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2/25/2010

TODOS SOMOS CULPABLES.Por Alfredo M. Cepero.

Por Alfredo M. Cepero.

“Ver en calma un crimen es cometerlo” José Martí.

Los cables internacionales y la gran prensa comprometida con la izquierda dicen que Orlando Zapata Tamayo murió como consecuencia de una huelga de hambre. Como de costumbre esa prensa miente. Como de costumbre, esos poderosos medios de información, ya sea por contubernio o por indiferencia, presentan una imagen favorable a la satrapía totalitaria cubana. Lo cierto es que este obrero humilde y pacífico fue asesinado por órdenes directas del carnicero Raúl Castro o de su delirante y diabólico hermano mayor. Este mulato magnífico, digno heredero de la estirpe rebelde de Maceo, había tenido la osadía de oponerse al régimen de miseria, opresión y barbarie impuesto durante medio siglo sobre el pueblo de Cuba por el binomio apocalíptico de Birán. Por eso lo mataron, como dijo con integridad y valor su madre Reina Luisa Tamayo.

Su asesinato fue un escarmiento y una advertencia a quienes se oponen al régimen. Su inmolación le ha dado la notoriedad que nunca tuvo en vida y ha hecho de Orlando un símbolo y un estímulo en la lucha por la libertad de Cuba. Y mas importante aún, ha sido una advertencia sobre asesinatos de otros presos de conciencia que se ven venir en estos momentos y un dedo acusador contra todos los que, ya sea por maldad, por avaricia, por oportunismo o por inercia, somos culpables de la prolongación de esta horrenda pesadilla.

Quienes estamos hoy consternados ante su gesto heroico y su horrenda muerte ya no podemos hacer nada por Orlando, pero podemos darle sentido y utilidad a su sacrificio. Ahí están en capilla ardiente dos gigantes de nuestra dignidad como lo fue Orlando Zapata Tamayo. Ariel Sigler Amaya expectora un líquido verde y mal oliente cuando tose y experimenta un ardor paralizante en la uretra cuando, a duras penas, logra vaciar su vejiga. En escasos 18 meses ha perdido más de cien libras de peso y se ha transformado de un consumado atleta en un fantasmagórico detrito humano. Ese fue el espectáculo deprimente del Ariel que vimos cuando los sicarios del régimen lo llevaron esposado al velorio de su corajuda madre. Desde su tumba, Gloria Amaya nos suplica a todos que no dejemos morir al hijo de sus entrañas y los cubanos de honor y de vergüenza no podemos fallarle.

El otro gigante moral en capilla ardiente es el Dr. Darsi Ferrer Ramírez, presidente del Centro “Juan Bruno Zayas” y protagonista de numerosas protestas públicas en fechas de conmemoración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El régimen lo han mantenido en prisión durante siete meses sin celebrarle juicio bajo alegatos de un delito de contrabando de materiales de construcción. Y con el desparpajo y la crueldad que los caracteriza, sus carceleros lo hacen compartir una celda con una docena de enfermos de sida y de tuberculosis, enfermedades contagiosas que podrían avasallar sus debilitadas defensas inmunológicas y causarle la muerte. Sin dudas, Darsi corre el peligro de que las palabras de su madre, Mercedes Ramírez, en carta dirigida a un vice-fiscal de apellido Pinos, puedan resultar proféticas cuando dice: “A estas alturas sufro hasta por la idea de que mi hijo no salga con vida de esa prisión”.

En cuanto a la culpabilidad, no hay dudas sobre quienes son los principales verdugos y asesinos de nuestro pueblo. Todos sabemos quienes son y, por lo tanto, me ahorro el asco de repetir su nombre. Pero, como digo en el título de este artículo, hay culpabilidad para repartir. Cabe aquí como anillo al dedo la cita de la sagrada escritura en cuanto a: “Quién este libre de pecado que lance la primera piedra”.

Culpables son los curas como Tarcisio Bertone que estrechan la mano ensangrentada del dictador carnicero. Culpable es Barack Obama y muchos de sus antecesores en la Casa Blanca que han proporcionado escape a la olla de presión de la tiranía con medidas de privilegios migratorios. Culpables son los Lula da Silva, los Calderón, los Kirchner, los Bachelet y los Rodríguez Zapatero que hacen causa común con los mafiosos miserables de Chávez, Correa, Morales y Ortega para apuntalar en los foros internacionales el edificio tambaleante de la tiranía castrista.

Igualmente culpables son los periodistas que violan no sólo las reglas de la etimología sino los parámetros del respecto a sus lectores y televidentes cuando califican de “gobernantes” o “líderes” a quienes no son otra cosa que vulgares dictadores y consumados matarifes. Culpables son los inversionistas extranjeros que se asocian a los tiranos para esclavizar al miserable obrero cubano. Culpables son quienes hablan de un “borrón y cuenta nueva” arrogándose el derecho de perdonar agravios que no han recibido en carne propia. Culpables son los que, por esnobismo o estulticia, compran el libro de la hermana exiliada que trata de humanizar a los monstruos anacrónicos.

Pero, entre todos, los más culpables somos los mismos cubanos. Los de dentro, porque la gran mayoría ha acatado como corderos aquel infierno de cincuenta años. Los de fuera porque, después de haber salvado el pellejo, la mayoría hemos permanecido indiferentes a la tragedia y una proporción considerable regresamos a la Isla en son de fiesta para humillar muchas veces con nuestra ostentación a los infelices que quedaron atrás. Por otra parte, no sólo culpables sino verdaderamente despreciables son los que desde el exterior viajan a La Habana invitados por los verdugos para incorporarse a la farsa de la lucha contra el bloqueo fantasma.

En cuanto a la Cuba democrática que sabemos cercana, haríamos bien en tener presente que un pueblo que no defiende a sus presos políticos, no llora a sus muertos, ni honra a sus mártires no merece la libertad ni será capaz de preservar su democracia. La compasión humana y la virtud ciudadana, balanceadas con la justicia aplicada con equidad pero sin excepciones son los componentes mas importantes para garantizar la prosperidad y la felicidad del pueblo de Cuba.
Nos compete, por lo tanto, a los cubanos de dentro y de fuera que seguimos fieles a la patria y comprometidos con servirla movilizarnos para salvar la vida de nuestros presos, pegarle a la tiranía en el bajo vientre de su flagrante violación de los derechos humanos y darle el oxígeno de nuestra solidaridad a la verdadera oposición interna. Y en cuanto a los malos cubanos que hoy se dedican a perseguir, encarcelar, torturar y asesinar opositores pacíficos notificarles que en nuestro futuro ordenamiento jurídico esos delitos no tendrán prescripción. Que si se les ocurre esgrimir el argumento de la “obediencia debida” correrán la misma suerte de los asesinos de Neuremberg. Porque después de tanto llanto, dolor y lágrimas Cuba merece la libertad y la democracia a las que solo se llegan a través de la puerta de una verdadera y ejemplarizante justicia.

Miami, Florida, USA, 2-26-2010

2/16/2010

BARQUIN: EL CIUDADANO SOLDADO

Foto Ramón Barquín y López cortesía American Military Academy



Por Alfredo M. Cepero .


El Coronel Ramón Barquín y López falleció el año pasado en su patria adoptiva de Puerto Rico pero nunca dejó de amar y servir a su añorada Cuba. Y aún desde la tumba la sigue sirviendo a través de su libro “Mis Diálogos con Fidel, Raúl, Camilo y el Che”. Una narración analítica y certera sobre la forma de pensar y actuar de los principales actores de la tragedia de medio siglo que ha devastado física y moralmente a la nación cubana. El libro puede ser adquirido en la Librería Universal, en Miami, o a través de Amazon.com .


Conocí a Ramón Barquín a principios de 1961 en Miami cuando el coronel se desempeñaba como jefe militar del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) que dirigía el Ingeniero Manolo Ray. La organización mantenía un campo de entrenamiento militar en el pueblo de Naranja, cerca de Homestead, en la Florida y allá fuimos a parar Luís Posada y yo que, a la sazón, compartíamos un cuartucho en el desaparecido Hotel Columbia de la ciudad de Miami.


En el campamento nos congregamos un abigarrado destacamento de abogados como Jorge Beruff y Sila Cuervo, militares rebeldes como Pepe Perez Alamo y Pepe El Toro, estudiantes como Augusto Maxwell y Ramón Barquín hijo, y campesinos como “El Guajiro Hilario”, de quién nunca llegue a saber el apellido. Así fue como, unidos por el amor a Cuba y por nuestro propósito de contribuir a su libertad, nos integramos mas tarde a la Brigada 2506.


Desde un principio Barquín me inspiró simpatía, confianza y respeto. Su hablar pausado, ademanes modestos y habilidad para escuchar a los demás lo sacaban completamente del estereotipo generalizado sobre los militares. Parecía más bien un diplomático que un militar. No en balde su carrera dio un giro inesperado y lo sacó del cuartel para llevarlo a lo más altos niveles de la diplomacia como Agregado Militar de Cuba en Washington y como Vice-director del Estado Mayor Conjunto de la Junta Interamericana de Defensa, durante el gobierno de Carlos Prío Socarras.


Cuando se produjo el fatídico golpe de estado del 10 de marzo Barquín se encontraba en Washington y se propuso renunciar a su cargo pero fue convencido por sus amigos de que, dentro del ejército, podría ser más útil a la restauración de la democracia en Cuba. En esa labor fue descubierto el 3 de abril de 1956 en un intento de derrocar la dictadura de Fulgencio Batista que pasó a nuestra historia con el nombre de “Conspiración de los Puros”. Y puros, dignos y patrióticos fueron los esfuerzos de Barquín y una docena de oficiales que se le sumaron a lo que bien podríamos considerar como una versión adelantada de los acontecimientos que tuvieron lugar recientemente en Honduras. El caso insólito en nuestro continente de militares arriesgando la vida no para llenar sus bolsillos sino para servir a su pueblo.


En el curso de su organización de la asonada militar Barquín y sus compañeros suscribieron un documento que pudo haber sido escrito por patriotas de la estatura moral de Carlos Manuel de Céspedes o Ignacio Agramonte. Después de estipular que su objetivo era formar un gobierno integrado por personalidades civiles y convocar a elecciones en el breve plazo de seis meses, los complotados se comprometieron a no aspirar a posiciones electivas y a presentar la renuncia de sus cargos en las fuerzas armadas. Para desgracia del pueblo cubano la conspiración fue delatada por uno de los participantes y los “puros” fueron a dar a las celdas inmundas de la Cárcel de Isla de Pinos donde cumplieron dos años y medio de privación de libertad.


Avanzada la tarde del primero de enero, después de la fuga del dictador, Barquín se presentó en el Campamento Militar de Columbia con el objetivo de mantener el orden y prevenir baños de sangre. Sus palabras recriminatorias al General Eulogio Cantillo merecen ser citadas: “Entiendo que ustedes, los coroneles y generales, tenían que haber derrotado a los guerrilleros fidelistas en nombre del gobierno dictatorial que sostenían, o haber derrocado al dictador en nombre del pueblo que se lo pedía; pero, desgraciadamente no hicieron ni lo uno ni lo otro, sino lo peor: proteger la fuga de Batista”


En ese mismo momento, el dictador sucesor, todavía en Santiago de Cuba, ignoraba las llamadas de Barquín desde la Habana para coordinar las actividades encaminadas a una transición sin violencia. Castro, como sabemos, estaba mas interesado en la consolidación de su poder absoluto que en la paz para el pueblo de Cuba. Por el contrario, declara una huelga general y manda a toda velocidad a Camilo y al Che a tomar Columbia y la Cabaña respectivamente. Ante el hecho consumado, de un Tribunal Supremo que había reconocido a Urrutia como Presidente, la euforia de un pueblo enamorado del “ídolo” y la posibilidad de más derramamientos de sangre, Barquín entrega el mando a Camilo quien había sido nombrado Jefe del Ejército por el nuevo presidente de Cuba.


A partir de ese momento, se inician una serie de entrevistas y conversaciones de Barquín con los personajes que aparecen en el título de su libro. Aunque siempre se negó a caer en la trampa de ser nombrado Ministro de Defensa, Barquín puso sus conocimientos al servicio de los líderes de la revolución, principalmente Camilo, en los primeros meses del proceso revolucionario. Sin dudas, con la esperanza de amortiguar el impacto sobre el pueblo de Cuba de la ignorancia, la improvisación y la maldad de los nuevos sátrapas.


Y cuando fue obligado a optar entre aceptar una cartera en el gabinete o salir de Cuba Barquín aceptó un cargo diplomático con objeto de sumarse a los esfuerzos que ya se realizaban en el exterior para liberar a Cuba de su nueva dictadura. Sin dudas tenía presente un encuentro con Fidel donde el tirano le dijo: “Con usted hay que tener mucho cuidado, porque lo van a tratar de utilizar de cabeza de la contrarrevolución”. Sus relaciones con estos delincuentes pueden ser sintetizadas diciendo que mostró cautela ante Fidel, recelo ante Raúl, desprecio hacia Guevara y una cierta simpatía hacia Camilo, a quien Barquín consideró una víctima de su ignorancia y de su admiración por Fidel Castro.


Todavía desde su tumba este cubano ejemplar nos muestra el camino hacia la creación de una nación donde cada ciudadano asuma la responsabilidad de defender la democracia sin las muletas de falsos líderes. En este sentido, nos dice: “La historia no absolverá a Fidel, pero tenemos que ver como construimos una Cuba nueva donde nunca pueda volver a surgir otro Fidel”. Y describe el papel del ejercito en una democracia diciendo: “Sigo siendo un fervoroso creyente en que las Fuerzas Armadas de una nación tienen que responder y ser obedientes al poder civil que es representativo de la voluntad popular”.


Los méritos y la capacidad del Coronel Barquín como militar quedan demostrados por una trayectoria que comenzó como soldado y ascendió a cabo, sargento y oficial por estudios y méritos propios. Pero por muchos que estos sean, las cualidades morales y cívicas de Ramón Barquín son muy superiores y hacen del militar un ciudadano soldado. Un ciudadano que obedece la constitución, defiende el estado de derechos y pone sus armas al servicio de la democracia. En fin, un ejemplo para enseñarle a nuestras futuras generaciones de militares cubanos que, como dije hace algún tiempo en uno de mis versos, “Hace falta soldados/en la mano el fusil/ y en la mente el concepto de respecto al civil/ hace falta el concepto de ser buen ciudadano/el respeto a la ley y a su guarda el soldado”.



Miami, Florida 2-16-2010

1/28/2010

28 de Enero de 1853 – 28 de Enero del 2010

http://trincheracubana.net/Jose_Marti_by_Rene_Mederos.jpg



Una vez mas celebramos en el exilio el aniversario del nacimiento del Apóstol de Cuba, Jose Marti. Recibimos bellos, patrióticos y nostálgicos trabajos relacionados con esta fecha.

Pero, a excepción de un par de ellos, ninguno recuerda a nuestros hermanos el mensaje que, para los que se encontraban desterrados, repitió una y otra vez quien daría su vida por la Independencia de la colonización española.

Para no cansarlos vamos a refrescar la memoria de los “olvidadizos” con algunos de aquellos mensajes que deberían ser la luz del faro que ilumine, hoy mas que nunca, la oscura indignidad de algunos compatriotas.

“Visitar la casa del opresor es sancionar (apoyar) la opresión. Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa, en son de fiesta, la casa de los que se lo conculcan, ES ENEMIGO DE SU PUEBLO”. (Articulo “La Mesclianza”, publicado en el periódico PATRIA, el 1 de Noviembre de 1892).

“ A la mesa del castigador no puede sentarse con honra, SI NO SIN HONRA, el hermano del castigado” (Articulo “El Partido Revolucionario Cubano”, Periodico PATRIA, 3 de Abril de 1892).

“Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. CUANDO HAY MUCHOS HOMBRES SIN DECORO, HAY SIEMPRE OTROS QUE TIENEN EN SI EL DECORO DE MUCHOS HOMBRES. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.” (Articulo “Tres Héroes” publicado en LA EDAD DE ORO, Julio de 1889.


“ES PROFANACIÓN EL VERGONZOSO OLVIDO DE LOS MUERTOS”

(Articulo “Historia: Las Doce de la Noche”. {Publicado en LA OPINIÓN NACIONAL el 14 de Noviembre de 1881.



LOS APATRIDAS

Por Alfredo M. Cepero .


Esta mañana nos despertamos con la noticia de que los titiriteros de La Habana han montado un nuevo circo con sus títeres traídos desde el exterior. El circo ha sido bautizado esta vez con el nombre rimbombante y falacioso de “Encuentro de Cubanos Residentes en el Exterior contra el Bloqueo en Defensa de la Soberanía Nacional”. No hay palabra en este título kilométrico que no este sujeta a impugnación por la propia conducta de los anfitriones y de sus invitados.


No es un “encuentro” sino una claudicación, quienes participan no son cubanos, el tal “bloqueo” es desmentido por los 700 millones de dólares que Cuba compra anualmente en los Estados Unidos y defender la “soberanía” de Cuba es como tratar de restaurar la virginidad a una dama cuyos atractivos fueron negociados en múltiples ocasiones como moneda de cambio. Utilizada para garantizar protección y obtener prebendas primero de Moscú y después de Caracas. Unicamente unos mentirosos consuetudinarios, consumados e incorregibles como la gentuza que gobierna en Cuba se atreverían a bautizar esta farsa con este nombre.


En cuanto al gentilicio de los participantes afirmamos categóricamente que no son cubanos. Los que están en Cuba porque la represión y el odio desatados contra sus propios hermanos los ha despojado del derecho a llamarse cubanos. Los que viajaron desde el exterior porque quienes hacen causa común con los verdugos de su propio pueblo pierden todos sus derechos, comenzando por el de identificarse como cubanos.


La esencia y la naturaleza de estos miserables la encontramos en un vocablo que nos llega desde la antigua Grecia, donde se calificaba de apátridas a quienes ya fuera por castigo o por su propia conducta ingresaban en las filas de los hombres sin patria. La lista de quienes se han prestado a esta ignominia debe ser exhibida en un Salón de la Infamia del museo donde en un futuro sean mostrados los crímenes perpetrados por la tiranía en este medio siglo de barbarie y dolor.


Este sería el mejor antídoto para inocular nuestra democracia futura contra la prepotencia de los tiranos y las argucias de los demagogos. Y para mayor seguridad, sería una gran medida erradicar la palabra “revolución” de nuestro diccionario político y eliminar el tamaño de los genitales como calificación para acceder al poder.


Y cuando entramos en este tema tan sensible e intenso de la patria, que llega al nivel de dolor en el corazón del exiliado, nuestra imaginación recorre experiencias y lecturas que nos han impactado en el camino ya largo de nuestra existencia. Asistimos de nuevo al lecho de muerte de compatriotas como Angel Aparicio Laurencio, Augusto Maxwell y Sila Cuervo Castillo cuyo mayor sufrimiento a la hora del “hasta luego” no era la dolencia por la cual fallecían sino el hecho de no haber podido ser testigos de la libertad de la patria.


Nos vamos entonces a la Venezuela de los buenos donde un Andrés Eloy Blanco decía ante el congreso de su país: “Si la madre da pañal la patria da bandera”. Nos detenemos frente al Niágara donde la lira de nuestro José María Heredia se hace escuchar por encima del torrente avasallador cuando dice: “¡Oh las palmas, las palmas de mi patria!”. Y entramos en el puerto de La Habana del brazo de nuestro compatriota y coterráneo Bonifacio Byrne cuando se refiere a nuestra bandera diciendo: “Orgullosa lució en la pelea/sin pueril ni romántico alarde/y al cubano que en ella no crea/se le debe azotar por cobarde.” ¡Que justicia tan ejemplar habría aplicado Bonifacio Byrne a estos alabarderos de la tiranía!


Pero dejemos que sea el más patriota de nuestros patriotas quien imponga sentencia a estos apóstatas. En este aniversario de su natalicio José Martí les habría dicho: “A la mesa del castigador no puede sentarse con honra, sino sin honra, ningún hermano del castigado”. Si contamos los muertos, presos y exiliados los castigados alcanza cifras millonarias en este medio siglo. En el momento de escribir estas líneas nos llegan informes desde Cuba del recrudecimiento de la represión y de los centenares de presos que, junto a sus familiares, son una llaga grotesca y sangrante en el corazón de la patria.


Tan repulsiva es la conducta de estos reptiles sin honor ni patria que el romántico sublime de “La Niña de Guatemala” y el padre amoroso de “Ismaelillo” los habría crucificado con el lenguaje que reservaba para los traidores. El mártir de Dos Ríos les habría dicho: “Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de los que se lo conculcan, es enemigo de su pueblo”. Ante ese pueblo responderán un día por sus fechorías quienes a la hora del sacrificio optaron por el oportunismo y prolongaron la noche de la tiranía.


Miami, 28 de enero del 2010.

1/09/2010

CANTO POR GLORIA AMAYA (+ video)


Les comparto estos hermosos versos para Gloria Amaya,de la autoría de Alfredo M. Cepero,que me han compartido amigos en Facebook,donde también se ha creado una pagina en homenaje a tan distinguida patriota,Dama de Blanco y madre de tres presos políticos cubanos.También le dejo un importante vídeo con la declaración de uno de sus hijos,Miguel Sigler Amaya,actualmente en el exilio.



CANTO POR GLORIA AMAYA

Por Alfredo M. Cepero .



Un lamento negro y hondo

tiñe de luto y dolor a mi campiña cubana.

Se fue la madre de todos

los que regaron con sangre el surco de la esperanza,

los que en el largo camino

aún sufren cautiverio por rescatar a la patria,

los que enfrentan a las turbas

en los parques y las calles de nuestra Cuba aterrada,

los que mueren de añoranza

en el terrible vacío de la ausencia y la distancia.



Se nos ha ido la más alta

del Batallón de Vergüenza que son nuestras Damas Blancas.

La heredera indiscutida

de matronas legendarias como Leonor y Mariana.

El vientre privilegiado

del que nacieron centauros de dignidad ciudadana.

La mujer sin fuerza física

pero con fuerza moral que ha ganado mil batallas.

Por eso lloramos todos

con este dolor profundo de la muerte adelantada

de aquella mambisa brava

que a su paso por la Tierra llamáramos Gloria Amaya.



Pero Gloria no se ha ido

como mensaje y ejemplo de dignidad y esperanza.

Desde la Gloria de Dios

esta heroína sin miedo a la furia de los sátrapas

seguirá rompiendo lanzas

para que a Cuba regresen libertad y democracia,

los niños tengan futuro,

los jóvenes un presente sin dejar la tierra amada,

los viejos la paz serena

del puerto seguro y digno que han ganado con sus canas

y se rompan las cadenas

que ahogaron por medio siglo a la patria esclavizada.



Miami, Florida, E.U.A., 9 de enero del 2010.


Gloria Amaya fallece en Cuba, su hijo comenta.



Video

Mi mas sentido pésame a la familia,seguimos su ejemplo y pidiendo que liberen a Guido y Ariel Sigler Amaya,presos políticos y de conciencia.

5/05/2009

JOSE IGNACIO RIVERO Y EL VALOR DEL EJEMPLO Por Alfredo M. Cepero.

Por Alfredo M. Cepero.

Han pasado 49 años desde el 10 de mayo de 1960 en que los vándalos del castro-comunismo desataron su furia primitiva contra aquel templo de la verdad, la ética y el servicio que se llamó Diario de la Marina. Quienes fuimos testigos de la borrachera de adulación y de histeria de la Cuba de 1959 con su secuela de intimidación y violencia contra quienes se enfrentaban al entonces pichón de tirano no podemos por menos que sentir una gran admiración y un profundo respeto por José Ignacio Rivero. El vio tormenta donde otros veían fiesta y no tuvo miedo de dar la voz de alarma aún al riesgo de convertirse en víctima de la hostilidad y la maledicencia de las masas enardecidas. Sintió la tierra sacudirse bajo sus plantas y no le temblaron las piernas. Vio su seguridad personal amenazada por la violencia y enfrentó el reto con la paz interior de los creyentes y los predestinados. Supo que seria despojado de sus bienes materiales y optó por perder la bolsa antes que perder el honor. Eso señores es ser un periodista digno, un cubano patriota y un hombre de cuerpo entero. Es ser nieto de su abuelo Nicolás y ser hijo de su padre Pepín Rivero quienes siempre consideraron al periodismo, mas que una profesión, un sacerdocio. Es tener el coraje, la vergüenza y el sentido común de predicar con el ejemplo.

Comenzando en el Siglo XIX, tres generaciones de Rivero dedicaron tiempo, dinero y esfuerzo a hacer del Diario de la Marina un periódico moderno, moderado y elegante en impresión, redacción y estilo. Sus lectores sabían que en ese periódico no había espacio para el escándalo ni para la diatriba sino para la información veraz, la denuncia justificada y el comentario razonado. Con plumas de la categoría de Jorge Mañach, Paco Ichaso y Gastón Baquero existían sobradas razones para que se le bautizara como el “Decano” de nuestra prensa escrita. Una especie de Ceiba majestuosa y centenaria que daba sombra y abrigo al Liborio y al Juan Bimba contra las veleidades de políticos corruptos y el hostigamiento de tiranuelos de turno.

Esa es precisamente la principal labor de una prensa libre y digna que no es, como dicen algunos, “el cuarto poder” sino el primero de todos los poderes en una república democrática a la hora de proteger al ciudadano frente al estado todopoderoso. Porque, en esa república democrática, el ciudadano es el soberano y, sin ciudadanos, no hay ni estado ni razón alguna para su existencia. De hecho, la libertad ciudadana comienza y termina en la libertad de prensa porque sin libertad de prensa no hay libertad ciudadana. Y como ha quedado demostrado desde tiempos inmemoriales la primera víctima de todos los tiranos es el derecho de los ciudadanos a ser informados y a formular quejas contra los abusos de poder. Eso pasó en Cuba, esta pasando en Venezuela y, aunque algunos lo duden, podría pasar en los Estados Unidos gracias a una prensa sin pudor ni equilibrio en su adoración a un falso Mesías sagaz en su prédica y escurridizo en su estilo.

Volviendo a la Cuba de 1959, fueron pocos los periodistas y menos los periódicos que supieron cumplir su función de guardianes de la libertad. Una de esas excepciones fue Prensa Libre y uno de esos adalides fue mi amigo Humberto Medrano. En un artículo titulado Los Enterradores y publicado el 14 de mayo de 1960, con motivo del entierro simbólico del Diario de la Marina en la escalinata de la Universidad de la Habana, el Subdirector de Prensa Libre escribió: “Es doloroso ver enterrar la libertad de pensamiento en un centro del cultura. Es como ver enterrar un código en un Tribunal de Justicia….Pero lo mas doloroso es ver como con esos entierros vergonzosos de la libertad de expresión están enterrando los principios por los que tanta sangre se ha derramado en nuestro suelo desde la Guerra de Independencia…..Y como, si siguen por ese camino, terminarán enterrando la Revolución”. Palabras proféticas sobre una pesadilla de la cual no hemos salido todavía después de medio siglo de lágrimas, sangre y martirio.

No podríamos culpar a quienes, ante el panorama desolador de estos largos y dolorosos años, opten por abandonar toda esperanza y darse por vencidos. Pero los adictos al optimismo vemos oportunidades en los retos y esperanza en la desesperación. Quienes creemos en un futuro esplendoroso para Cuba y su democracia estamos convencidos de que la página heroica escrita por José Ignacio Rivero cobrará vigencia con el transcurso del tiempo y servirá de enseñanza a las futuras generaciones de periodistas cubanos. Junto a las técnicas de reportaje, los estilos de redacción y los métodos de administración de periódicos, el programa de nuestras futuras escuelas de periodismo debe incluir una cátedra de Etica Periodística donde se destaque la función del periodista como guardián de los derechos ciudadanos. Su nombre obligado y justo será Cátedra José Ignacio Rivero, el hombre, el cubano y el periodista que en los momentos más críticos de nuestra historia nacional predicó con el valor del ejemplo dándonos el ejemplo de su valor.

Miami, Florida 5-5-2009.

Colaboracion de Enrique Artalejo

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