y defensores de los derechos humanos.

Cuba sigue siendo hoy un estado totalitario, donde su población malvive cada día. Con una economía totalmente centralizada que tiene como modelo la improvisación y el desvío de recursos.

Una nación donde más del 70 por ciento de sus jóvenes desea emigrar para donde sea y como sea con tal de tener un futuro diferente. Un país donde quien no se supedita a los dictados del líder, cualquiera sea su nombre, es silenciado y perseguido. Nada ha cambiado en esencia, lástima de los ilusos que creyeron en algún momento que este Castro era diferente, no comprenden que no es un problema de hombres sino de un modelo represivo e intolerante.

Que pena que para desengañarse de Raúl Castro se le diera el tiempo suficiente para afianzar su poder. Que no sele hubiera presionado desde un inicio para que de verdad se hubiera visto obligado a realizar cambios o por lo menos que intentara negociar con sus críticos.

Aunque bueno, en algo tiene razón un amigo quien me dice que sí que en Cuba ha habido un gran cambio; ya no estamos obligados a oír los casi diarios y largos monólogos de Fidel, el nuevo, que ya no es tan nuevo, no habla tanto. Y esto, aunque no sea crea para los millones de cubanos que nos vemos obligados a sufrir el castrismo, ya es un gran alivio.

4/27/2008

La aplazada hora de hacer oposición

Luis Cino

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - Más de 12 años después del abortado Concilio Cubano, se constituyó el 10 de abril, en La Habana, la nueva concertación de la disidencia interna: la Agenda para la Transición.

Los principales líderes disidentes coincidieron en lo que el abogado René Gómez Manzano (uno de los firmantes, por la Asamblea para promover la Sociedad Civil) ha denominado “la unidad esencial de la oposición pacífica”: la excarcelación incondicional de los presos políticos, el respeto a los derechos humanos, la democracia y la libertad empresarial de los cubanos.

Se echó de menos la presencia de Oswaldo Payá, Eloy Gutiérrez Menoyo y Manuel Cuesta Morúa. Para ellos sigue en pie la invitación.

En momentos en que el régimen de relevo emprende un lento y tímido proceso reformista, la Agenda para la Transición, así como su antecedente, Unidad por la Libertad, marcan un punto de inflexión en la lucha pacífica por el cambio democrático en Cuba.

No obstante, el momento más que de euforia, debe ser de preocupación. La disidencia interna está frente al riesgo de un eventual aumento de la represión si la sucesión se considerara amenazada.

La leve mejoría en las condiciones de vida de los cubanos que significarían las reformas económicas, servirían al régimen para enmascarar la represión y aminorar su costo político. El mundo parece dispuesto, ahora que no está al mando Fidel Castro, a aceptar casi cualquier cosa a Raúl Castro para lograr un compromiso constructivo.

Pero ese no es el único riesgo de la disidencia. Peor que enfrentar una vez más la represión, pudiera resultar no comportarse a la altura del momento. La largamente aplazada (por consideraciones estratégicas, prudencia o inmadurez) hora de las definiciones está tocando a la puerta.

Desde su nacimiento, la disidencia interna ha desarrollado un activismo civilista en pro de los derechos humanos y la democracia, más ético que político, que no se ha planteado formalmente, con todo lo que ello implica, la toma del poder.

Las nuevas circunstancias políticas del país han puesto sobre el tapete la interrogante de si la oposición interna está preparada para ser protagonista de los cambios o si por el contrario, se limitará a observar de forma pasiva cómo las altas esferas del gobierno implementan las reformas que le permitan su supervivencia.

Los disidentes enfrentan simultáneamente las trampas y provocaciones de la policía política del régimen y la incomprensión de ciertos sectores del exilio más radical (a veces atizada con mano experta desde la jefatura de la Seguridad del Estado en La Habana).

Más allá de la semántica, se impone la necesidad de que la disidencia cubana se convierta en una verdadera oposición política organizada y coherente, que, junto a la emergente sociedad civil, sea capaz de influir con fuerza en el destino del país.

Para ello, las organizaciones disidentes tendrán que deshacerse de sus tradicionales handicaps: los rasgos de individualismo, fragmentación y espontaneidad que, paradójicamente, le han permitido capear la represión.

Carentes de acceso a los medios de comunicación, antes que el oficialismo les robe el discurso, los disidentes deben llegar al ciudadano común con los temas que le duelen cotidianamente y no con abstracciones políticas o filosóficas cuya comprensión es difícil luego de casi medio siglo de adoctrinamiento y desinformación.

Cuando la elite gobernante decida iniciar las reformas en serio, no debe pillar desprevenido al movimiento opositor. No puede permitir que el régimen, agotados los métodos de guerra sucia de la policía política, cree sus propios interlocutores de utilería.

Llegado el momento de negociar, los líderes de la oposición democrática se verán precisados a caminar sobre la cuerda floja tendida entre el pragmatismo y la intolerancia.

La oposición democrática, precisamente por serlo, tendrá que decidir si acepta sentarse a conversar con todos. Con los reformistas del régimen, los agentes encubiertos y los opositores clonados incluidos. Será inevitable que entre todos confieran legitimidad al gobierno.

Si algo sale mal y las cosas no funcionan como el pueblo espera, los líderes opositores arriesgan perder su autoridad moral al cargar con culpas ajenas. ¿Quién mejor para pagar los platos rotos que los buenos por conocer? Algunos los acusarán de ser cómplices de los pejes gordos reciclados del antiguo régimen y sus farsas para ganar tiempo.

Por otro lado, si se niegan al diálogo con las autoridades, pudieran quedar aislados y perder la oportunidad de influir en los cambios.

Son los inevitables riesgos de la política. De nada vale aplazarlos.

Si la disidencia no crece a la velocidad de la sociedad, en Cuba, como en Rusia o Bielorrusia, nos pudiera aguardar, al final del túnel, una parodia circense de la democracia dirigida por demagogos, corruptos y timadores.

Nuestros futuros Putin y Lukashenko pueden estar al acecho. Si los líderes opositores no ponen los pies en la tierra y empiezan a pensar como atajarlos a tiempo, la Agenda para la Transición no pasará de ser otro documento histórico más.

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