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2/19/2013

La Historia no los absolverá






Por: Lázaro Tirador Blanco



Es increíble que muchos que habitan en países en los que existe una total libertad de propiedad, de movilización, de expresión de disentir o aprobar, de invertir, etc. que son los derechos básicos de cualquier sistema político –independientemente de su afiliación-, que han visto a los cubanos soportar una férrea tiranía que ha destruido Cuba, aplaudan la estratégica salida del régimen castrista que ahora utiliza “algunas libertades inéditas” para entretener a los asfixiados cubanos y lograr los aplausos de los sinvergüenzas que en muchas partes del mundo siguen admirando a los Castro y a sus mentiras envueltas en un patriotismo cínico y sin patria.

Es normal que muchos humildes cubanos vean en estos actos de la tiranía una especie de alivio para sus penurias y hasta la oportunidad de visitar sin tantas restricciones a sus familiares que han huido de la isla. Es además justo que lo aprovechen. Pero que supuestos opositores que han disfrutado de los beneficios de la internet –prohibida en Cuba férreamente- y que ellos usan en plena libertad pese a ser “acosados por el régimen” y que en realidad lo único que han aportado es hacer crecer sus perfiles “opositores” y promover su supuesto liderazgo ante organizaciones internacionales y gobiernos sentimentales u oportunistas que ni siquiera levantan su voz en defensa del oprimido pueblo cubano, pero que están listos a dar publicidad a sus gestos de reforma, como ahora lo es el caso de la entrega de pasaportes y la libertad de salida al exterior, de muchos, aunque a algunos de los más peligrosos se los siguen negando o haciéndoles el proceso más complicado que a otros.

Hay supuestos opositores dentro de Cuba que –pese a algunos sustos esporádicos-, han vivido y manifestado su supuesta disidencia con relativa libertad y que inclusive han logrado amasar bastante dinero, que hoy les permite viajar como turistas o como promotores de sus fabricadas personalidades opositoras.

Lo más terrible es que mientras esto pasa, las cárceles se mantienen llenas de disidentes, opositores o simplemente de personas que sufren venganzas políticas, castigos por disentir o simplemente como advertencia de que la mano de hierro del régimen no tiembla a pesar de los discursos suavizados y las supuestas medidas de apertura que se divulgan.

Quienes hemos vivido en las entrañas del castrismo, engañados, oprimidos o perseguidos; quienes han visto sus familias separadas durante décadas y han tenido que sumergir sus vidas en las más oscuras maquinaciones políticas y represivas de la historia de nuestro continente; quienes sabemos por experiencia o por conocimiento cabal del protagonismo que ha tenido el castrismo en los movimientos armados en toda la América Latina, en el nombre de la libertad y que ha costado más muertes y dolores que todas las llamadas dictaduras que –supuestamente-, los Castro ayudaron a derrotar, podemos reconocer en estas libertades que ahora ofrecen tratando de prolongar el inevitable juicio del pueblo y del mundo, una nueva maniobra como las que han usado en las distintas etapas de su régimen y que les han ayudado a preservarlo.

Muchos han aplaudido las medidas de apertura económica del régimen, sin darse cuenta que los que tienen la bendición de recibir ayuda económica del extranjero, los que han tenido negocios permitidos por algún personaje del gobierno o los que han logrado hacer dinero en actividades subterráneas –a veces sobornando a las autoridades-  y los que están a la sombra del sistema, son los únicos que pueden aprovechar estas estrechas coyunturas que pretenden mostrar al mundo las “libertades que tenemos los cubanos”. No obstante, la realidad es que han oficializado una nueva clase que existía a tenor del régimen y que en nada ayudará a un pueblo cuyo salario no le alcanza ni para mal comer, mal vestir y mucho menos para viajar y tener otras oportunidades dentro o fuera de Cuba.

En una de sus primeras declaraciones a raíz de una frustrada actividad en Brasil, la bloguera cubana Yoani Sánchez declaró sobre las más recientes medidas del régimen: "Las reformas más importantes son en el campo económico, la entrega de tierras ociosas a manos particulares para producción, la libertad de comprar y vender casas, que parece algo pequeño, es un tremendo cambio".

Es vergonzoso que alguien que se supone aboga por las libertades en Cuba diga que es un “tremendo cambio” que el castrismo quiera devolver a los mismos a los que expropió un poco de su tierra maltratada, abandonada, sin recursos y que el mismo gobierno ha sido incapaz de hacerlas producir y que esto sea considerado algo casi maravilloso. Es obvio que esta cubana vive en Cuba fuera de la realidad y solo se dedica a escribir de su entorno intelectual y de una muy bien definida estrategia para cultivar su “imagen disidente” que ya le ha aportado varios premios fuera de Cuba y cuya cosecha se ha apresurado a hacer en el medio de la efervescencia noticiosa que las “aperturas” castristas le brindan. No hay nada personal en esta opinión y espero que en algún momento la bloguera se retracte de su desliz, porque la vida y la inexorable justicia de Dios siempre pasa la cuenta.

Estoy seguro que aún se levantarán algunas voces disidentes más aplaudiendo las “aperturas” que los césares del castrismo van a ir dando como migajas bien dosificadas a su esclavos. Pero también estoy seguro que el verdadero pueblo cubano, el que no se puede sentar en una computadora, ni solicitar una visa a algún país y mucho menos pagar un viaje; aquellos a los que nunca los invitará un alto funcionario de un país –mucho menos a numerosos países-, para que hablen de su hambre, de sus enfermedades, de los desprecios o golpes recibidos, de ser sólo las sombras de personas en su propio país y que tampoco subirán a podios o a escenarios a recibir premios, aplausos y loores ganados en los hoteles cubanos, en las computadores de la SINA o con sus vidas “amenazadas” en las calles del Vedado habanero y en la tibia disidencia con la que protagonizan de cuando en cuando algún capítulo no muy complicado, pero que logra mantener a la expectativa y activa a la audiencia internacional que está dispuesta a dar premios, ayuda de dinero a título personal, rendir tributo a la personalidad individual pero que no ha tenido ni tienen el valor ni el civismo de levantar sus voces en los foros internacionales para condenar el ostracismo en que está sumido el pueblo cubano, que sobrevive bajo la dictadura más larga, opresora y represiva que ha sufrido nuestro continente y el mundo.

¡Cuidado aquellos que le hacen el juego al castrismo cuando se preocupan más por su ego que por la sufrida Patria cubana! ¡La Historia no absolverá ni a los tiranos ni a los que les continúen haciendo el juego en sus maniobras mentirosas para demorar su inexorable juicio!

8/15/2011

ES TIEMPO DE QUE HABLEMOS CLARO


Por Lázaro Tirador Blanco


Siempre he tratado de mantener fuera de mi trabajo periodístico la crítica a los que están dentro de Cuba. Considero que tienen el galardón de estar arriesgando constantemente sus vidas y su seguridad en las mismas entrañas del monstruo castrista. Pero los acontecimientos actuales parecen indicar que la tiranía se ha adaptado a las facilidades que han brindado el obamismo y el contubernio de una buena parte del exilio de Miami con las medidas cosméticas de la actual administración demócrata hacia Cuba, las que han sido soporte idóneo para las maniobras mediáticas de los Castro y sus aliados.

Por haber vivido la mayor parte de mi vida dentro del monstruo –y cerca de los monstruos-, conozco que en realidad la capacidad del castrismo de engañar tantos años al pueblo cubano no se fundamenta en las opciones que ha brindado para resolver los innumerables problemas de las destruida economía y la desgastada sociedad cubana, sino en la vernácula capacidad de Fidel Castro de aprovechar las debilidades tanto de una buena parte del Exilio Cubano como las de la mayoría de las administraciones norteamericanas desde el embarque de John F. Kennedy cuando el ataque al castrismo por Bahía de Cochinos  en Abril de 1961, por un grupo de valientes cubanos.

Raúl Castro tiene también el tino de su hermano de entender –pese a las apariencias- de la pata que cojea tanto la política norteamericana hacia Cuba como la debilidad y la desunión del Exilio Cubano. Como viejos camaleones que cambian su piel cuando les conviene, han sabido no sólo ganar adeptos entre muchos artistas, intelectuales y políticos de medio mundo, aprovechando los momentos de exacerbación del antiimperialismo norteamericano versus el internacionalismo cubano, si no con el chantaje a líderes que tuvieron el desliz de idolatrarlos en ciertos momentos de lujuria política y cuya factura los Castro les pasan cuando llega el momento.

Muchos de los actuales gobiernos del llamado Tercer Mundo en África y Asia como en América Latina, entre los que se destacan los de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua son compadres de borracheras totalitarias de los Castro y muchos otros o coquetean como rameras primerizas con el cliente, o se hacen los sordos y mudos frente al dolor del pueblo cubano. Nombrarles no vale la pena porque todos los conocemos ya.

Pese a lo que muchos parecen pensar, el pueblo cubano no está totalmente ignorante de todo esto. Lo que realmente sucede es que aún vive un somnoliento sonambulismo del que muchos buenos cubanos dentro y fuera de la Isla lo están tratando de despertar, algunos al costo de sus propias vidas.

Los Castro y camarilla, además de asesinos y genocidas de su propio pueblo, han sabido coordinar sus movimientos como lo hacen los judocas: no usar tanto sus propias fuerzas como las debilidades de sus enemigos. Paradójicamente, han llegado a penetrar con su podredumbre el corazón mismo del Exilio Cubano –de la parte traicionera y oportunista-, por la cual muchos miden en el mundo a los reales patriotas de allá y de aquí.

Duele tanto escuchar o leer los conceptos en cuanto a patriotismo, sacrificio y ejemplo cuando se habla de los luchadores, disidentes, opositores y otros términos con los que se reconocen a los que de alguna manera se manifiestan abiertamente contra el castro-comunismo feroz dentro de la propia Cuba. Pero más duele observar como poco a poco las fichas se van acomodando en el tablero de manera que el dominó castrista se siga jugando.

Hay hombres en Cuba como el Dr. Oscar Elías Biscet que por patriotismo, modestia o pudor están arriesgando constantemente sus vidas, pero equivocadamente no se lanzan a ocupar el liderazgo nacional que su ejemplo les demanda. Hay hombres que tienen la potencia, la preparación y el llamado de asumir roles históricos que a otros les serían ropas que les quedarían inmensas, como disfraces. Desgraciadamente ambos hacen daño para lograr la unidad y la fuerza del cambio dentro de Cuba.  Sin vueltas, hoy Cuba necesita a Biscet al frente de la lucha total dentro del país.

Hay hombres como Oswaldo Payá Sardiñas que sin ese liderazgo –y quizás con buenas intenciones-, trabajan sólo para convertirse en el centro de acontecimientos de los cuales no son protagonistas y se posicionan en imágenes publicitarias que solo hacen dañar la imagen de la verdadera lucha que se debe librar –dentro y fuera de Cuba-, para lograr no los cambios que ellos reclaman y que predican –en los que hay espacios para el régimen-, sino la libertad total de la dictadura, que será el comienzo de los verdaderos y únicos cambios que Cuba necesita: echar fuera la dictadura y restablecer la democracia y la libertad en nuestro amado país, con igualdad para todos, menos para los traidores.

En los últimos meses he estado confrontado por ambas posturas y tengo la certeza de que Biscet ocupará el lugar que ahora le toca en la lucha: el liderazgo que nunca hemos tenido contra el castrismo. Si Payá realmente ama a Cuba más que a su imagen pública, deberá asumir un rol más comprometido y no tan conciliador y populista con el régimen: si no lo hace, tendrá que rendir cuentas algún día, cuando se escriba la verdadera historia de la epopeya cubana contra la dictadura totalitaria más larga y terrible de la Historia Moderna.

También creo que los que vivimos en el exilio tenemos que levantar nuestras voces contra aquellos que -ante nuestros propios ojos-, coquetean y sirven a los intereses económicos y políticos de los sátrapas cubanos, como voceros encubiertos de la dictadura y promotores de las bondades de Cuba y que como verdaderos mutantes-empresarios viven de la cobertura del régimen y se adormecen bajo la sombra impasible de un exilio penetrado y prostituido por el castrismo.

A unos les toca la dura batalla dentro de Cuba, bajo el fuego y el sufrimiento. A otros desenmascarar a los oportunistas y sinvergüenzas, para que sean barridos de este país como traidores irreconciliables de la dignidad y el respeto, como indignos servidores de los tiranos de Cuba.

El ejemplo de los caídos y los sufrimientos de los que luchan dentro de Cuba nos lo demandan.


















10/21/2010

La Historia condena


Por Lázaro Tirador Blanco


Es indudable que el presidente Barak Obama se encuentra bastante desconcertado ante el descalabro que ha sufrido el nivel de aceptación popular ante la gestión de su gobierno y el decrecimiento en los índices de credibilidad y popularidad que afectan al Partido Demócrata. Para todos es evidente que algo pasará en las inminentes elecciones de mitad de período y que ese algo será malo para el resto de la gestión demócrata y para las posibles aspiraciones de un segundo mandato del actual presidente norteamericano.

Esta apreciación no se refiere solamente a los indiscutibles problemas domésticos que enfrenta el gobierno de Obama, sino también a algunas de sus apreciaciones de los más candentes temas internacionales. En este caso me quiero referir su posición con respecto al régimen de Cuba y a la situación actual en nuestra sufrida Isla.

Recientemente ha expresado en una reunión con periodistas hispanos en la Casa Blanca: "Mi actitud sobre Cuba es que queremos continuar explorando las posibilidades de cambiar las relaciones [. . .] Pero antes de que demos más pasos queremos ver que el régimen de Castro es serio sobre diferentes formas de abordar la situación''.

Estas declaraciones dan a entender que el presidente Obama y su equipo no han entendido nunca y mucho menos las últimas maniobras del régimen castrista, sobre todo la manera en que éste utilizó las liberaciones de un numeroso grupo de prisioneros de conciencia que eran sometidos a injustas condenas y atropellos cotidianos, por la inducida mediación del entonces canciller español y de la desprestigiada jerarquía de la Iglesia Católica en La Habana.

Esa cortina de humo y ese golpe de efecto que el gobierno cubano lazó a la palestra internacional no fue más que una bien elaborada salida a la insostenible presión de la opinión pública de medio mundo, a favor de la inmediata liberación de los prisioneros políticos cubanos, que costó la vida a varios patriotas y puso en peligro las de muchos más, en diferentes acciones de protesta y cuyo caso más representativo fue la muerte por huelga de hambre del valiente patriota Orlando Zapata Tamayo.

El régimen utilizó en su maniobra a dos de sus socios y admiradores en la intensa labor supuestamente a favor de la paz en Cuba: el bailarín de turno de la zapatesca diplomacia española –el señor Miguel Ángel Moratinos- y el desprestigiado Cardenal de La Habana Jaime Ortega y Alamino. Todos sabemos que al final lo que realmente hizo Raúl Castro fue organizar una deportación inducida, con la que suponía quitarse de encima una buena parte de la presión internacional y darle un pequeño maquillaje de cambio a su truculenta política represiva, prolongación de la de su hermano. Al parecer el señor Obama se creyó el cuento y espera que sigan las señales de cambio.

¿Realmente el presidente Obama confía en que de la pandilla de los Castro puede salir algo positivo para el pueblo cubano? ¿Han sido inútiles casi de 52 años de sufrimiento para la familia cubana como para que todavía alguien espere algún real gesto de redención del dictador de turno?

¿Necesitará más pruebas el presidente Obama sobre la verdadera catadura moral del régimen? ¿Tendrá que explorar más en la desidia y maldad del sistema castrista? ¿Creerán realmente el actual presidente norteamericano y sus asesores que los tiranos de Cuba han sido serios y veraces alguna vez o lo podrán ser jamás?

Quizás esta simplista y despreocupada evaluación de la actitud de su gobierno con respecto al sufrimiento indecible del pueblo cubano, ante los ojos impasibles y a veces cómplices de una gran parte de la comunidad internacional –entre ellos la ONU y la OEA-, también la ha aplicado a su gestión de gobierno y esa sería parte de la explicación a la situación actual con la que enfrenta el presente período electoral norteamericano. La Historia –entre otras cosas- es justa y pasa la cuenta.

Quizás en lo adelante el gobierno norteamericano se dé cuenta de su compromiso histórico con la libertad del pueblo cubano y asuma otra actitud más radical y menos conciliadora. De todas maneras, como lo va a demostrar el inminente juicio del pueblo cubano contra los Castro y sus esbirros, la Historia no absuelve a los malditos tiranos de sus pueblos: los juzga y condena inevitablemente.

Y, ¡ay de aquellos que se presten a sus manipulaciones mentirosas o les den cobertura!

7/27/2010

El próximo capítulo


Por Lázaro Tirador Blanco

Periodista Independiente y Escritor


El deterioro de la imagen de Raúl Castro al frente de la dinastía castrista ha provocado que tuviera que hacer la “jugada de los presos políticos” la que, usando de soporte a la iglesia católica y a la desprestigiada imagen del Cardenal Jaime Ortega y la del bufón español Miguel Ángel Moratinos, le ha permitido que se levanten nuevas expectativas sobre las posibilidades de un cambio de la situación cubana, lo que podría ablandar la posición común de la Unión Europea y aliviar las duras críticas que ha recibido el régimen cubano por la situación de los derechos humanos en el país.

Toda esta pantomima que sólo tiene como resultado positivo el alivio de las penalidades de los disidentes prisioneros -que aunque sigan siendo manipulados aún después de liberados y extraditados-, van a tener el amparo para sus vidas que no tenían en las mazmorras castristas.

Por lo demás, una vez más en estos más de 50 años de dictadura se manipula la expectativa del pueblo cubano con respecto a cambios profundos y definitivos, aún bajo el liderazgo totalitario. En buen cubano la gente esperaba “que ahora sí van a aflojar la mano”.

La más cercana expectativa se esfumó el pasado 26 de Julio cuando ni siquiera Raúl Castro asumió el rol habitual de orador principal, cediéndolo a una de sus principales vedettes políticas quien no dijo nada de nada, más que la consabida alabanza a los supremos Fidel y Raúl Castro. Se esperaba al Padrino en Jefe y al Discípulo Amado y ninguno de los dos acudió al escenario en la esperada función.

En tanto, el restaurado caudillo Fidel posa ante las cámaras y trata de articular -en una verborrea a veces incoherente y fuera de contexto-, sus nuevos discursos entre los que mezcla profecías de un holocausto mundial en el Medio Oriente con otros temas que en realidad pudieran ser parábolas del viejo zorro que aún goza de una buena parte de su popularidad legendaria. Detrás de este resurgir del líder cubano está su restauración como líder patriarcal del nuevo imperialismo bolivariano que organiza con su ahijado Hugo Chávez y el resto de la pandilla bolivariana y que se va delineando ante los mismos ojos de los miopes lideres del continente.

El romance renacido de Rusia y Cuba vuelve a ser plataforma ideal para una eventual variante de la Crisis de los Misiles y los oscuros pactos de Chávez con Irán y Corea del Norte están preparando un protagonismo sin igual a Latinoamérica en un eventual conflicto global que, incluso podría comenzar ante nuestras propias narices.

El olfato de Castro ante la posible cosecha de los frutos de su propia siembra política, lo han hecho resurgir como la vieja vedette planetaria que fue y que anhela seguir siendo al final de sus días.

Por ello le ha dado a su hermano Raúl la misión de enviar señales -pero sólo señales-, de cambio tanto a la Unión Europea como a los Estados Unidos y el resto del mundo con la esperanza de que muerdan una vez el anzuelo con similar carnada que en los últimos 50 años, de manera que los ambiciosos sueños que engendró en una agradable celda en el antiguo Presidio Modelo de la también antigua Isla de Pinos se cumplan, aunque sea al final de su vida.

Dejémonos de cuentos, de valoraciones políticas, de posiciones comunes o de antagonismos entre los mismos cubanos; muchos de nosotros fuimos seducidos durante años por la mayor mentira política después del fascismo alemán; por un líder y su programa que emulan con ventajas con Hitler y cuya realidad a costado miles de vida en Cuba y otras regiones del mundo -bajo el disfraz del internacionalismo- y bajo la égida de un malvado al que nunca le han importado sus compatriotas sino sus sueños de liderazgo mundial, que ha sumido a su propia nación en la pobreza, el abandono y a su pueblo en el más vil servilismo conocido desde la Edad Media y que hoy sueña con un final épico para su vida, cueste lo que cueste a su sufrida Patria o al Mundo que lo alabó un día y que aún coquetea con él.

Cuba ha vivido más 50 años de historia surrealista –no fue casual que con mucho olfato Jean Paul Sartre la visito en sus primeros años-; pero hoy es tiempo de que unidos en una verdadera concertación cubana sacudamos el yugo que trata de sostenerse a pesar de que la Historia sí lo condenó.

Veremos en la próxima sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular el capítulo que sigue. ¿Seguiremos los cubanos esperando que los Castro escriban el final?

6/28/2010

¿Cambio o Cortina de Humo?


Por Lázaro Tirador Blanco


Sin lugar a dudas los últimos acontecimientos en el panorama de las reacciones del régimen de Raúl Castro con respecto a problemas tan “calientes” para él como la situación de los presos políticos, las marchas de las Damas de Blanco y el resto de las manifestaciones de la disidencia cubana, que tanto preocupan al sistema totalitario, son en ningún sentido un “milagroso cambio” logrado por la intervención de la cúpula de la Iglesia Católica, hasta ahora tan consecuente y silenciosa con las atrocidades del régimen, desde las represiones de la Primavera Negra.

¿A qué se deben entonces las insipientes muestras de cambio que ha dado el régimen en estos temas tan delicados para su propia existencia y permanencia en el control del país? En mi opinión no es más que una bien elaborada cortina de humo para lograr un clima de mayor tranquilidad que Raúl Castro necesita para poder llevar a cabo todos los enredos en los que anda con su compinche Hugo Chávez, en su cacareado Socialismo (léase Imperialismo) del Siglo XXI, cuyo paso más trascendental –en medio de la enredada situación política global- es la entrada al panorama económico, político y militar del continente de países como Irán, Corea del Norte y ahora Siria.

Raúl Castro no cuenta con la histriónica personalidad de su hermano Fidel para elaborar sus planes ante los mismos ojos de todos y cambiar la imagen del agresor en agredido y a veces hacer creer que lo negro es blanco. Al nuevo líder supremo de Cuba se le ha complicado demasiado la situación interna con una disidencia –si bien no compacta- sí mucho mayor que la que esperaba y con un pueblo que poco a poco va perdiendo el miedo a expresarse –aunque todavía en voz baja-, de una manera más crítica, sobre la realidad que vive el país y la ineptitud del sistema.

La milagrosa intervención de la cúpula católica –realmente convocada por el mismo dictador-, en aras de lograr algunas flexibilizaciones en la dura postura oficial contra manifestaciones de protesta ciudadana como las de las Damas de Blanco o las viriles huelgas de hambre o ayunos que han costado la vida de unos y el peligro inminente de muerte a otros y el creciente respaldo popular a estos movimientos, ha sido el marco ideal para elaborar una posición en la que –sin hacer concesiones reales-, el régimen logre un estado de expectativa y abra un compás de espera tal, que le permita un clima más tranquilo para sus imprescindibles maniobras de sobrevivencia, que pasan desde el apoyo de una parte del exilio y la posibilidad de eliminación de restricciones en la política de la Casa Blanca hacia Cuba, hasta lograr que las tensiones internas se distiendan un poco y el régimen pueda atender sus reales prioridades.

Si revisáramos la historia de estos cincuenta y un años de castrismo, encontraríamos que en cada crisis del sistema, el liderazgo totalitario ha preparado estrategias que sólo han sido cortinas de humo para esconder, no sólo la realidad, sino para tener un respiro en sus verdaderos y siempre macabros planes. Este es uno de esos momentos en que la sabia maldad del vetusto caudillo ha primado con sus consejos de viejo camaján sobre la soberbia pollina de su heredero al trono.

¿Cuáles son pues las verdaderas prioridades del régimen hoy? El Plan Chávez de construir rápidamente el nuevo imperio; la reactivación de los planes militares y los programas de armamentos estratégicos con la resucitada Rusia –ahora entregándole los ricos yacimientos petroleros del norte de Cuba- y el estrechamiento de las relaciones estratégicas con aliados como Irán, Corea del Norte, Siria y otros, que pronto comenzarán a tener un nuevo protagonismo, nunca antes visto en el área.

La situación interna de Cuba no se puede ver aisladamente de toda la trama política que Fidel Castro y Hugo Chávez vienen elaborando por años y que está a punto de realizarse ante los ojos de un mundo cada vez más perturbado por las crisis regionales y mundiales y ante un gobierno norteamericano que ha descuidado su atención sobre estos aspirantes a emperadores globales, que hoy preparan las condiciones para la posesión de armas nucleares en sus arsenales y con ellas llevar a cabo sus propósitos imperiales..

Así de sencillo es el asunto y hay que ser ciegos –o no conocer al enemigo-, para no verlo y obrar en consecuencia.

Como he dicho en otra ocasión, Dios quiera que me equivoque y que me toque quedar como necio en este tema.

5/26/2010

La última válvula del régimen

Por Lázaro Tirador Blanco

Aunque sin la astucia, agudeza y oportunismo de su hermano Fidel, el actual dictador de turno muestra de nuevo la estrategia ya manida de buscar una válvula de escape cuando la situación se torna demasiado candente dentro de Cuba, y las presiones internacionales comienzan a acrecentarse y el régimen a sentirse acosado.

El sistema totalitario está lleno de momentos en que pareciera que al fin habría una oportunidad para la conciliación, para el entendimiento y para que el régimen “aflojara un poco la mano” y el pueblo tuviera más oportunidades aún dentro del esquema del sistema totalitario. La más reciente fue en tiempos de la toma de posesión del presidente Barack Obama.

Pero ahí está la Historia para corroborar que –una vez reprimida, pasada y controlada la situación interna-, la represión, la persecución y la altanería castrista –primero con Fidel y ahora con Raúl Castro-, resurgen renovadas, con nuevos bríos y más ávidas y cruentas.

En tiempos de la ascensión de Obama al poder, el propio Fidel Castro y a la par su hermano, enviaron piropos y halagos al nuevo presidente del imperio los que iban acompañados de promesas de reformas, medidas de aperturas y una mejoría de las condiciones de vida de los cubanos, entre ellas la ampliación de los viajes a la isla, el acceso de los nacionales a la internet, a la telefonía celular, el acceso a los hoteles de turismo y otras. La vida demostró que las reformas o nuevas medidas amañadas, ningún beneficio trajeron en la práctica a la mayoría del pueblo y que los halagos y piropos al presidente Obama se convirtieron en los tradicionales epítetos e insultos reservados para los presidentes norteamericanos, con independencia de su filiación partidista, durante más de 50 años y un nuevo y grosero portazo en la cara a la comunidad internacional.

En tanto en la Cuba de adentro sí se han estado produciendo cambios, pero no en el régimen sino en la concertación de un nuevo pensamiento de unidad contra el sistema totalitario que –aunque subterráneo todavía-, va aflorando poco a poco bajo una intensa y ejemplarizante resistencia de los prisioneros políticos -algunos en huelgas de hambre como el recientemente fallecido Orlando Zapata y el aún en huelga Guillermo Fariñas-, así como las protestas populares pacíficas encabezadas por las dignas y valientes Damas de Blanco. Otras opciones disidentes como el Proyecto Varela y tantos otros elementos que sería largo nombrar, están despertando poco a poco la conciencia nacional y acrecentando la certidumbre de que ha llegado el momento del cambio real y de la expulsión del castrismo y sus genízaros del poder.

No obstante y pese a su miopía política y falta de la habilidad y del histrionismo oportunista de su hermano y mentor, Raúl Castro está ensayando un nuevo coqueteo –ahora con la Iglesia Católica- para proponer una salida a la crisis que ya se le hace insostenible: se ha mostrado dispuesto a resolver la situación de los presos políticos. Así ha declarado el cardenal Jaime Ortega después de una reunión con el tirano, sobre la cual dijo esperar que el gobierno libere presos políticos, sobre todo a los más enfermos. Esta nueva maniobra ha sido considerada por la jerarquía católica de la isla como positiva y ha despertado optimismo en diversos sectores dentro y fuera del país.

Pues esa es la intención castrista: lograr un alivio de aspirina a la difícil situación que atraviesa el régimen, no sólo por el incremento de la represión abierta que ha desatado contra todo lo que huele a “disidencia” o “mercenarios del imperio” (como califica a los opositores), sino porque sus fracasos en el terreno económico, laboral y social van acercando cada día más al régimen a su apocalipsis, y eso el pueblo cubano lo intuye.

Claro está que cualquier alivio que se logre en las condiciones de confinamiento de esos sufridos, vejados y masacrados hermanos que llenan las cárceles cubanas en infrahumanas condiciones, será algo que todos los cubanos deseamos; pero qué triste que tengamos que esperar que el régimen use esos “beneficios” como válvula de escape de su desesperada situación. Gracias a Dios ya son pocas las opciones que les quedan, como poco es el tiempo de supervivencia que tienen.

El implacable reloj de la Historia está tocando su hora contra los que han tratado de asesinar la verdadera historia de la Patria, de ocultar y negar el ejemplo que proyectan sus héroes y próceres, los de antes y los de ahora; que asesinan la noticia veraz, el sufrimiento diario, y la rebeldía que surge en cada rostro, que se susurra en cada garganta, pero que se levantará en cualquier instante, no como un estertor de muerte, sino como un grito de victoria y de esperanza, como una verdadera válvula de escape no del régimen agónico, sino de la libertad secuestrada, del sufrimiento vencido y del nuevo amanecer de la nación cubana, sin tiranos y con todos y para el bien de todos, como dijera Martí.

Esta es quizás la última válvula, pero sin escape para el régimen.

1/17/2010

Ya viene llegando

Por Lázaro Tirador Blanco

El terremoto ocurrido en Haití ha conmocionado al mundo y ha sido realmente una catástrofe de envergadura aún incalculable. Todos hemos manifestado de alguna manera la solidaridad con el pueblo haitiano. El hecho ha ocupado las primeras planas de todos los medios de divulgación del mundo clamando solidaridad.

Pero en Cuba sucedió en este mismo tiempo un acontecimiento que nada tiene que ver con una catástrofe natural como la que sobrevino al hermano pueblo haitiano. El acontecimiento que ha estremecido a la sociedad cubana ha sido la muerte de 26 enfermos mentales del Hospital Psiquiátrico de La Habana (Hospital de Mazorra). Los fallecidos eran todos de avanzada edad y que sufrían diferentes patologías crónicas, que requerían de cuidados especiales y atención médica constante y cuyo deceso se produjo por hipotermia. Ellos no murieron en medio de un evento meteorológico sino como consecuencia de la catástrofe que por más de medio siglo azota al pueblo cubano: el castrismo totalitario.

Las primeras noticias de este hecho no fueron proporcionadas por los medios oficiales del régimen, sino por una valiente denuncia ante la opinión pública por parte de un comunicado de Elizardo Sánchez, líder de la Comisión Cubana Pro Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), desde e La Habana.

Como ya se conoce, al descubrirse lo ocurrido, el gobierno castrista emitió de inmediato una nota, justificando que “estos hechos están vinculados con las bajas temperaturas de carácter prolongado que se han presentado, de hasta 3,6 grados centígrados, en Boyeros, donde se ubica el hospital" y que "los principales responsables de estos hechos serán sometidos a los tribunales correspondientes".

Es indignante que estas muertes de inocentes ancianos se produzcan no en sus casas, en algún evento violento u accidente, sino en uno de los hospitales cubanos que el castrismo ha elogiado como un “logro de la salud de la Revolución”; no en un lejano rincón rural lejos de los beneficios directos del desarrollo, sino en pleno corazón de la capital cubana, en un país que se jacta de ser una potencia médica mundial y que se da el lujo de exportar a su personal médico a numerosos países. La otra paradoja es que, como dice la denuncia de los disidentes "murieron por hipotermia, lo cual es un absoluto contrasentido en un país marcadamente tropical como Cuba". La denuncia también señaló que este era "el número más alto de muertes evitables en un hospital cubano en toda la historia republicana".

La mala alimentación, las deficiencias del sistema hospitalario, el deterioro y mal estado de las instalaciones y la despreocupación del personal de dirección, mantenimiento, médico y paramédico –algo que ocurre en todos los sectores de los servicios y la economía cubanos-, parecen ser las causas reales del doloroso hecho.

Ahora el gobierno de Raúl Castro se propone “pedir sangre” por el hecho pero ya todos los cubanos sabemos que como siempre, se buscarán algunos culpables intermedios, se sancionarán y la aparente moral de la Revolución quedará lavada, sin manchas y sin arrugas.

Ya esto ha pasado muchas veces. La irresponsabilidad y los errores del régimen y su alta dirigencia –incluyendo graves delitos cometidos por sus líderes-, han sido endilgados públicamente a algunos de sus subalternos que han pagado los platos rotos, como ocurrió con los fracasos del Cordón de La Habana, la Zafra de los 10 Millones y casi todos los programas castristas y hasta con el narco negocio que dirigía la más alta cúpula comunista y por el cual sólo pagaron algunos oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, incluyendo al General Arnaldo Ochoa.

Esta vez pasará igual. El Presidente Raúl Castro armó su espectáculo y llegó a Mazorra con su séquito para “evaluar los hechos y exigir responsabilidades”. Se sancionará a algunos dirigentes menores, médicos y paramédicos, pero no creo que la “candela” llegue siquiera al Ministro de Salud Pública. Y todo quedará igual.

Lo trascendente de este hecho –amén de las muertes de ancianos inocentes que engrosarán las listas de muertos por causa del régimen-, es que pese a los esfuerzos que hace la cúpula castrista por mantener la imagen de una revolución popular que será eterna, el sistema se derrumba a pasos agigantados, cada día se desenmascara alguna de sus mentiras que han sido su principal sostén y el pueblo cubano gana más conciencia de la necesidad urgente del cambio total.

Aún Raúl Castro y su sistema de control totalitario, sostenido por las armas, la represión, la chivatería, el chantaje y el sometimiento por las mentiras unas veces y por las amenazas la mayor parte del tiempo, se desmorona cada día. Hoy, como nunca antes se escuchan muchas voces de cubanos y cubanas dignos que han aceptado el reto de oponerse al sistema y propiciar el cambio, que salen a expresar sus ideas a las calles –aún en medio de amenazas, golpizas y aún asesinatos-; que se mantienen firmes en las cárceles sólo sobre los soportes de sus ideales patrióticos.

Es indudable que dentro y fuera de Cuba se está gestando un movimiento tal de repulsa al sistema castrista que muy pronto estremecerá los cimientos lastimados de nuestra afligida nación, como una eclosión justiciera que devolverá al sufrido pueblo cubano su integridad democrática, su libertad de expresión, vivir y gobernarse como el país libre que antes fue y que de nuevo pronto será.

Entonces, estos muertos inocentes también serán recordados, porque se sumarán a los cientos de miles que acusarán a los personeros del régimen ante los tribunales de justicia.

Ese día ocurrirá también en Cuba un terremoto –no como el que han sufrido hace unos días los vecinos haitiano-, sino un terremoto de ansias de reconstruir la nación, de restaurar a Cuba sobre sus ruinas y del cual surgirá un nuevo país –como esperamos que suceda en Haití-, que enfilará hacia un futuro mejor para los seres humanos, sus necesidades y sus sueños.

Ese terremoto –al menos en Cuba-, será recordado como el inicio de la libertad, del desarrollo, del bienestar y de la paz para nuestro pueblo.

Y ese terremoto para Cuba, ¡Ya viene llegando!

1/09/2010

El fin de la dictadura, ¿postergado por tiempo indeterminado?


Por Lázaro Tirador Blanco


Para algunos analistas, las perspectivas del futuro de Cuba son tenebrosas. Ellos, incluso, esperan que el mundo pronto se olvide de la Isla y el sufrimiento de los cubanos. En su opinión, en tiempos difíciles como los que se viven y los que se avecinan, los Estados tienen la tendencia de proteger sus propios intereses nacionales y resolver sus propios problemas, que son cada día mayor. Aún EE.UU., tan cercano por razones estratégicas e internas, al problema cubano, ha desestimado sus planteamientos hacia la solución cubana para entenderse con sus propios retos y los desafíos globales. Por esas mismas razones, las organizaciones e instituciones internacionales y multilaterales se volverán a vivir a los supuestos retos que imponen el cambio climático, la proliferación de armas nucleares en nuevas zonas geográficas y el surgimiento de economías alternativas que irán absorbiendo gran parte del mercado mundial, como es el caso de la China. Eso sería el principio de la economía global, de la seguridad global y de las soluciones globales, que reduciría el interés por problemas nacionales específicos, dentro de los que está la situación dictatorial que vive Cuba.


Si nos atuviéramos a los elementos que aporta la Biblia sobre la preparación del mundo para los tiempos finales, llegaríamos a la conclusión de que la actual crisis financiera mundial es el inicio de una nueva era de ajustes necesarios para que se cumplan las profecías apocalípticas. Es evidente que pese a lo que aparentemente ocurre, el mundo está viendo –aún sin quererlo ver ni entender-, el fin de la hegemonía ejercida por Wall Street –como símbolo de la hegemonía norteamericana-, y está siendo testigo del surgimiento de un mundo multipolar.


El establecimiento de bloques político-económicos renovados como el de China, de nuevas potencias nucleares como Corea del Norte e Irán y de posiciones de un tipo de comunismo más popularizado y mejor manipulado que el que impuso la dictadura castrista en Cuba –cuyo mejor ejemplo es el llamado Socialismo del Siglo XXI impulsado por la alianza chavista-, son evidencias de que un cambio global se aproxima y ello sería el cumplimiento del nuevo orden mundial que es condición para el comienzo del fin de los tiempos que ha sido profetizado por la Biblia.


Es indudable que la actual crisis financiera abarca a todo el mundo y ello hace que el clamor de una colaboración global más extensa se haga también cada día mayor. Este espíritu ha llevado a levantar incluso, expectativas de una coexistencia menos violenta entre las naciones y el levantamiento de voces que proclaman una paz más duradera y una mayor comprensión entre las diferentes posiciones políticas, en aras de una coexistencia pacífica que permita enfrentar la crisis financiera universal, el cambio climático y otros problemas globales. El esbozo de los planteamientos programáticos iníciales del actual Presidente norteamericano Barack Obama, lo catapultaron a una expectativa de liderazgo tal que fue la plataforma base para el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz, al Comandante en Jefe de las tropas de un país que participa en dos guerras fuera de sus fronteras.


La valoración que al principio esbozó el actual gobierno norteamericano sobre la posibilidad de hacer cambiar para mejor la actuación del gobierno castrista en temas como el respeto a los derechos humanos, la liberación de los disidentes presos y un grupo de aperturas como permitir los viajes fuera de Cuba a los cubanos, el libre acceso a internet y otras, quedaron en meras intenciones y expectativas que ilusionaron a muchos dentro y fuera de Cuba, pero que han devenido una ilusión más de que el régimen totalitario se vista de algunos trapos de democracia.


Es probable que la participación del liderazgo norteamericano en las situaciones que antes expuse, le hayan quitado atención a las buenas intensiones del Presidente Obama de presionar al gobierno de La Habana para que dé muestras de que algunos cambios son posibles aún con su régimen totalitarista y opresor, algo que yo personalmente estimo como infantilismo político y desconocimiento total de las malas entrañas de la dictadura castrista.


No obstante, esta coyuntura ha sido aprovechada por los ideólogos del régimen cubano para comenzar sus agresiones verbales contra la figura y la política del líder norteamericano, iniciadas por el caduco pero omnipresente Fidel Castro y ahora continuadas por el heredero del trono comunista antillano, su hermano Raúl. Ni tardo ni perezoso, el dictador del nuevo imperio bolivariano Hugo Chávez ha aprovechado estas circunstancias para cerrar pactos políticos militares con una Rusia resurgida que realiza intensas jugadas donde apuesta al aparente desarme global de la mano de EE.UU., mientras hace pactos ingentes con los regímenes bolivariano y cubano para recuperar su presencia militar y estratégica en el propio patio norteamericano, como ocurrió en la década de los 60 del pasado siglo con la antigua URSS. Esta estrategia chavista se ha extendido a las dos nacientes potencias nucleares más agresivas: Corea del Norte e Irán.


Estos acontecimientos, además del fortalecimiento del llamado bloque bolivariano con las reelecciones de Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, así como los nuevos gobiernos de izquierda en El Salvador y Uruguay y el coqueteo de otros que encubiertamente se asocian por intereses espurios a los regímenes prochavistas, han permitido al régimen de Cuba un respiro en la presión internacional, con lo que ha intensificado su represión a la oposición interna, a la creciente disidencia y al cada vez mayor descontento de los cubanos, cansados de los engaños, las represiones y las penurias a las que por más de 50 años ha sometido el régimen al país.


El 2009 fue un año en que el régimen totalitario de La Habana experimentó algunas ideas nuevas salidas de la también trasnochada mente del empresario-militar-político Raúl Castro, principalmente en el sector agrícola y el reordenamiento empresarial, que permitiera un maquillaje más fresco al caduco sistema. El balance hecho por el propio régimen demuestra la ineficacia de los métodos socialistas que cada vez son menos respaldados por el pueblo cubano.


Todo ello, resumido en el alivio de no sentir la presión de los EE.UU. para realizar cambios reales en la Isla; bajo la abulia de organizaciones internacionales como la ONU y la OEA que en nada han ayudado al pueblo cubano que sufre, a los presos políticos y disidentes que son maltratados y reprimidos y a las mujeres que son golpeadas en las calles por defender a sus familias, así como por el protagonismo que el nuevo Padrino Hugo Chávez otorga al régimen de Cuba en su naciente Imperialismo Bolivariano del Siglo XXI, han dado a Raúl Castro un respiro que le permite de nuevo al régimen “guapear” y ofender, retar y calificar con los adjetivos consuetudinarios para los presidentes norteamericanos a un Barack Obama al que habían criticado y elogiado simultáneamente, pero al que ahora también retan y atacan. Y en tanto, el pueblo cubano sigue sufriendo, penando y muriendo sin gozar –al menos-, con alguna solidaridad internacional real y solidaria. Pareciera que, fuera los destellos agresivos hacia el Norte y los halagos bien pagados hacia el Sur, Cuba hubiera alcanzado una nueva condición, convirtiéndose en la Cuba invisible y el fin de la dictadura, ¿postergado por tiempo indeterminado? Una vez más las circunstancias demuestran que la solución cubana, el derrocamiento del régimen y el restablecimiento de la democracia en Cuba, es algo que tenemos que resolver los cubanos, los de adentro y los de afuera.

7/12/2009

A propósito de Honduras…

Por Lázaro Tirador Blanco

Lo ocurrido en Tegucigalpa no fue un golpe de estado como a sido vociferado desde el inicio por los acólitos de Castro y los asalariados de Chávez. La verdad es que las instituciones jurídicas, políticas y militares hondureñas han dado un ejemplo de patriotismo a Latinoamérica y al mundo, en cuanto a defender la Constitución de su patria y los principios democráticos que rigen la sociedad hondureña.

Es triste que en Cuba las noticias las transforman, las envuelven en engaños y no se dan todos los elementos de la verdad de los hechos. Pero es entendible que el régimen no permita al pueblo cubano escuchar todas las versiones, porque un acontecimiento como el acaecido en Honduras llevaría al pueblo, sojuzgado por un totalitarismo incruento, la esperanza de la próxima libertad.

Cuando Castro andaba por la Sierra Maestra intentando llevar a cabo su revolución, bien denunciaba que las armas debían ser para defender los derechos del pueblo y de la patria y no para masacrarla. ¡Qué paradoja! Ellos también dieron un golpe de estado y llevan más de 50 años masacrando a Cuba. Pareciera una burla que hoy Raúl Castro recrimina y da lecciones de democracia a los militares y políticos hondureños –respaldados por las instituciones del estado-, que han tomado las armas y la ley, no para masacrar a sus hermanos sino para defender la Constitución, proteger el Estado de Derecho y la democracia hondureña, amenazada por los planes elucubrados en la imperial mente de Hugo Chávez y bajo el senil consejo de Fidel Castro.

Ya hoy el pueblo y las instituciones venezolanas están comenzando a pagar el precio de aprobar las elecciones eternas de Chávez y poco a poco también sufrirán los pueblos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua. De eso se libró el pueblo de Honduras.

También llama la atención que la Organización de Estados Americanos (OEA) haya asumido posiciones tan radicales a sólo horas de haberse producido la sustitución de Manuel Zelaya y armado un revuelo regional y mundial, lleno de sanciones, amenazas, expulsiones y calificativos para los hondureños de vergüenza que defendieron su patria, sin siquiera haber sido escuchados.

¿No parece muy extraño que se tomara todo tipo de medidas coercitivas, incluyendo el bloqueo comercial de las fronteras por parte de Nicaragua, El Salvador y Guatemala sin que se escuchara a los representantes de la mayoría de los hondureños que apoyaron y apoyan la destitución de Zelaya?

¿No es vergonzoso, aún para la poca vergüenza que le queda a la OEA, que Chávez amenazara con invadir militarmente a Honduras para restituir a su discípulo y que, para demostrar que era en serio alertara a sus fuerzas armadas, y la OEA no le diera una contundente respuesta? Esto demuestra que los líderes bolivarianos –a los que ya pertenece Zelaya-, cuando no puedan salirse con la suya mediante elecciones y usos diplomáticos, lo van a tomar por la fuerza de las armas. Y la OEA sigue callada ante estas amenazas que hoy son para Honduras y mañana serán para cualquier otro país que no se pliegue al nuevo imperialismo naciente en Nuestra América.

La inusual diligencia del Secretario General de la OEA José Miguel Insulza ha sido un matiz llamativo de esta crisis. Convocó, habló y se movió por el continente con una eficacia sin igual, preestableciendo que la OEA debía condenar lo que él mismo bautizó como “golpe de estado”, y todo ello sin escuchar las razones de los demás hondureños, sólo las de Zelaya. Algo que pasará a su haber personal como un logro de su carrera en la OEA fue lograr que hasta el gobierno estadounidense pidiera la restitución de Zelaya sin oír la otra parte y saber el deseo de la mayoría de los hondureños.

Es una lástima que nadie haya dicho en la cara al Sr. Insulza que toda su actuación contra el pueblo de Honduras sólo se debe a su admiración por el tirano de Cuba y su más reciente romance político con el tirano de Venezuela y que esas cualidades no solo lo incapacita para ser Secretario General de la OEA –por muy sucia que esta actúe-, sino lo descalifica como ser humano digno de hablar a nombre de los pueblos de Latinoamérica.

Lo que hicieron en las elecciones de Irán fue superlativamente peor que lo que pretenden demostrar que se hizo en Honduras, y ningún país de Latinoamérica se inmutó, ni condenó ni arguyó.

Lo que ocurre cada día en Cuba es peor, porque una pequeña élite gobernante le arrebató a su pueblo los más elementales derechos que deben tener sus ciudadanos, ¡y esto por 50 años! Y la OEA premia al régimen abriendo las puertas a su reingreso. No han tenido en cuenta que el pueblo aplaude y da aparente apoyo al régimen porque “al que no lo haga lo coge la candela”. Las cárceles cubanas están llenas de valientes ciudadanos que van despertando del sopor de la esclavitud y se levantan poco a poco hacia la verdadera libertad, a la definitiva expulsión del régimen del poder. ¡Ya veremos si ese día se levanta un tracatán (adulador y arrastrado) como Insulza a pedir la restitución de Raúl Castro!

En el caso de Honduras ha quedado demostrado que las instituciones jurídicas, políticas y militares del país actuaron conforme a derecho, bajo el amparo del Poder Legislativo y del Poder Judicial; que la Constitución fue aplicada y observada y que el Estado de Derecho fue preservado.

La fórmula que se aplicará para solucionar la situación creada y la definitiva salida del panorama hondureño, de Manuel Zelaya, y el reconocimiento de todos los derechos de ese país en las instituciones regionales y mundiales, que le fueron suspendidos apresuradamente y discriminaron a un país que defendía su democracia y su dignidad, no sabemos cuál será, pero lo que sí tenemos que reconocer desde ahora es que Honduras ha demostrado que América Latina no será presa fácil del nuevo imperio bolivariano organizado por Chávez y asesorado por Castro y que en lo adelante cada país y cada pueblo será más cauteloso, a la hora de dar respaldo a demagogos aprendices de tiranos totalitaristas, detrás de cuyas pieles se esconden oportunistas que sólo pretenden cambiar el collar y que nuestros pueblos sigan siendo los mismos perros.

6/13/2009

El último papalote

Por Lázaro Tirador Blanco

Para cualquier cubano que anhela la libertad de sus hermanos y para aquellos que en cualquier lugar del mundo comparten las ansias de libertad de un pueblo esclavo, la noticia de que el régimen castrista acaba de autorizar la salida de la isla a la doctora Hilda Molina para ver a su familia en Argentina, nos llena de regocijo.

La concesión del permiso de salida, que es la autorización del régimen para que un ciudadano cubano pueda viajar al exterior, fue anunciada en la Argentina por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, antes que se divulgara en Cuba.

La doctora Hilda Molina pedía desde hace una década el permiso al gobierno cubano para viajar a Argentina, donde viven su hijo y nietos.

Pese a que la noticia nos alegra a todos, no deja de ser una desvergüenza más de las que acontecen cada día a los cubanos desde hace 50 años. El permiso de salida de Cuba –lo que debería ser un ejercicio libre de un derecho como es en cualquier lugar del mundo-, es algo prácticamente vedado a la casi totalidad de los cubanos. Este es uno de los derechos humanos contantemente violados por el régimen. Los pretextos son múltiples: es “disidente”, “portador de secreto estatal o militar”, “posible desertor”, etc.

Lo más indignante de este caso específico es que para que una ciudadana pudiera ejercer un derecho elemental, ha tenido que armarse todo un andamiaje publicitario en el que han intervenido, aún ante de omnipotente Fidel Castro, el ex presidente Néstor Kirchner, la actual presidenta argentina e innumerables personalidades y organizaciones dentro y fuera de Cuba, de manera que hoy se presenta la autorización de salida de la doctora Molina como un gesto positivo que hay que agradecerle al régimen por su condescendencia y humanitarismo.

El régimen que violó los derechos de una ciudadana, hoy es aplaudido por acceder a que ella ejerza de manera excepcional ese derecho que había sido contantemente violado por una década. El caso es indignante, inmoral y absurdo. Detrás de todo esto estaba en verdad la venganza del régimen ante las críticas de la doctora Molina y su renuncia a hacerle el juego a las inmoralidades que en el sector de la salud se cometen en la isla con la anuencia y bajo la dirección del gobierno.

El canciller argentino Jorge Taiana ha declarado sobre el caso: "Este es el resultado de una tarea paciente, discreta y perseverante que ha buscado lograr el objetivo con un único propósito humanitario... reunir a la familia en nuestro país". El señor canciller también declaró que "Argentina también quiere expresar su reconocimiento a la comprensión demostrada por el gobierno cubano".

Nos congratulamos del esfuerzo argentino para resolver este caso pero, debían sentir la gran vergüenza que significa reconocer que fueron necesarios 10 años y la intervención de dos presidentes más un canciller para que el régimen otorgara permiso de salida a una mujer disidente y todavía reconocerles por ello.

Si esta fuera la norma que se siguiera por el régimen castrista deberíamos sacar la cuenta de cuántos presidentes, cancilleres y años harían falta para que pudieran salir de Cuba los ciudadanos que quieren hacerlo y no se les otorga el famoso permiso de salida.

Mucho se ha hablado en este año de las medidas de Raúl en beneficio de los cubanos, del levantamiento de algunas restricciones por parte del gobierno norteamericano, de los debates en la hoya de grillos de la OEA para permitirle al régimen regresar sin costo alguno y ganando como recompensa, el desprecio del castrismo. Mucho se habla en el mundo de los beneficios del sistema comunista cubano, del ejemplo que significa para los pueblos oprimidos, etc., etc., etc. Pero este es un caso que pone al descubierto y con crudeza que de los castrista no se podrá esperar nada bueno si no les beneficia en su política o les ayuda en levantar cantos de sirena como lo hacen los líderes del bloque chavista, o algunos cisnes cautivados como la presidenta y el canciller argentinos en este caso.

Ya es tiempo que los que verdaderamente quieren libertad para los cubanos, los que desean el acceso y el ejercicio de todos los derechos ciudadanos más elementales para un pueblo que sufre por más de 50 años la más férrea y brutal dictadura de la era moderna, dejen de aplaudir las vernáculas payasadas del régimen para mejorar su imagen, paren de brindar cobertura mediática a supuestos logros a expensas del sufrimiento de todo un pueblo y hablen la verdad que conocen y que por contubernio, por miedo o por espurios intereses esconden en halagos, adulaciones y mentiras envueltas en frases patrióticas y grandilocuentes.

Es tiempo que los hombre y mujeres dignos del mundo dejen de ser engañados y repitan bondades del régimen comunista, del sistema totalitario cubano que ni conocen a derechas ni saben la represión, la perversión, la corrupción y el terror que se esconden tras las consignas, las ayudas internacionalistas y la mordaza social, política y cultural impuesta a todo un pueblo mediante el más diabólico y férreo proyecto represivo que se pueda concebir.

Esta concesión del gobierno cubano en el caso de la doctora Molina no es más que un gesto para dar motivo a los que exaltan el régimen, para levantar alabanzas y elogios en aras de seguir engañando a los ilusos que creen en las bondades del sistema totalitario cubano.

No dudo que quizás Chávez se embulle y le dedique una par de horas en algún “Aló Presidente” o que el señor Insulza convoque a los embajadores de la OEA a una sesión extraordinaria para agradecer el gesto democrático del régimen castrista. En estos días puede soplar cualquier viento para empinar cualquier papalote.

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