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9/24/2009

Como se destruye un mito al régimen castrista,sencillo !

Un millón no cabe en la Plaza. (análisis matemático)



Queridos amigos,

Yo quisiera, matemáticamente, desmitificar los números usados por el gobierno de Cuba para hablar de las multitudes en la Plaza Cívica, hoy llamada Plaza de la Revolución, en el concierto de Juanes y sus muchachos. No les voy a decir las personas que caben, les voy a decir las personas que no caben en la Plaza. Según Wikipedia, la Plaza, que es la mayor del mundo, tiene 72,000 metros cuadrados. En un metro cuadrado caben unas cuatro o cinco personas a lo sumo, pero vamos a pensar que tenemos 9 (hombro con hombro y pecho contra espalda). Entonces 72,000 multiplicado por 9 es 648,000 personas. Eso es si no hubiera un solo espacio vacío por donde caminar, si no hubiera tarimas, amplificadores etc. Ni existiera la estatua de Martí ni el obelisco.

La conclusión de este análisis matemático es que nunca en la Plaza se ha reunido el número de 650,000 personas. La cifra de un millón ciento cincuenta mil, más que una ficción es una falacia para hacer ver que en los discursos políticos también se reúnen mas de un millón de personas.

Teniendo en cuenta la fluidez del público así como los espacios vacios, nos atrevemos a estimar la concurrencia del 20 de septiembre en unas 500,000 personas. Un poco más que en los desafortunados discursos que todos conocemos.

Tenemos que abrir los ojos queridos amigos.

Basta ya de manipulación!

Un abrazo,

Emilio H. Rodriguez
Licenciado en Ciencias de la Computación
Universidad de La Habana
Graduación de 1976.

Fuente: http://ikojones.blogspot.com/
visto en twitter a @alkarajo

Nota:

Si nos ceñimos a lo mas aceptado de 4 personas por metro cuadrado nos da la suma de 288 000 y apretados 5 personas da 360 000,esto es siendo pretenciosos,ya que si hacemos una búsqueda en San Google veremos que en muchos casos se estiman que son tres personas por metro cuadrado,en dependencia de si el estimado lo hace un afín o uno en contra de la concentración,mas en este caso que la gente estaba bailando,lo que puede reducirlo a 2 personas por metro cuadrado.

Ya andan mintiendo por ahí que tiene un Record Guinness como el tercer recital mas concurrido,habrá que ver si los de Guinness sacan su calculadora antes de otorgar un premio con cifras manipuladas,presionados por estos creadores de mitos profesionales.

Por lo pronto no lo recogen en su pagina web

Fíjense como culpan a Miguel Bose de la trampa,cuando a El alguien del régimen le soplo al oído la cifra para que la anunciara,compruebelo en el minuto 2 de este video ,segun Cuba datos de los organizadores.

El de La Habana el tercer concierto más multitudinario del mundo, anuncia Bosé

También se sirven de las tan criticadas agencias de prensa internacionales para crear el mito

El megaconcierto de La Habana visto por las agencias internacionales de prensa

10/02/2007

Una mirada incisiva sobre Ché

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba - octubre (www.cubanet.org) - Mario Vargas Llosa, en un
artículo http://cubanet-d.c.topica.com/maah4DuabBDItaBNWY1b/ sobre
Ernesto Guevara de la Serna, dice: “Un ser que de histórico pasa a ser
mítico no es juzgado con criterios racionales sino mediante actos de fe y
de ilusión. Es el caso de Ché”. Me acojo a la máxima del gran
escritor, pero sé que el comandante guerrillero fue convertido en icono por
intereses políticos. Su santificación aún es financiada por el gobierno
cubano y diseñada por los propagandistas del Partido Comunista que rige
la isla hace medio siglo. Más que un héroe fabricaron un producto de
mercado mediante libros, fotos, coloquios, artículos, filmes y discursos
apologéticos.
Pero la distorsión de la biografía y de los hechos que enrolaron a
Guevara tropieza ahora con un libro incisivo de Marcos Bravo, nombre de
guerra de Pedro Manuel Rodríguez, quien luchó en las filas del Movimiento
26 de julio durante la dictadura de Batista y se opuso después al
régimen comunista instaurado por Fidel Castro. La obra de Bravo es resultado
de una larga investigación, cotejos y reflexiones. Se titula La otra
cara del Che. Ernesto Guevara, un sepulcro blanqueado.
Es un texto polémico y bien escrito de 558 páginas, estructurado en
ocho capítulos y un epílogo, lo cual permite al autor analizar cada una de
las etapas vitales del personaje, sin magnificar su desempeño como
hombre, guerrillero o funcionario político y gubernamental. Fue publicado
por la editorial colombiana Solar y apareció en Bogotá en 2004. En
Cuba ha sido prohibido pues desmonta las verdades encubiertas por los
creadores del mito de Ché, a quien Bravo considera como “el extranjero que
más daño ha causado a la nación cubana después del general español
Valeriano Weyler”.
Al exponer sus datos, el autor sacude la leyenda rosa de Ché y devela
el rostro oculto de un embaucador, al que califica de falso economista,
falso médico y guerrillero mediocre. Hacer un paralelo con Fidel
Castro, no obstante la contradicción psico-social, de “riqueza sin clase en
el cubano y de clase sin riqueza del argentino”, que deriva en ambos en
un conflicto de odio y resentimientos contra todo lo socialmente
establecido.
Guevara, nos apunta Marcos, nunca se gradúa de médico, ya que no existe
una sola entrevista a ninguno de sus compañeros de curso, ni de sus
profesores. Tampoco hay foto alguna, ni el más mínimo testimonio de su
graduación. Y mucho menos el expediente académico de la supuesta
universidad donde debió cursar estudios.
La otra cara del Che, con precioso detallismo y vigor literario,
resalta los aspectos más negativos del biografiado. Entre ellos, el perenne
narcisismo, puesto de relieve en el afán por ser fotografiado y que
lleva al paroxismo en medio del naufragio del Granma. O de sus condiciones
de verdugo desde los primeros momentos de la lucha en la Sierra, al
dispararle en la cabeza al traidor Eutimio Guerra, acción que ejecuta sin
pedírsela nadie y que le aporta una mayor consideración de Castro; a
quien aprendió bien temprano a no contradecir -aunque dijera lo más
disparatado- y dejarlo ganar siempre, en cualquier cosa o competencia.
Guevara, resalta el autor, desconocía la historia de Cuba y el complejo
entramado político y social del país, por lo cual planeó el asalto a
los bancos de Santa Clara antes de tomar la ciudad, en 1958. Adoptó
después medidas que afectaron la industria y la economía insulares. Reitera
el afán del biografiado por criticar y ofender a quienes le rodeaban;
su carácter impenetrable de jefe duro e indiferente, alejado de sus
hombres en los campamentos, en los que aseguraba el mate y llenaba las
despensas. Destaca el por qué nombran a Guevara al frente de la fortaleza
La Cabaña, sede de la mayoría de los fusilamientos.
Aprecia Bravo que, para la realidad cubana, la más desatinada e
irresponsable de las aventuras de Che fue su aceptación de la investidura como
Presidente del Banco Nacional y, después, Ministro de Industria; cargo
del que fue defenestrado por el propio Castro, ante la incompetencia y
fracaso de su política económica, que lo hace caer en desgracia; de
ahí su designación como delegado de Cuba en la ONU para pronunciar un
discurso en la Asamblea General. Acto seguido inicia un extenso recorrido
por la Unión Soviética y por algunos países de África, con el fin de
explorar las posibilidades de acciones revolucionarias.
El autor valora el periplo de Guevara, su discurso en Argel, donde
critica la política de los soviéticos y les exige que paguen el desarrollo
de los países en vía de liberación, lo cual puso en guardia a la
embajada de la URSS en La Habana, ante cuyas amenazas económicas se acentúa
la desgracia del argentino. Valora que al regresar a Cuba no recibe
cargos oficiales, hasta que parte, en el más absoluto misterio, al fracaso
de la imposición insurreccional en África; otro descalabro como la
guerrilla de Masseti, orientada por él en Argentina.
La precipitada salida del Congo lo lleva a Europa, donde es sostenido
por el gobierno cubano. De nuevo, bajo las siete llaves del más
recóndito secreto regresa a Cuba. Se entrena con subordinados escogidos para la
última de sus frustradas aventuras: Bolivia.
La imposición de la guerrilla al país andino desde fuera, sin tener en
cuenta las realidades nacionales y autóctonas trajo confrontaciones y
dificultades que fueron incrementándose gradualmente hasta que Ché se
entrega -para salvar la vida- a los soldados bolivianos que lo seguían,
quienes no vacilan en matarlo días después, lo cual favorece su
conversión en paradigma revolucionario.
El escritor precisa al respecto, que el fusil M-1 con el que Ché se
rinde, no es el suyo, sino el de su compañero, el guerrillero boliviano
Willy, con quien lo cambia para justificar su entrega sin combatir, pues
el usado por él, como el de los demás jefes, era un M-2 en buen
estado. Su pistola de 9 milímetros disponía de todas sus balas al cederla.
La herida en la pierna fue un rasguño a sedal que no le impedía
caminar. Y al instante de entregarse dijo: “No disparen, soy el Che Guevara”.
No peleó hasta la última bala, como les exigió a sus subordinados,
quienes sí cumplieron el encargo y entregaron sus vidas en pos de una
ilusión imposible y extranjerizante.
Al releer este libro que circula a hurtadillas en la Isla, corroboramos
algunas certezas. Quienes crecimos bajo consignas y prometimos ser
como Ché desde el primer grado, ahora disfrutamos una biografía más humana
y veraz sobre el Cid campeador exportado por los pregoneros de nuestro
sistema. La otra cara del Che puede sacudir el hechizo de los
seguidores de ese caballero andante en otras latitudes. Tal vez los argentinos
–partidarios del coronel Juan D. Perón y del comandante Ernesto
Guevara- comiencen a cansarse de tantos héroes y molinos de vientos.

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